La corriente indigenista y la Revolución del  16 de Julio de 1809.

Rolando Costa Ardúz  

A propósito de los festejos del Bicentenario de la Revolución del 16 de Julio de 1809 se ha dado lugar a la publicación de varios artículos en el empeño de establecer que la historia de este acontecimiento patriótico  se halla distorsionado desvirtuando la  verdad de los hechos, ocultando detalles fundamentales, modificando las particularidades del proceso revolucionario y configurando una interpretación ajena a la realidad. 

La referencia bibliográfica que sostiene esta tendencia antimurillana corresponde a la obra  de Inka Waskar Chuquiwanka, docente universitario y parlamentario, autor del libro  “Wiphala Guerrera. Contra símbolos coloniales.1492-1892” publicado el año 2004 en cuyo texto incorpora un capítulo bajo el rótulo de “Tupakatari y Murillo. Dos símbolos contradictorios”. 

El autor en este trabajo se ocupa de esclarecer el papel de Murillo a propósito del levantamiento indígena y del Cerco de La Paz el año 1781, no efectuando consideraciones relativas a la Revolución del 16 de julio de 1809, aspecto que lo diferencia de quienes a partir de las observaciones de Waskar Chuquiwanka han derivado en una corriente de tendencia revisionista con la pretensión de descalificar los alcances de un proceso que enaltece la tradición histórica del pueblo de La Paz. 

El autor en base a la declaración de Pedro Domingo Murillo efectuada el 17 de marzo de 1803 pone de relieve su condición de Teniente de la Primera Compañía de Fusileros que facilitó la evacuación de familias españolas desde los Yungas hasta Cochabamba y el haber sido Ayudante Mayor de José de Reseguin,  quien en procura de despejar el Cerco a la ciudad de La Paz, le confió entre otras tareas el apresamiento de los indios caudillos y el estar al reparo de guardia en el apresamiento de Tupac Katari. En apoyo de sus especulaciones el autor concurre con una serie de notas relativas a otras declaraciones que forman parte de los Documentos para la Historia de la Revolución de 1809 editados en cuatro volúmenes el año 1954 por Carlos Ponce Sanjinés y Raúl Alfonso García. Es decir que no añade nada respecto a los antecedentes especificados en dicha documentación por tanto ya conocidos, ofreciendo de su parte una interpretación que pretende calificar toda la acción patriótica de Murillo, como de servicio a los intereses peninsulares, resguardando su opinión relativa a las particularidades del atropello a la ciudad de La Paz. 

En apretada síntesis Waskar Choquihuanka dice que Murillo sirvió al colonialismo español, luchando por mantener la explotación inhumana de los indios apagando el grito de liberación indígena, pero no realiza ninguna aproximación a las atrocidades cometidas durante el cerco que cobró por víctimas a una ciudadanía sin consideración de sexo ni edad, como logra esclarecerse en el edicto que comentaremos luego y que explica la reacción de toda la población de La Paz sacrificada por los ataques, saqueos, incendios y muertes provocadas durante los 109 días de un injusto atropello. 

A tiempo de aseverar que no existe ningún documento escrito que afirme lo relativo a la frase de Murillo a tiempo de subir al cadalso, dice que Murillo plagió otra frase pronunciada por Tupaj Katari, antes de morir sin proporcionar testimonio escrito de esta aseveración. 

Un primer producto de la opinión e interpretación de Waskar Chuquiwanka fue la formulación de un Proyecto de Ley dado a conocer por S.I.M.A.C.O “Suyo Ingavi de Marckas, Aylus y Comunidades Originarias” el año 2007, documento que luego de repetir el texto incorporado en”Wiphala Rebelde” propone cambiar el nombre de la Plaza Murillo por el de Plaza Mallcu Tupaj Katari, declarando feriado nacional el 14 de noviembre recordando la muerte del caudillo indígena. 

