EN CHARCAS NACIÓ LA LIBERTAD DE AMÉRICA

 ANTONIO CACUA PRADA
Presidente de la Academia Patriótica Antonio Nariño y de las Academias de Historia y de Lenguaje de Colombia. 

En la hermosa y colonial ciudad capital constitucional de la República de Bolivia, fundada en 1540 con el nombre de Villa de la Plata por el conquistador español Pedro Anzúrez, Marqués del Campo Redondo, después denominada Charcas, Chuquisaca y actualmente Sucre, en memoria del gran mariscal Antonio José de Sucre, nació el 25 de mayo de 1809 la libertad de América.

Tiene ella la primogenitura de haber proferido desde la cumbre de los Andes el grito sonoro de independencia, que como un trueno retumbó en todas las colonias ultramarinas de España, y con su descarga eléctrica iluminó las inteligencias de los criollos y produjo el desenlace de los sucesos que en cadena manifestaron en forma vehemente el sentimiento colectivo de su libre determinación.
La Audiencia de Charcas, la Universidad de San Francisco Xavier, la Academia Carolina y las Tertulias fueron el semillero de la gesta gloriosa del independentismo continental “y la patria fundacional de la libertad americana”.
 

1. Los comuneros

Ante el aumento de los impuestos y los gravámenes, que el gobierno español había señalado para las colonias de ultramar en 1780, se encendió la chispa de las insubordinaciones en Arequipa, el Cuzco, Huaraz, La Paz y Cochabamba. Entonces se escuchó la consigna: “Viva el rey y muera el mal gobierno”.
En Chayanta los hermanos Tomás, Nicolás y Dámaso Catarí insubordinaron a los indios en agosto de 1780 porque les doblaron los tributos. Los tres pagaron con su vida esta motivación.
El 4 de noviembre de 1780 estalló la revolución contra el yugo español y el agobio de tributos forzosos, acaudillada por José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II, en Tungasuca. Encabezando un crecido ejército cruzó la localidad de La Raya, perteneciente al Virreinato de Buenos Aires. Luego marchó e impuso sitio al Cuzco. El 6 de abril de 1781, tropas españolas capturaron al intrépido caudillo. El 18 de mayo de 1781 lo ejecutaron, con su esposa Micaela Bastidas, sus hijos Hipólito y Fernando y otros rebeldes.
Las ideas de libertad de Túpac Amarú II volaron a todos los confines de la América y motivaron levantamientos comuneros en diferentes países.
El 10 de febrero de 1781, Jacinto Rodríguez y Sebastián Pagador soliviantaron al pueblo de Oruro exigiendo la integración de los cabildos solo con naturales del país.
Julián Apaza con el título de virrey Túpac Catarí, y su mujer Bartolina, en marzo de 1781, marcharon sobre La Paz al frente de treinta mil indios, en conexión con la sublevación de Túpac Amarú en el Cuzco. Después de siete meses de sitio cayeron fusilados por tropas españolas enviadas desde Buenos Aires. Estas, a su vez pusieron fin a la rebelión de Oruro.
Los motines sociales irrumpieron el 16 de marzo de 1781 en la ciudad neogranadina de El Socorro y continuaron en Simacota, San Gil, Pinchóte, Confines, Barichara. Chima, Oiba, Guadalupe, Charalá, Páramo, Vélez, Puente Real, Mogotes, Onzaga, Zapatoca, Tequia, Sogamoso, San Andrés, Moniquirá, Concepción y otras poblaciones. Veinte mil comuneros marcharon sobre Santafé de Bogotá, capitaneados entre otros por Juan Francisco Berbeo, José Antonio Galán, Isidro Molina y Ambrosio Pisco, que se denominó: Príncipe de Bogotá y señor de Chía. En Zipaquirá, los comuneros, el 7 de junio aprobaron unas capitulaciones y aceptaron regresar a sus pueblos, después de recibir las promesas de abolir algunos impuestos y suprimir los nuevos tributos.
En Venezuela de igual manera se levantaron en San Antonio del Táchira, San Cristóbal, La Grita, Bailadores, Mérida y el Ejido.
El 13 de octubre de 1781 Salvador Plata capturó a José Antonio Galán en el sitio conocido como Chaganuete, en la boca del monte de los Llanos Orientales, adelante de la parroquia de Onzaga, y lo llevaron preso a El Socorro. De allí lo trasladaron a Bogotá el 6 de noviembre y le empezaron juicio. El 30 de enero de 1782 lo sentenciaron y el 19 de febrero lo arcabucearon junto a Isidro Molina, Lorenzo Alcantuz y Manuel Ortiz, en la Plaza Mayor de Santafé de Bogotá y expusieron sus cabezas y cuerpos en varias poblaciones. El 18 de marzo el gobierno español anuló las capitulaciones de Zipaquirá.
En Caracas, en 1797, Manuel Gual, José María España y Juan Bautista Picomell propiciaron una conspiración contra las autoridades españolas. A José María España lo ejecutaron en 1799.
Un nuevo movimiento independentista surgió en 1805 en el Cuzco encabezado por Gabriel Aguilar y José Manuel Ubalde, a quienes fusilaron el 5 de diciembre de ese mismo año.
Estos fueron algunos de los alzamientos más señalados, de indígenas, criollos y mestizos, contra el sometimiento, explotación e injusticias del poder español.
El anhelo de liberación no alcanzó sus objetivos, por la falta de preparación intelectual y militar de los caudillos, y por los escasos recursos con los cuales contaban. Pero estos sucesos, cargados de patíbulos y de sangre, abrieron los caminos del patriotismo y señalaron las rutas futuras de la emancipación.

