PARA UN BALANCE DEL PRIMER TRIENIO (2009-2011) CONMEMORATIVO DEL BICENTENARIO CONTINENTAL

Luis Javier Caicedo
Asesor de comunidades indígenas
Editor de la página www.albicentenario.com
Sitio no oficial dedicado a los 200 años de la  Independencia de Colombia y de Latinoamérica.
Medellín - Colombia

Ayer, 15 de mayo, culminó la celebración del Bicentenario de la independencia de Paraguay. Esta efeméride es muy significativa porque ese país no había celebrado el primer centenario, o mejor, no estuvo en condiciones de celebrarlo. Proyectado este hecho a nivel continental, tampoco América Latina celebró hace un siglo el primer centenario de su surgimiento.

Aunque todavía se insiste en que el proceso emancipatorio de comienzos del siglo XIX se resume en la creación de los Estados Nacionales por la desmembración de los imperios de España y Portugal, cada vez hay mayor conciencia de que, más que al nacimiento de una pléyade de naciones, en ese momento de la historia universal se asistió a la emergencia de una nueva región en el mundo.

Esta región cumple 200 años de existencia entre los años 2009 y 2024 (Bicentenario del Grito Libertario de Chuquisaca del 25 de mayo de 1809 y Bicentenario de la Batalla de Ayacucho del 24 de diciembre de 1824). Quince años de una conmemoración que, más que una fecha, es un trayecto, el cual, con todo y las vicisitudes internas y las interferencias externas que se han presentado en el sitio de partida, ya ha comenzado a transitarse desde el alma de los pueblos, con la dimensión continental que su propia naturaleza le señala y como el acontecimiento universal que es.

Hace cien años era impensable una celebración continental del surgimiento de América Latina. Hoy no sólo es posible, sino que ella ya comenzó.

Los desarrollos económicos, culturales y de comunicaciones que se han sucedido en el último siglo, aunados a los cambios políticos de las últimas dos décadas, crearon las condiciones propicias para trascender las meras celebraciones nacionales.

La intensidad y mancomunidad con que se ha venido celebrando en el continente desde 2009 el primer trienio del Bicentenario del inicio del proceso independentista (conmemorativo de las proclamas de independencia ocurridas entre 1809 y 1811 en los actuales países de Bolivia, Ecuador, Venezuela, Argentina, Colombia, México, Chile, Uruguay, Paraguay y El Salvador), constituyen la evidencia que cruzamos por tiempos de Bicentenario continental.

Y a juzgar por los varios e inéditos proyectos integracionistas que se han echado a andar en el subcontinente, parece más que oportuno concertar los imaginarios simbólicos comunes que sustenten la latinoamericanidad que se discursa y se negocia de cumbre en cumbre.


Por último, está la perspectiva ineludible de la conmemoración, entre 2021 y 2024, de los 200 años de las independencias de Perú, Centroamérica y Brasil y de la definitiva derrota militar de los ejércitos españoles en América.

Este horizonte indica a las claras que las conmemoraciones del trienio que culmina a finales de este año (entre el Bicentenario del Grito de Independencia de San Salvador en noviembre y la Cumbre Iberoamericana de Asunción en diciembre) no son más que los escarceos del Bicentenario Continental que le ha tocado en gracia organizar a esta generación.

De ahí la necesidad de abocar el balance sobre lo que va corrido del Bicentenario, del que se puede adelantar que es altamente positivo, aun por las falencias que dejó al descubierto en el tejido latinoamericano, y que de lejos resiste el simplista y peyorativo análisis que presentó desde Madrid el Real Instituto Elcano en el Documento Técnico 1/2011 del 10 de enero de 2011, titulado “Un balance de los bicentenarios latinoamericanos: de la euforia al ensimismamiento” (http://www.albicentenario.com/index_archivos/espana_y_otros_paises15.html).

Y es altamente positivo porque, en primer lugar, hay un Bicentenario Continental y una conciencia colectiva de que lo estamos atravesando.

Es constante a lo largo del continente el entusiasmo de las gentes de cada país y la imaginación desplegada en torno de los bicentenarios, y con la misma intensidad se ha sentido la crítica a los gobiernos que no se comprometieron con la celebración, y en general la percepción más o menos amplia de que “faltó más” es también una ganancia para los 12 años que faltan de Bicentenario.