En instancias de conmemorarse el segundo centenario de los acontecimientos políticos de 1809 se han desarrollado dos tendencias, una de legítima prosapia cívica rindiendo homenaje a los hombres que participaron en los hechos históricos y de cuya expresión adquiere relieve la publicación realizada en Chuquisaca con el título de “Bicentenario del Primer Grito de Libertad en Hispanoamérica” y otra ejecutada en sentido de mostrar que toda recordación de la revolución del 16 de julio se funda en medias verdades en base a deformaciones de interpretación histórica, ejercitando una alternativa de supuestas denuncias y otra guardando silencio o pretendiendo ignorar las particularidades de la gesta libertaria. La primera de estas conductas será motivo del análisis que pasamos a realizar, en tanto la segunda la he denunciado en carta dirigida al Alcalde Juan del Ganado a propósito de la edición de un libro intitulado “Bicentenario de la Revolución del 16 de julio.1809-2009” y cuyo contenido no tiene ninguna correspondencia con el título, siendo por tanto una impostura al tener un fingimiento falso que induce a suponer que se trata de una obra de carácter histórico. Lo singular de esta última conducta al comprometer al actual gobierno, a la Prefectura y a la Alcaldía de La Paz, adquieren una connotación política que invoca la necesidad de dar respuesta. 

Los escritos tendientes a mostrar a Pedro Domingo Murillo como un perseguidor, carcelero y asesino de indios, se hallan caracterizados en cuatro publicaciones editadas a propósito de los festejos, que pasamos a comentar. 

El primero corresponde a la edición del periódico mensual “Pukara” nº 9 correspondiente a la semana del 7 de julio al 7 de agosto del año 2006. Bajo el título de “Murillo y la represión a Katari” del que son autores los componentes de la redacción de Pukara comienzan por exponer la afirmación de que en la rebeldía indígena de 1781  no había criollos y en la revolución de Julio no había indios  

Este argumento se halla basado en la interpretación de que todos los criollos de la ciudad de La Paz sin distinción de situaciones sociales, ideológicas o económicas se unieron con los peninsulares, mestizos y caciques para aplastar la rebelión indígena  en cuyo empeño descollaron Pedro Domingo Murillo y sus compinches de la Revolución de 1809 (SIC). 

Con el propósito de elaborar esta tesis los autores dicen que la finalidad de  estas acciones fueron para defender la causa real, ocultado la evidencia de que esa circunstancia tenía por finalidad principal la defensa de la ciudad de La Paz  y de sus habitantes. 

El segundo artículo  se halla incorporado en la revista “Pukara” nº 43 correspondiente al periodo del 15 de julio al 14 de agosto de 2009 donde se registra un artículo suscrito por Felipe Cori Tambo bajo el rótulo de “Evidencias sobre el 16 de julio y Pedro Domingo Murillo”. 

En partes salientes en dicho artículo se dice que la Junta Tuitiva no  fue incluyente porque los representantes indios eran provenientes de la nobleza designado por el cura y caciques, como que Francisco Figueredo Incacollo representante de los Yungas era descendiente de caciques, es decir de la nobleza indígena y por tanto parte de los opresores . Al afirmar que el 16 de julio y Pedro Domingo Murillo son un mito dice que Javier Mendoza autor de “La Mesa Coja” puso en evidencia la falsedad de la Proclama.

Afirma que Pedro Domingo Murillo se distingue por su celo y ferocidad contra los indios y que en esa guerra sucia descollaron todos los héroes del 16 de julio como lo denuncia el historiador aymara Roberto Choque Canqui en el libro intitulado “Situación social y económica de los revolucionarios del 16 de Julio” y finaliza diciendo que la Junta Tuitiva jamás tuvo connotaciones libertarias y menos independistas. 

La tercera publicación corresponde a un suplemento del periódico oficial del actual gobierno denominado “Cambio” en su edición del 16 de julio donde se reproduce un reportaje efectuado al Dr. Eusebio Gironda actual asesor del Evo Morales bajo el rótulo de “Murillo. La historia oculta”, en cuyo desarrollo dice que de Murillo casi no se dice nada respecto a su participación en la represión a los indios en los Yungas y menos del papel que tuvo en la captura de Tupaj Katari, aspectos ocultados por la historia oligárquica. Refiere que Murillo fue soldado de los ejércitos españoles en el Alto Perú entre 1781 y 1782 siendo su comandante José Ramón de Loayza y por tanto ayudó a Segurola Corregidor de La Paz al perseguir y matar indios en los Yungas y que se ha forjado una férrea cortina de hierro enarbolando la figura de Murillo como adalid de la revolución. 