2. En el alto Perú

El siglo XVI de nuestra era estuvo marcado por el descubrimiento y conquista de las nuevas tierras de América.
En 1529 el emperador Carlos v adjudicó a los conquistadores españoles Francisco Pizarro y Diego de Almagro el reino de los Incas en el Perú. A Pizarro le otorgó la parte norte con el nombre de Nueva Castilla y a Diego de Almagro la correspondiente al sur o primitivo Collasuyu, que denominó Nueva Toledo.
Almagro envió al capitán sevillano Juan de Saavedra a conquistar a Chile, mientras él, en 1535, erigía el pueblo de Paria, en Oruro. Luego continuó hasta Copiapó, puerto sobre el mar Pacífico, en la región de Atacama.
Entre tanto Gonzalo Pizarro, hermano menor de Francisco, fundador de Lima, conquistó las tierras habitadas por los indios Charcas, en 1538.
Dos años después, el español Pedro Anzúrez, en 1540, trazó la Villa de La Plata, llamándola así por el rico metal de las minas del cerro de Porco. Posteriormente la población tomó los nombres de Charcas, Chuquisaca y Sucre.
En 1545 Diego de Villarroel fundó la Villa de Potosí. Pasados tres años, en 1548, edificaron a Pueblo Nuevo de Nuestra Señora de la Paz, hoy La Paz, Bolivia.

3. Obispado y real audiencia en Charcas

El romano pontífice creó en 1552 el Obispado de Charcas o de La Plata. En 1559, el rey Felipe II instituyó la Real Audiencia de Charcas. Por medio de las jurisdicciones eclesiástica y civil, España impuso en forma omnipotente su autoridad en sus colonias de ultramar.
En 1605 la sede episcopal de La Plata pasó a ser arquidiócesis y establecieron la diócesis de La Paz como sufragánea. Por cédula real, en 1776, adscribieron la Audiencia de Charcas al Virreinato del Rio de la Plata, que tenía por capital la ciudad de Santa María de los Buenos Aires.
La Audiencia personificó la política española en América. Ejerció las funciones políticas, legislativas y judiciales, “resumiendo en uno solo todo el poder público”.

Con la Universidad de San Francisco Xavier, Charcas completó la trilogía de los poderes civil, religioso e intelectual, que le dieron tanta nombradía y merecido prestigio.

4. La universidad de San Francisco Xavier

La ciudad de Charcas se hizo famosa en la época colonial por su prestigiosa Universidad Mayor Real y Pontificia de San Francisco Xavier, erigida el 27 de marzo de 1624 por bula del papa Gregorio xi y orden real de Felipe IV de España. Puesta bajo la dirección de los Padres de la Compañía de Jesús, jesuitas, Orden creada en Roma en 1540 por el sacerdote español Ignacio de Loyola, cupo al Padre Juan Frías de Herrán regir los primeros años del claustro y trazarle su derrotero.
Los religiosos hijos de Loyola estuvieron al frente de este afamado centro profesional por espacio de 146 años, hasta su expulsión del Alto Perú en 1767, a causa de la pragmática sanción del rey Carlos ni de España.

