LA REVOLUCIÓN DEL 10 DE AGOSTO DE 1809
Juan J. Paz y Miño Cepeda
doctor en Historia. Profesor de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Individuo de Número de la
Academia Nacional de Historia. Secretario del Comité Ejecutivo Presidencial del Bicentenario.


El proceso de independencia de las colonias españolas en América maduró a comienzos del siglo XIX, cuando se juntaron una serie de circunstancias tanto locales como externas. Las reformas introducidas en España durante el siglo XVIII por la dinastía de los Borbones, que tuvieron en América diversos impactos regionales, promovieron, al mismo tiempo, los primeros intereses criollos por la autonomía. Esas reformas agravaron, la crisis de la Sierra centro-norte del actual Ecuador y favorecieron el despegue de la agroexportación de la Costa , dos situaciones diferenciadas, que caracterizaron, también de distinto modo, las actitudes políticas y revolucionarias de las elites de ambas regiones del país. Y todo ello ocurrió en medio del resentimiento criollo por la exclusión y menosprecio del que fueron víctimas por parte de las autoridades hispanas.

Un impacto similar al de las reformas, tuvo la difusión del pensamiento ilustrado, que en el caso de la Audiencia de Quito se expresó, con singular crítica sobre la situación colonial de la época, en la producción intelectual de Eugenio Espejo, verdadero precursor de los ideales autonomistas y de identidad local. La invasión de Napoleón a España (1808) y la prisión del Rey provocaron no solo reacciones nacionales en la metrópoli, sino el ambiente ideal para concretar los afanes autonomistas americanos.

A fines de 1808 fue descubierto el complot de los notables de Quito contra las autoridades de la Audiencia. Varios fueron procesados, aunque sin éxito. Sin embargo, prosiguieron las labores revolucionarias. En agosto, reunidos en casa de Manuela Cañizares organizaron una Junta Suprema, integrada por Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre como Presidente, el obispo José Cuero y Caicedo como Vicepresidente, y como Ministros del Interior, Gracia y Justicia y Hacienda, los próceres Juan de Dios Morales, Manuel Quiroga y Juan Larrea, actuando como Secretario Vicente Álvarez. A la mañana siguiente, 10 de agosto de 1809 , al mismo tiempo que los complotados desconocieron al Presidente de la Audiencia Manuel Urriez Conde Ruiz de Castilla y controlaron la tropa local, instalaron el gobierno de la Junta.

La Junta de Quito hizo llamamiento a las Provincias de Guayaquil, Cuenca, Popayán, Pasto, Barbacoa y Panamá, para que se unan al pronunciamiento. Pero no obtuvo su adhesión. Al contrario, desde Bogotá, Lima y las otras regiones, se prepararon las fuerzas destinadas a someter a los sublevados de Quito. Esas tropas apresaron a los dirigentes. Un intento por liberarlos en la prisión del Cuartel Real de Lima (donde actualmente es el Centro Cultural Metropolitano), derivó en la masacre de los patriotas presos el 2 de agosto de 1810.

Tras los efímeros movimientos de mayo y julio de 1809 en Chuquisaca y La Paz , el del 10 de agosto en Quito fue el primero en consolidar una Junta Soberana y meses más tarde reunir una Asamblea que dictó una Constitución (1812). En el año 1810, se establecieron Juntas parecidas en Caracas, Buenos Aires, Santa Fe de Bogotá y Santiago de Chile. Todas reconocieron el impulso nacido en Quito y en Chile llegó a calificarse a esta ciudad como “Luz de América”. Para las autoridades de España no hubo duda alguna que la “Rebelión de los Marqueses” quiteños ansiaba verdaderamente su independencia.

El golpe de Estado de los patriotas del año 1809 fue inédito en la historia de la Audiencia de Quito. Por primera vez se desconoció al gobierno español y se instaló un aparato gubernativo integrado exclusivamente con criollos americanos, que contó con presidente, ministros locales, un Senado de Justicia con 2 salas (civil y militar) e incluso un cuerpo armado, la Falange de Quito, con 3 batallones de infantería al mando del Coronel Juan Salinas. Por primera vez en la vida colonial se habló de soberanía, la Junta asumió la representación del pueblo y manifestó que gobernaría a nombre y como representante de Fernando Séptimo, preso en España por la invasión de Napoleón. Ese fidelismo simbólico con el Rey implicó el rechazo a una potencia invasora extranjera y, por tanto, la comunidad de intereses americanos con la posición de los patriotas españoles que luchaban por la liberación de su propio suelo.

La Revolución del 10 de agosto de 1809 fue cuna del autonomismo de la Audiencia de Quito y, por tanto, dio inicio al proceso de independencia del Ecuador, que solo pudo culminar trece años más tarde con la Batalla del Pichincha del 24 de mayo de 1822, cuando en toda Hispanoamérica se luchaba por la emancipación definitiva y tras la exitosa revolución independista de Guayaquil del 9 de octubre de 1820.

La fecha que el Ecuador conmemora en este día tiene, pues, un alcance nacional por haberse constituido la Revolución del 10 de agosto de 1809 en el punto de partida de la gestación de la identidad del país y por haber abierto el camino para la consecución de la independencia frente al coloniaje español.

Como ocurrió en toda la América Latina , la independencia fue un paso histórico de avance para la construcción de los Estados Nacionales. Pero a éstos tocó la misión de superar las herencias derivadas del coloniaje y de las nuevas formas de dominación republicanas. Han quedado pendientes para el presente muchas de esas tareas históricas inconclusas. El Ecuador comparte con los pueblos latinoamericanos, el impulso por derrotar las condiciones que reproducen el atraso, la inequidad, la pobreza y la injusticia, en la búsqueda de la democracia y la libertad que proyectaron edificar los próceres y patriotas de la época de la Independencia nacional. El Ecuador se prepara a conmemorar el bicentenario de la Revolución del 10 de agosto de 1809, reconocido como el Primer Grito de Independencia para el país.