Eusebio Gironda afirma que ni el 16 de julio ni el 25 de mayo fueron los primeros gritos libertarios como falsamente sostienen los intelectuales oligárquicos, por que los criollos y mestizos simplemente se plegaron a las luchas libertarias de los indios, consignando que la revolución de julio fue una revolución sin indios porque estos no formaban parte de los objetivos de los criollos y mestizos y tampoco entraban los planes indígenas. Arguye que no podían combatir juntos porque sus planes y objetivos, visión y métodos eran absolutamente distintos; los indios querían acabar con los españoles en tanto criollos y mestizos buscaban el traslado del poder ibérico para mantener a los indios en las mismas condiciones. Es más, dice, la revolución de julio fue una revolución contra los indios y finaliza expresando que todos los datos históricos evidencian que los indios y esclavos americanos fueron los precursores de la libertad, de la expulsión de los invasores y del gobierno propio y por tanto la celebración del bicentenario es un conmemorativo contra los pueblos indios. 

El cuarto documento publicado corresponde a la que lleva por titulo “Chakana” nº 5 en el que se incorpora un artículo con el titulo de “Pedro Domingo Murillo asesino de Tupac Katari” suscrito por Germán Choque Huanca en cuya exposición recuerda que Murillo fue ayudante mayor de la expedición de José de Reseguín  y que con Ramón de Loayza fue capitán de la Compañía de Fusileros enfrentando a los indios rebeldes. En el ordenamiento numérico que realiza el autor expresa en el punto 8 que Murillo “Es asesino y ejecutor de masacres contra los indios desde sus 25 años”. En el punto 11 que apresó a los principales coroneles indios entre la que estaba la coronela Gregoria Apaza, hermana de Tupac Katari. En el punto 12, que vigiló personalmente a Tupac Katari para que no huyera. En el punto 13 que fue uno de los autores del descuartizamiento de Tupac Katari montando uno de los caballos y en el punto 15, que recibió una recompensa económica del Rey por sus acciones contra Tupac Katari. Añade que la frase atribuida a Murillo a tiempo de subir al patíbulo no era otra cosa que la copia de una expresión de Katari. 

Respondiendo a esta relación de acusaciones siendo la mas grave la de afirmar que montó uno de los caballos que descuartizaron a Katari de donde se explica el titulo del artículo como Murillo asesino de Tupac Katari, es necesario recordar que los documentos son la fuente primordial en toda especulación histórica porque son la fuente primaria de información con sello de autenticidad en toda investigación del pasado. 

En el orden jurídico vigente se halla penalizada la difamación que afecta a la reputación de una persona, la calumnia por imputar falsamente la comisión de un delito, la injuria por ofender la dignidad o decoro de una persona, pero como todas estas tipificaciones son ejercidas entre personas con vida, el mismo Código Penal en su artículo 284 bajo el nomen juris de Defensa a la Memoria de Difuntos dice “ El que ofendiere la memoria de un difunto con expresiones difamatorias o con imputaciones calumniosas incurrirá en las mismas penas de los dos delitos anteriores” que se refieren a la difamación y la calumnia. 

Recurriendo por seriedad a la documentación existente, doy cita de la sentencia a la que fue condenado Tupac Katari y que se halla en los fondos documentales del Archivo de la Nación Argentina donde dice en una de sus partes: “ que asido por unas cuerdas robustas sea descuartizado por cuatro caballos que gobernarán los de la Provincia de Tucumán hasta que naturalmente muera y hecho sea transferida su cabeza a la ciudad de La Paz para que sea fijada sobre la orca de la Plaza Mayor “. Este documento suscrito en el Santuario de las Peñas a 13 de noviembre de 1781 firmado por Francisco Thadeo Diez de Medina deja absolutamente en claro que Murillo nada tuvo que ver en el acto del descuartizamiento. 