En esta célebre y renombrada institución se formó la intelectualidad civil y religiosa de la Argentina, Uruguay, Chile, Ecuador y Perú. En sus aulas predominaron la Escuela Escolástica y el aristotelismo, las doctrinas del dominico y teólogo italiano Santo TOMÁS DE AQUINO, del fraile dominico español FRANCISCO DE VITORIA, de los religiosos jesuitas españoles, el teólogo y filosofo FRANCISCO SUÁREZ y el historiador JUAN DE MARIANA. Sus egresados en ciencias filosóficas, teológicas y jurídicas salían aptos para servir a Dios o al Estado.
Anexa a la universidad se constituyó en 1776 la Academia Carolina o Escuela de Graduados, donde los juristas hacían sus prácticas forenses, se discutían y trataban los temas del momento y se debatían los principios y normas fundamentales sobre libertad e independencia. Después de la ex-pulsión de los jesuitas, la universidad pasó a depender de la Real Audiencia.
 

5. El despotismo ilustrado

En la segunda mitad del siglo de los Borbones empezó a sentirse en América el “despotismo ilustrado”. Entonces se dispusieron las reformas económicas, sociales, administrativas, militares y educativas. La universidad, dentro del siglo de la ilustración, buscó desarrollar las artes, las ciencias y la técnica.
Este movimiento de renovación se orientó hacia la industrialización, el desarrollo agrario y la vuelta a la naturaleza para propender a la utilidad pública, mejorar las condiciones de vida y aumentar la economía.
Por esos tiempos el escritor, abogado y político español GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS pedía la mayor libertad posible para que creciera la industria, el comercio, la población y la riqueza.
La universidad, que era elitista y excluyente de la mujer, se volvió laica y más orientada hacia este mundo.
Las tesis en boga de los filósofos franceses VOLTAIRE y JUAN JACOBO ROUSSEAU, del escritor MONTESQUIEU y de los enciclopedistas JUAN BAUTISTA D’ALEMBERT y DENIS DIDEROT, alentaron los sentimientos de cambio y de independencia entre los universitarios de todos los confines.
En la Sala Mayor de la Universidad de San Francisco Xavier se produjo el silogismo: “El rey merece la lealtad de los americanos hasta donde el gobierna para su total beneficio. Pero el régimen del rey es discriminatorio contra los españoles nacidos en América. Por tanto su obediencia es nula”.
La universidad de Charcas irradió el pensamiento universitario, y los jóvenes doctores de Chuquisaca se convirtieron en los ideólogos de la libertad americana.
El 12 de enero de 1809 se produjo la declaración del claustro de San Xavier, o Acta de los Doctores. En ella trataron sobre la urgencia de implantar un nuevo sistema de gobierno, donde los españoles americanos no fueran discriminados y no se atentara contra los derechos de la población indígena.
Estos eran los temas de las llamadas tertulias, tan de uso y costumbre por aquellas épocas y de los escritos subversivos clandestinos que circulaban de mano en mano. Tal era el aire que se respiraba en la prestigiosa ciudad de Charcas, en los preludios de la insurrección.