En segundo lugar, porque como nunca antes hay procesos de integración reales como América Latina, sin presencia de actores extraregionales, y se están dando en tiempos de Bicentenario.

En tercer lugar, la producción historiográfica propiciada por el Bicentenario avanzó notoriamente en sus dimensiones territoriales y temporales.

En cuarto lugar, los países que cumplían 200 años de libertad entre 2009 y 2011 conformaron desde 2007 (Valparaíso, Chile), por iniciativa propia, una instancia internacional para coordinar las acciones nacionales en clave continental: el Grupo Bicentenario, integrado inicialmente por Chile, México, Venezuela, Bolivia, Argentina y Ecuador, a los que luego se unió Colombia y posteriormente Paraguay, El Salvador y España. Inadvertidamente, Uruguay quedó por fuera.

Esta comisión regional posiblemente no logró el nivel de funcionalidad que se esperaba (y que se le debió exigir), pero se anotó el logro más importante de todos: mantenerse como una comisión netamente latinoamericana y resistir los intentos del Reino de España por constituir una comisión compartida con las antiguas metrópolis. Eso se llama construir región, y en especial, tener dignidad como región.

De las falencias del proceso, la más visible tal vez sea la incapacidad del Grupo Bicentenario para sostenerse hasta el final del trienio previsto por los firmante de la Carta de Intenciòn en 2007 (Valparaíso, Chile) y por crear mecanismos operativos para la diseminación de su existencia y de sus acuerdos. Pero que sea la más visible no quiere decir que sea la gran falencia. Ésta debe rastrearse más bien en la falta de compromiso a nivel presidencial con la celebración continental de los 200 años de la independencia. Los presidentes dejaron solo al Grupo con el Bicentenario.

La influencia sobre el Bicentenario continental de las marcadas diferencias políticas de los países que integran el Grupo Bicentenario merece una atención especial, pero se puede aseverar que ni su impulso inicial ni su ocaso prematuro se puede atribuir a conflictos entre los países miembros.

El otro factor importante que influyó para que el primer trienio Bicentenario no tuviera la dimensión que pudo haber tenido fue sin duda la pretensión de España de cooptar la celebración a favor de sus intereses identitarios, geopolíticos y empresariales. Desde antes de crearse el Grupo Bicentenario, la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) impulsaba la creación de un grupo de países para hacer una celebración conjunta del Bicentenario, con participación de España. Este intento fracasó en Valparaíso. Y después de creado el Grupo Bicentenario, España intentó, a través de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) crear una Comisión Iberoamericana para los Bicentenarios de “la independencias”, incluida la celebración de los 200 años del triunfo de España contra Francia luego de la invasión napoleónica a la península.

La SEGIB incluso trató de boicotear la II Reunión del Grupo Bicentenario, prevista para mayo de 2008 en Sucre (Bolivia), convocando a las comisiones conmemorativas nacionales de Latinoamérica a una reunión en Madrid el mismo mes. Finalmente tuvo que aplazarla para septiembre del mismo año en México.

Un año después, en medio de la polémica generada al interior de Bolivia por el lugar de celebración de los 200 años del Grito de Chuquisaca del 25 de mayo de 1809, España aprovechó para hacer la gala de lanzamiento de su programa Bicentenario para Latinoamérica el 11 de mayo de 2009, justo trece (13) días antes de que comenzaran oficialmente los fastos a este lado del océano, espacio que debió respetarse como sagrado.

Pero lejos de haberse “tirado” el Bicentenario, estas vicisitudes fortalecen como lecciones aprendidas la continuación de las efemérides.

Y si ha de haber alguna conclusión de esta aproximación al balance del Bicentenario conjunto del surgimiento de América Latina ella es que el telón no debe caer este 2011 y que el Grupo Bicentenario debe recuperar su funcionamiento porque, además que no ha terminado de hacer la tarea que le encomendaron los países en su creación (faltan aún tres celebraciones este año), sino que esa es la instancia apropiada para planificar la organización de lo que resta de aquí a 2024.


Medellín, Colombia, 16 de mayo de 2011