Con referencia a la participación de Murillo en la lucha por la defensa de la ciudad de La Paz y de las familias españolas durante el levantamiento de 1781 y durante el cerco de La Paz, conforma una conducta de natural defensa del contingente poblacional que no requiere mayor aclaración al dar lectura al edicto descrito por el Reverendo Padre Fray Mathías de la Borda fechado el 30 de mayo de 1781 y que es reportado en el informe elevado al Comandante Militar don Sebastián de Segurola, pieza histórica que también se conserva en el Archivo de la Nación Argentina..Dicho edicto del caudillo se expresa el siguiente modo proclamando e incitando a la rebelión indígena. 

 “Manda el soberano Inca Rey, que pase a cuchillo a todos los corregidores, sus Ministros, Caciques, Cobradores y demás dependientes, como así mismo a todos los chapetones, criollos, mujeres y niños, sin excepción de sexos y edades y de toda persona que sea o parezca española, o que a lo menos esté vestida a imitación de tales españoles; y así a esta especie de gente favoreciesen en algún sagrado, y algún cura, o cualquier persona impidiese el fin primario de degollarlas, también se atropellase por todo, ya pasando a cuchillo a los sacerdotes, ya quemando las iglesias, en cuyos términos tampoco oyesen misas, ni se confesase, ni menos adoración al Smo. Sacramento”. 

Si se recuerda que el sitio a la ciudad iniciado el 13 de marzo de 1781 hasta el 30 de junio del mismo año durante 109 días y el segundo cerco de 64 días concluido el 17 de octubre de 1781, determinó que la carestía de víveres obligó a recurrir a los cueros de petacas, perros, gatos, mulas, caballos y jumentos por superar el hambre de toda la población de la ciudad de La Paz, registrándose incluso casos de antropofagia a lo que se añade los incendios de viviendas y de los templos de San Sebastián, San Pedro, Santa Bárbara y San Francisco, muriendo mas de diez mil personas entre españoles ,criollos y mestizos, resulta de natural consecuencia comprender la necesidad que hubo de la organización de la defensa en la que también se destaca la actividad patriótica de Murillo, quien cumplió el mandato del Comandante de la Defensa de los Yungas don José Ramón de Loayza conduciendo un destacamento de familias desde los Yungas hasta Cochabamba y en cuyo trayecto tuvo necesidad de enfrentar a quienes pretendían sacrificar a los integrantes de este contingente que marchaba con el propósito de salvar sus vidas. 

Pretender ignorar la conducción de la Revolución de Julio presidiendo luego la Junta Tuitiva por parte de Pedro Domingo Murillo no representa otra intención de una declarada animadversión a la vida y tradición de un pueblo con destino histórico. Dos acontecimientos procedentes de la política colonial son pruebas suficientes respecto a la participación libertaria de Murillo. El primero se refiere a la excomunión sancionada el 7 de septiembre de 1809 por el Obispo de la Diócesis don Remigio de la Santa y Ortega obedeciendo al mandato sagrado que dice entre otras cosas:

“ Y siendo lo ocurrido en la ciudad de La Paz desde la noche del 16 de julio un verdadero asalto y rebelión contra nuestro amadísimo Rey y Señor don Fernando 7º que han pretendido oscurecer y ocultar con el disfraz de fidelidad y defensa suya. En nombre del gremio de la iglesia excomulgamos y entregamos a Satanás a los cabezas de este asunto que de público y notorio constan ser: Don Pedro Domingo Murillo alsado de Coronel y Comandante de tropas” y luego cita a Juan Bautista Sagárnaga Mariano Graneros, Melchor Jiménez. Buenaventura Bueno, Juan Basilio Catacora, Melchor León de la Barra, y Victorio Lanza. 

El segundo testimonio que representa la prueba histórica de mayor confiabilidad respecto a las acciones del 16 de julio se halla constituido por el tenor de la sentencia que determina el sacrificio de nueve de los protomártires de la independencia. Las particularidades de las irregularidades jurídicas de este documento la he realizado detenidamente en un trabajo que bajo el título de “Arbitraria e Infame Iniquidad Jurídica” ha sido recientemente publicada en la Revista de la Benemérita institución Paceña “Amigos de la Ciudad”. 