6. Nuevos presidente y arzobispo

En noviembre de 1797 nombraron como presidente de Charcas a don Ramón García de León y Pizarro, de 68 años de edad.
“Chuquisaca era una ciudad que tenía pocos recursos para la distracción y descanso de los quehaceres cotidianos, incluso por estar apartada de los caminos reales las noticias no llegaban con la frecuencia que sería de desear. Todo el mundo estaba demasiado pendiente de lo que ocurría en ella, y todo se comentaba, se hablaba, y se exageraba. Las tertulias eran frecuentes: también las fiestas con sus oportunos refrescos. Allí se hacían las amistades, y también se perdían los amigos”.
El presidente García de León comenzó a sentir el peso y la soberanía de los oidores en su contra, pues ellos querían manejarlo a su antojo para su personal provecho. La situación se complicó con la designación del asesor interino de la presidencia, don Pedro Vicente Cañete. Todo comenzó por el uso protocolar del sombrero de copa, que se acostumbraba en esa época.
Los oidores, de la Real Audiencia querían que el presidente cuando asistiera con el Real Acuerdo en Corporación fuera sin sombrero de copa, como era de uso. “Que apareciera destocado como cualquier vecino”. Para remediar semejante problema acordaron una solución intermedia: que el presidente utilizara un coche en sus desplazamientos.
Con motivo de la fiesta del Corpus, el presidente salió en su coche para asistir con la Real Audiencia a la catedral. Cuando los ministros de la Audiencia se dieron cuenta de que llevaba puesto el sombrero, se entraron precipitadamente a la iglesia y lo dejaron solo. Esto dio mucho de qué hablar en Chuquisaca.
Don Pedro Vicente Cañete, el asesor presidencial, le hizo saber al mandatario cuales eran “sus preeminencias y las regalías de su empleo y el modo de usarlos frente al tribunal”.
El presidente García de León y Pizarro “sostuvo el fuero de ponerse el sombrero en la calle asistiendo con el Real Acuerdo”.
La discordia o falta de buena armonía entre la Real Audiencia y su presidente se aumentó cada día por la ojeriza que los oidores le cogieron al asesor señor Cañete. Por cosas tan nimias la Audiencia quiso destituir legalmente al presidente y aprovechó una enfermedad catarral que se le complicó con un reumatismo agudo, pero no lo logró.
El 1º de enero de 1 807 llegó a Chuquisaca el nuevo arzobispo don Benito María de Moxó y de Francolí, en sustitución por muerte de su antecesor fray José Antonio de San Alberto. Al principio fue muy bien recibido, pero poco a poco el "ambiente puntilloso y susceptible, tan erizado de resentimientos”, tocó con el prelado.
El arzobispo y el presidente hicieron causa común. Entonces los oidores las emprendieron contra los dos. Cuanto promovían los unos, era pésimo para los otros.
 

7. Noticias de España

En 1808 llegaron a Chuquisaca las noticias sobre la invasión a España del emperador francés Napoleón Bonaparte; la abdicación y el cautiverio de los reyes Carlos IV y Fernando VII y de su familia en Bayona; la proclamación cíe José Bonaparte como nuevo gobernante de la Península Ibérica; las intrigas de la princesa del Brasil, Carlota Joaquina de Borbón, hermana del rey Fernando VII, quien aspiraba al trono del Rio de la Plata; la constitución de juntas supremas en defensa de Fernando VII.
El 11 de noviembre de 1808 llegó a la ciudad de La Plata el Brigadier don José Manuel de Goyeneche, comisionado por la Junta de Sevilla para entregar a las autoridades los pliegos con noticias de España e informarlos sobre los acontecimientos del momento. El enviado español se hospedó en el palacio arzobispal de su excelencia el señor arzobispo Moxó.
La misma tarde de su llegada, el brigadier Goyeneche solicitó al presidente convocar una reunión para presentar el Real Despacho de la Junta de Sevilla. Esta se citó para las 4 de la tarde del 12 de noviembre en la casa pretorial.
Tanto el señor regente y decano de la Audiencia, oidor Boeto, como los demás oidores quisieron boicotear esta actividad. En últimas, concurrieron. Allí se reconoció la Junta de Sevilla y se leyeron unos pliegos de la Corte del Brasil. Al día siguiente Goyeneche salió de Chuquisaca y los de la Audiencia rompieron fuegos contra sus presuntos contrincantes.

Los miembros del Real Acuerdo aprovecharon el momento y se manifestaron contrarios al visitador brigadier Goyeneche. Entonces exhibieron los pliegos de la Corte del Brasil y le informaron al pueblo que el presidente y el arzobispo, influidos por Goyeneche, iban a entregar la intendencia del Alto Perú a la infanta Carlota Joaquina y a su esposo, el príncipe regente de Portugal. Ningún pretexto mejor para prender la chispa que sacudió el alma de los chuquisaqueños. 

8. Los pliegos del Brasil

El 27 de agosto de 1808 la infanta Carlota Joaquina de Borbón, princesa de Portugal, envió al virrey Santiago Liniers una carta en la cual lo invitaba a continuar en su fidelidad al rey y a la familia real española y le adjuntó una proclama que ella junto con su primo el infante Pedro Carlos de Borbón y Braganza, habían suscrito el día 19 del mismo mes.
Copias de estas notas fueron enviadas por el virrey Liniers con Goyeneche al presidente García de León y Pizarra y al arzobispo Moxó. Después el Ministro de Asuntos Exteriores de la Corte del Brasil dirigió otra serie de cartas a distintas entidades de Chuquisaca sobre el mismo tema.
El rector interino de la Universidad San Francisco Xavier, don Manuel Gil, solicitó permiso para celebrar el claustro general y leer la correspondencia del Brasil. El acto se efectuó el 12 de enero de 1809.
La conclusión a que llegó el plenario universitario fue el que se prohibiera la circulación de esos pliegos en el distrito de Charcas, “por ser tentativas atrevidas de la Corte del Brasil”, y contener posiciones falsas y contrarias a la legítima soberanía de nuestro amado monarca Fernando VII. De estas determinaciones se daría cuenta a la Audiencia.
Al tener conocimiento de lo anterior, el fiscal López Andreu solicitó recoger todos los papeles llegados del Brasil al distrito de la audiencia de Charcas, porque resultaba “sumamente perjudicial la circulación y publicación de tales papeles”. Tanto el presidente como el arzobispo no cumplieron la solicitud. El presidente le ofició al virrey de Buenos Aires el resultado del cónclave universitario.
El 27 de febrero de 1809, el virrey Liners le pidió al presidente García Pizarra, “por justas y graves consideraciones”, se testase y cancelase el acta del claustro de San Xavier.
Tan pronto el presidente recibió la orden de Buenos Aires le pasó un escrito reservado al rector en el cual le ordenaba trasladarse a su casa con el libro de actas y los papeles recibidos del Brasil.
“Una vez allí se borró sencillamente lo escrito en el libro de actas, recomendando el presidente al rector y secretario máximo sigilo para evitar las bullas y alborotos”.
El 20 de mayo de 1809, el procurador de la universidad, don Manuel Sudanés, que había dictado la referida acta, conoció lo obrado por la directiva e interpasó inmediatamente la respectiva denuncia y pidió que se hiciera una exhaustiva averiguación sobre los autores del atentado, se les sancionase severamente y sobre todo que se repusiese el acta en los libros de la universidad.
El fiscal López Andreus presentó la denuncia del síndico de la universidad al tribunal. La Real Audiencia el 22 de mayo nombró al oidor Ussoz para hacer la averiguación.
La Audiencia predicaba en todas formas que ella sostenía su acendrada fidelidad al rey Fernando VII, mientras todos los demás eran unos traidores que querían entregar estas regiones al dominio de Portugal.
También empezaron a propiciar los rumores que insinuaban que el presidente García Pizarra iba a desterrar y extraditar a los oidores y a otros vecinos importantes por no estar de acuerdo con él.
 

9. Otros motivos

La designación del provisor de la diócesis de Charcas y la constitución de una compañía de milicias de honor fueron motivo de singulares enfrentamientos del arzobispo y del presidente con la Real Audiencia, el fiscal López Andreus y un grupo de abogados de Charcas.
Para completar, el 9 de abril de 1809 se celebró en la iglesia de San Francisco, de La Plata, un funeral al que asistió el rector de la universidad, el doctor don Manuel Gil, quien “usaba en la función un cojín donde arrodillarse por privilegio o por costumbre de tiempo muy antiguo”.
Cuál no sería la sorpresa del público asistente a la vigilia al observar los cuchicheos entre los oidores y el posterior desacato cometido contra el rector don Manuel Gil. El oidor José Agustín de Ussoz y Mozi habló con el decano regente, don Josef de la Iglesia, y este, con el alguacil. El polizonte se acercó al lugar donde estaba el rector don Manuel Gil y le quitó el cojín que tenía delante, ante el asombro de todos.
Dado el ambiente ciudadano y la poca simpatía que tenían entre el pueblo los oidores, por su soberbia y arbitrariedades, y la ofensa que en su cabeza había recibido todo el claustro universitario, la campaña que se desató en la ciudad entre hablillas, murmuraciones, pasquines, anónimos e insultos fue enorme.
Los pasquines fueron los anónimos que más inquietaron a la autoridad. En un principio los ataques se enfocaron contra el oidor Ussoz, de quien parece partió la idea del desacato al rector, pero luego los orientaron contra las autoridades, civil y eclesiástica, que no habían intervenido para nada en este asunto. Hicieron un cambio como por arte de magia.
Dos bandos se formaron en la ciudad de La Plata. De una parte, el presidente y el arzobispo y sus amigos, respaldados por el virrey de Buenos Aires. De la otra, los oidores de la Real Audiencia, secundados por un grupo de regidores y algunos prestantes vecinos.
 