El contingente de personas empeñadas en ignorar la importancia histórica de la Revolución de Julio, adquieren la particularidad de no ingresar en el análisis del proceso revolucionario. Un otro aspecto a clarificar proviene de la aseveración que realizan los autores de corriente indigenista en sentido que las glorias de la revolución de julio y la figura de Murillo son provenientes de la intención falsa que históricamente proporcionan los intelectuales oligárquicos, a cuyo propósito el artículo de la revista Pukara dice categóricamente lo siguiente: El 16 de julio y Pedro Domingo Murillo son un mito que Javier Mendoza autor de “La Mesa Coja”  puso en evidencia la falsedad de la Proclama. 

Si el significado histórico de la revolución de Julio esta ligado a la Proclama, al pretender que es un documento apócrifo, la revolución de julio queda sin orientación. El Sr. Javier Mendoza en su libro persigue el propósito de probar la inexistencia de la Proclama como producto de la Junta Tuitiva, arguyendo en base a una anotación de su padre Gunnar Mendoza que la versión que se conoce es apócrifa y por tanto falsa y mentirosa de donde se desprendería que los autores paceños que han elogiado el valor histórico de este documento no son otra cosa que unos embusteros y falsos y entre ellos deberían comprenderse a Rosendo Gutiérrez, Bautista Saavedra, Reyes Ortiz y Costa de la Torre. 

Como quiera que la referencia histórica respecto a la relación de la Proclama con la Junta Tuitiva se halla incorporada en el Diario de la revolución atribuido a Tomas Cotera, Mendoza arguye que el original no existe o no se conoce de su destino, de donde conjetura que la edición que se hizo el año 1840 sería una mañosa construcción de los paceños que como editores anónimos correspondería a Manuel Vicente Ballivián y José Manuel  Loza, lo que induce al autor de “La Mesa Coja” a afirmar en la página 184 lo siguiente “ nadie vio este manuscrito de autor desconocido, no solamente hasta el día de su publicación sino hasta el día de hoy… 

Como la historia se escribe con documentos a la vista, ahora se puede esclarecer respecto a la torcida interpretación del Sr. Mendoza porque el abril del año 2008, la Alcaldía de La Paz formando parte de la Biblioteca Paceña. Colección del Bicentenario publica su primer volumen con el título de Diarios de la Revolución del 16 de Julio de 1809 y presenta el primer Diario como correspondiente a Crispín Diez de Medina cuyo escribano figura como Tomás Cotena. 

Los editores determinan que el Diario atribuido a Tomas Cotera corresponde al autor Crispín Diez de Medina, afirmación que procede de haberse hallado el manuscrito, es decir el documento que para Mendoza es inexistente. Lamentablemente la ignorancia de los editores del anterior gobierno municipal al encontrar en el frontispicio de este manuscrito la inscripción que dice “Del Dr. D. Crispín Diez de Medina” han confundido el registro de propiedad con la autoría, dado que el texto de este Diario corresponde a un furioso realista y participe de la contrarrevolución, no pudiendo proceder de un prócer de la Independencia a quien Gabriel René Moreno lo califica como Protomártir de la Independencia Americana. 

El esclarecimiento de esta deplorable conducta editorial la he realizado suscribiendo un folleto intitulado “Error y yerro histórico” y que por exigencia personal tuvo que ser publicado por los mismos encargados de las ediciones del Bicentenario pero con una evidente restricción en su distribución. Superada la observación del Sr. Mendoza se ingresa a otro alcance del debate en correspondencia con el origen y autenticidad de la Proclama de la Junta Tuitiva, aspecto sobre el que no me detengo remitiendo a todo interesado a la lectura del libro que bajo el rótulo de “Esclarecimiento para la Historia. Proclama de la Junta Tuitiva y Representativa de los Derechos del Pueblo” publicado el año 1976 reproduce el Informe Documentado suscrito por mi padre Arturo Costa de la Torre. 