10. Las tertulias

En Chuquisaca se hicieron populares las tertulias vespertinas que se formaban en las casas con sus vecinos. Estos coloquios, cuyo fuerte eran las noticias llegadas de España y de Buenos Aires se convirtieron en clan-destinos, porque empezaron a tratar temas como el del poder del rey y del pueblo.
Los pasquines se multiplicaron. El caso del cojín creó enorme indignación en el claustro universitario. Las ideas de independencia y de libertad comenzaron a difundirse y a invitar a los ciudadanos al tumulto y a la conmoción. Buscaron “sublevar las provincias que componían el Distrito de la Audiencia de Charcas para conseguir la independencia”. Querían destituir al presidente García Pizarro y crear una junta.
El golpe se planeó para el 30 de marzo, Jueves Santo, pero fracasó.
Propagaron la especie que tanto el arzobispo como el presidente iban a encausar a cuarenta personas contrarias a sus ideas, junto con un complot para entregar las provincias interiores a la infanta Carlota Joaquina, hermana de Fernando vil, y a la corte del Brasil.
El 16 de mayo de 1809 el cabildo secular pidió a la Audiencia abrir una sumaria y averiguar los rumores esparcidos por la ciudad.
El 18 de mayo la Audiencia encargó al juez Semanero, al oidor José Agustín de Ussoz, para adelantar la investigación. El presidente García Pizarro se pronunció sobre la falsedad de los rumores y anunció graves castigos contra los autores de los pasquines.
El presidente le escribió el 23 de mayo de 1809 al intendente de Potosí, don Francisco de Paula Sanz, para darle cuenta del peligro en que se encontraba Chuquisaca y le pidió una ayuda rápida y urgente.
El 24 de mayo terminó la sumaria el oidor José Agustín de Ussoz. La Audiencia no pudo sindicar al presidente García Pizarro del delito que le imputaban.
 

11. El detonante

El ambiente en la ciudad de Charcas durante el mes de mayo de 1809 era de cambio, de insurrección, de independencia. El pensamiento universitario sobre la igualdad de los seres humanos y el origen del poder político supremo que residía en el pueblo, estaban, en la conciencia de todos los chuquisaqueños.
Buscaban acabar con los privilegios de los españoles y las injusticias y abusos contra los criollos, los mestizos y los indios.
El detonante se produjo el 25 de mayo de 1809. Ese día el presidente don Ramón García de León y Pizarro ordenó poner en prisión al doctor Jaime Zudáñez, abogado de los pobres, el personaje más popular de los funcionarios de la Real Audiencia; al fiscal de su majestad, doctor Miguel López Andreu, célebre por sus vistas fiscales, y a los oidores, doctor José Agustín de Ussoz y Mossi, quien presidía la “Academia Carolina y era el maestro de los abogados y de los practicantes juristas”, y al doctor José Vásquez Ballesteros, juez semanero.
Solo al abogado don Jaime Zudáñez lograron detenerlo en su domicilio. Los oidores, desconcertados ante el comienzo de las detenciones, procuraron ponerse a salvo, fugándose y escondiéndose. El fiscal López Andreu huyó de la ciudad.
Ante los gritos dados por el doctor Zudáñez y sus familiares, empezó el tumulto. La noticia se esparció por toda la ciudad y las gentes se agolparon en las puertas de la casa presidencial. Otros corrieron al palacio arzobispal a pedir la intercesión de monseñor Moxó en favor del abogado Zudáñez. El prelado atendió la petición, se trasladó a la presidencia y consiguió la libertad de Zudáñez.

“Una descarga hecha desde los altos de la presidencia acabó de exasperar los ánimos de los revolucionarios”.

A la plebe amotinada la dirigían los oidores y conjurados. Al populacho le daban aguardiente mezclado con pólvora y algo de dinero para que gritaran vivas a Fernando VII y mueras al mal gobierno.
Las campanas de las iglesias empezaron a repicar a rebato. Convocaron al pueblo a la asonada. Era el comienzo de la revolución. El tumulto pretendió derribar las puertas de la Casa Presidencial. Los soldados que la defendían hicieron una descarga de fusilería para amedrentar a las gentes.
La chusma aumentó y algunos indígenas de las cercanías engrosaron la turbamulta. Entonces asaltaron la cárcel y liberaron a los presos por delitos comunes.
Los oidores, unidos al cabildo y al claustro universitario, se enfrentaron al presidente gobernador intendente Ramón García de León.

El tribunal envió al oidor José Vásquez Ballesteros a solicitarle al presidente García Pizano la entrega de la artillería. El mandatario le dio siete u ocho cañones disponibles. Una muchedumbre de trescientos cholos invadió el palacio y el presidente dio la orden, a los pocos soldados que lo acompañaban, de hacer una descarga preventiva, disparando al aire.
La turba emplazó contra la presidencia, los cañones que habían sacado momentos antes. El tiroteo se generalizó. No había ningún control. Más de dos mil personas, entre el fuego de fusiles y cañones, pedían la renuncia del presidente García Pizarro. Dijeron que había 30 muertos y numerosos heridos. Había estallado la guerra.
La Audiencia, ante las peticiones de la plebe, accedió a solicitarle la dimisión al presidente. A las once de la noche, una comisión de la Real Audiencia le exigió al presidente don Ramón García Pizarro les entregara el mando político y militar. El mandatario les contestó que la autoridad que le había dado el rey no podía dejarla sin causa.
Dos nuevos oficios le mandó el tribunal sobre el mismo tema. A las tres de la madrugada del 26 de mayo, García Pizarro renunció a la presidencia.
Hora y medianías tarde, el oidor José Vásquez Ballesteros le comunicó al presidente que la Audiencia había asumido el mando político y militar.
 

12. La Audiencia gobernadora

El viernes 26 de mayo de 1809 la multitud recorrió las calles de Charcas, en las horas de la mañana, distribuida en pandillas gritando: "Viva el rey y mueran los traidores". Los oidores los continuaban azuzando.

La Audiencia nombró como jefe militar del distrito a don Juan Antonio Álvarez de Arenales.
Ante la presencia de los cadáveres que se hallaban desparramados en las calles, se avivó la chispa. Las gavillas no cedían. Para calmarlos sacaron en procesión un retrato del rey Fernando VII y lo colocaron bajo dosel en el cabildo.
Otros trajeron un destrozado retrato del presidente García Pizarro, lo colgaron en una horca que habían levantado la noche anterior y le pusieron encima un perro muerto.
La situación se calmó un poco. Luego se supo que el intendente de Potosí, don Francisco de Paula Sanz, venía con quinientos soldados a sofocar la conmoción de Charcas. El pueblo se alarmó, pero pronto se tranquilizó cuando varios viajeros declararon que no habían visto movimiento de tropas.

El sábado 27 regresó el fiscal López Andreu y ordenó soltar a los presos que por delitos graves cumplían condena.

Al medio día trasladaron al presidente García Pizarro a la sala de practicantes juristas de la Academia Carolina, situada en el edificio de la universidad de San Xavier, donde quedó incomunicado.
El señor arzobispo don Benito María de Moxó y de Francolí, que se había marchado de la ciudad el jueves 25 de mayo, regresó en la noche del sábado 27 de mayo de 1809.

La Audiencia se convirtió en la audiencia gobernadora, aunque algunos oidores no estuviesen de acuerdo. Salieron avantes el cabildo y los grupos revolucionarios integrados por profesores, egresados y estudiantes de la universidad de San Francisco Xavier. Había triunfado la revolución. De inmediato partieron de Charcas emisarios a fomentar movimientos similares en otras ciudades, villas y lugares de la Audiencia. El propósito de los revolucionarios era la independencia. Buscaban establecer un gobierno propio, libre, y la independencia de América.
Chuquisaca se convirtió en el faro irradiador de la revolución de los oidores independentistas y de los letrados y doctores, que tuvieron un papel primordial, hacia todo el continente Suramericano. Para protegerse, utilizaron como estrategia los "Vivas" a Fernando VII. 