Ahora bien como quiera que los autores indigenistas niegan la significación histórica de la Revolución de Julio y expresan que los criollos y mestizos de La Paz no hicieron otra cosa que plegarse a las luchas libertarias de los indios negando a la Junta Tuitiva su intención libertaria y menos independista, es preciso aclarar los siguientes aspectos. 

El cerco de La Paz fue antipopular porque toda la población fue sometida a la crueldad al pretender acabar con el hambre con la privación de alimentos y de agua en tanto el edicto ordena degollar a la población y en ninguna instancia existe la declaración de una voluntad por formar un gobierno propio, dado que la totalidad de los levantamientos indígenas lo que perseguían era lograr se suspendan las condiciones del vasallaje, servidumbre y cargas impositivas provenientes del criterio colonial de una inferioridad natural del indio. Es decir en ninguno de los levantamientos que precedieron a la revolución de julio se cuestionó la legitimidad de la monarquía española ni el propósito de organizar un nuevo gobierno. 

Para comprender el desarrollo de la conducta indígena debe advertirse que en ese tiempo los indios estaban divididos en dos categorías. Indios principales o caciques e indios mitayos, originarios o forasteros con o sin tierra y por tanto no existía una estructura indígena igualitaria. Por una parte los caciques liberados del pago de tributos y diezmos en tanto al resto se imponía la servidumbre justificada ideológicamente por la supuesta incapacidad para discernir a lo que se sumaba el yanaconaje o sevidumbre agrícola y exigencias eclesiásticas que acaparaban la mano de obra para celebrar festividades y cobro de servicios religiosos, además de la practica del repartimiento y el papel de los encomenderos. Pero el vasallaje no era igual para todos porque estaban eximidos los indios de las Misiones de Moxos y Chiquitos y los chunchos del norte de La Paz. 

La determinación primera de la revolución de La Paz fue el de abolir el sistema de tributación, antecedente históricamente comprobado y que hoy se desconoce y con relación a si hubo participación indígena en el proceso de la independencia, por efecto del antagonismo indígena es lamentable tener que recordar que la conducta de algunos indígenas es demostrativa de su falta de adhesión a los empeños libertarios. Es ingrato recordar que Tomás , Dámaso y Nicolás Katari fueron sacrificados por la infame denuncia de los indios de Pocoata y Aullagas, alcanzando similar desgracia Gabriel Antonio Castro y Victorio García Lanza hallados por denuncia indígena a orillas del río Mosetenes para luego ser decapitados, debiendo recordarse a esta altura que la captura de José Gabriel Tupac Amaru para luego ser descuartizado en el Cuzco fue debido a la delación de otros indígenas, igual suerte correspondió  Bartolina Sisa entregada por la infidencia de uno de sus colaboradores y el propio Tupaj Katari arrestado por traición de Tomás Inca Lupe que lo entregó. Pero lo que deja estupefacto a quien se aproxime al desarrollo de los levantamientos indígenas es conocer la fidelidad a los españoles que sostuvieron otros indios como Mateo Pumacahua cacique de Chincheros, Diego Choquehuanca cacique de Azángaro, Pedro Suhuaraura cacique de Oropeza, Nicolás Rojas cacique de Anata, Eugenio Sinancaya cacique de Sauri, Manuel Chuquimia cacique de Copacabana, quienes actuaron brutalmente contra sus hermanos indígenas durante los levantamientos comandando destacamentos integrados hasta por 38.000 indios. Ni los ejércitos auxiliares argentinos ni las guerrillas formadas por criollos y mestizos reclutaron indígenas en su organización, en suma los levantamientos indígenas acentuaron la brecha campo ciudad.  En apretada síntesis el papel de los indígenas en el proceso de la independencia no puede ser consagrada como grupo homogéneo. 

En síntesis, los autores citados sin amparo documental realizan sus comentarios que ni remotamente logran persuadir respecto a la negación de la importancia histórica de la Revolución del 16 de Julio de 1809.

La Paz, noviembre de 2009.