13. Fin de la Revolución

En julio de 1809 nombraron como virrey de Buenos Aires a don Baltasar Hidalgo de Cisneros. Esta insurgencia intelectual e idealista concluyó con la llegada del nuevo presidente de la Real Audiencia de Charcas, el mariscal de campo don Vicente Nieto Navarro de Mendoza, Monroy y Villafame, el 22 de diciembre de 1809, designado también gobernador intendente de la Provincia de La Plata y comandante general de las armas en todo el distrito de Charcas. 

14. Los sucesos de Chuquisaca, 1809

Permítaseme congratular al docto jesuita, padre ESTANISLAO JUST LLEÓ, autor del exhaustivo trabajo sobre Los sucesos de Chuquisaca: 1809, que adelantó sus estudios de teología en las facultades eclesiásticas de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá entre 1959 y 1962 y recibió la ordenación sacerdotal en la capital de Colombia, el domingo 3 de diciembre de 1961. El religioso jesuita español, doctor JUST LLEÓ, preparó para recibirse como doctor en Filosofía y Letras, Sección Historia de América, en la universidad Complutense de Madrid, en 1970, una monumental tesis, con el título Comienzo de la independencia en el Alto Perú: los sucesos de Chuquisaca, 1809, convertida hoy en un extraordinario y admirable estudio histórico y pedagógico, de donde tomé la mayor parte de la documentación para este ensayo.

Esta obra, escrita bajo la sabia hermenéutica de la historiografía moderna, tiene 864 páginas, en las cuales condensó los más de cinco mil folios que investigó en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, el Archivo General de indias y en otros fondos y secciones, el distinguido académico de la Compañía de Jesús.

El Padre Estanislao JUST LLEÓ puntualizó las siguientes conclusiones:

El movimiento que se gestó en Charcas se extendió del 25 de mayo al 25 de diciembre de 1809."

La finalidad de la conmoción o rebelión fue "claramente independentista".

Las causas del movimiento se basaron en "los más clásicos principios del origen de toda sociedad, y de los derechos del rey y del pueblo".

Los sucesos de Charcas del 25 de mayo de 1809 y los de La Paz, del 16 de julio del mismo año, forman una unidad.

Chuquisaca es la cuna real de la independencia hispanoamericana.

En Charcas comenzó la lucha por la emancipación de América.

Queden estos apuntes como una introducción al estudio de los gritos de independencia, hace 200 años, en este Nuevo Mundo.

Hoy podemos decir con el "Poeta de las Epopeyas", AURELIO MARTÍNEZ MUTIS:

"Conquista inmarcesible y redentora
de tu revolución, soplo fecundo
que predijo a tu pueblo un nuevo día
y fue a alumbrar la inmensidad de un mundo".

"Tu aliento invicto por doquier expandes,
 el león inmortal no ha envejecido,
 aun se escucha el clamor de su rugido
en las cóncavas grietas de los Andes".
 

15. Bibliografía

ABECIA BALDIVIESO, VALENTÍN: La revolución de 1809, La Paz.
ARCIENEGAS, GERMÁN: Los comuneros. Bogotá. Editorial Pluma, 1980.
Veinte mil comuneros hacia Santafé, Academia Colombiana de Historia, Complemento a la Historia Extensa de Colombia, núm. 14, Bogotá. Plaza y Janes. 1988.
ARGUEDAS ALCIDES: Historia general de Bolivia. El proceso de la nacionalidad. 1809-1921, La Paz, 1922.
CACUA PRADA, ANTONIO: "Bicentenario de los gritos de independencia", Intervenciones en las Primeras Jornadas sobre el Bicentenario del Primer Grito de Libertad en América, Sucre, Bolivia, martes 17 de enero de 2006.
"Los precursores 1785-1809. Parte sexta", en Colombia en la Historia, t. i, Bogotá, Editora Guadalupe, 2007.
CARREÑO SALGUEIRO, LILY I.: Nuestra historia, edición homenaje al 25 de mayo de 1809. Sucre, Centro Bibliográfico Documental Histórico, 2008.
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