Santa Cruz  y su Proceso Independentista 
Bismark A. Cuéllar Chávez
Investigador Histórico
Miembro de la Sociedad de Estudios  Geográficos e Históricos de Santa Cruz
Email:
bacuellar@cotas.com.bo

 La emancipación de América Latina, fue un proceso político y militar que desde 1808 hasta 1826 afectó a casi la totalidad de los territorios americanos gobernados por España, cuyo resultado fue la separación de la inmensa mayoría de las divisiones administrativas de carácter colonial que habían estado bajo el dominio de los monarcas españoles desde finales del siglo XV.

En cuanto corresponde al proceso independentista cruceño, este no fue muy diferente de lo sucedido en otras latitudes de la América rebelde al dominio español, ya que luego del movimiento libertario de Charcas el 25 de mayo de 1809, diversos “mensajeros de libertad” fueron enviados a las principales capitales de la época, entre ellas Santa Cruz, donde arriban dos de ellos difundiendo las noticias del movimiento desarrollado en Charcas y pregonando la “independencia” motivando a algunos a levantarse contra la autoridad española, lo que sucedió el 15 de agosto del mismo año 1809.

Con relación a lo sucedido en Santa Cruz de la Sierra el 15 de agosto de 1809, indicaremos que en el mes de junio de ese año, llegaron a la capital cruceña las noticias de la alzada independentista que se había desatado en Charcas (Sucre), llegando esas noticias a oídos de unos 150 esclavos negros que existían en el pueblo y creyeron que era la hora de reclamar su libertad, por lo que idearon un plan para asesinar a su patrones aprovechando la fiesta religiosa de Nuestra Señora de la Bella que se celebraba el 15 de agosto pero, el plan fue descubierto por el subdelegado don Antonio Seoane de los Santos quien toma presos a todos y los envía a Charcas para ser juzgados. Sobre la fecha del suceso existen dos dataciones, que rescatan dos fechas cercanas, pero un solo hecho. Debemos resaltar que el hecho no se consumó, pero acarrearía consecuencias posteriores.

Debido a que La Plata había sido nuevamente controlado por los servidores de la corona, en la persona de don Vicente Nieto quien había sido elegido como Presidente de la Real Audiencia de Charcas, los revolucionarios se confinaron en varios lugares para no ser detenidos. Uno de los que salieron de La Plata fue el hijo del subdelegado cruceño, Antonio Vicente Seoane y Robledo, graduado de abogado en dicha ciudad, quien llega a Santa Cruz de la Sierra a fines de dicho año 1809, portando las ideas de la independencia, ideas que había enarbolado el 25 de mayo en La Plata.

He aquí un drama familiar entre padre e hijo, por una parte encontramos a don Antonio Seoane de los Santos, quien había servido fielmente a la Corona española durante toda su vida, y por otra parte al hijo criollo, Vicente Seoane Robledo, llegado con el espíritu alborotado declarándose contrario a tal servicio y dispuesto a luchar por ello. El encuentro entre padre e hijo se produce pocos meses antes del fallecimiento del primero y hay quien especula que el anciano subdelegado, en su lecho de muerte, al ver a su hijo le había susurrado: sé con que intenciones has venido hijo mío, pero espero entregarme al creador antes que verlo….., y efectivamente no puedo ser testigo de la rebelión encabezada por su hijo el 24 de septiembre de 1810, ya que el cansado y enfermo cuerpo del español, fiel servidor real, fallece el 1° de abril de 1810, a la edad de 64 años.

A los pocos meses, ya sea por casualidad o porque así estaba planeado, en agosto de 1810, algunas otras personalidades fueron llegando al pueblo, llegó otro emisario de Charcas don Juan Manuel Lemoine, le siguió a los pocos días, otro de los emisarios de Charcas, el capitán argentino Eustaquio Moldes, quienes se reunían secretamente en la casa de Pedro Jimenez para planear el golpe a la nueva autoridad española en Santa Cruz el abogado Pedro José Toledo Pimentel. Mientras tanto Seoane, quien ya llevaba casi un año en el pueblo, había difundido sus ideas de la independencia y ganado algunos adeptos entre ellos algunos sacerdotes que durante la homilía dominical pregonaban la debilidad de la corona española en el viejo mundo y de los deseos de independencia de las colonias.

El 24 de septiembre de 1810 los que conjuraban contra la corona conforman, en secreto, la Junta Revolucionaria adhiriéndose a la Junta Revolucionaria de Buenos Aires y deciden tomar la gobernación y control de la ciudad ese mismo día, aprovechando que todo el pueblo se encontraba en la plaza principal festejando la fiesta de la virgen “Nuestra Señora de las Mercedes”, lo que era considerado una ocasión propicia a sus intenciones. Pero, la noche anterior, uno de los oficiales del ejército español, quien estaba apalabrado y comprometido con el movimiento cambia de idea y denuncia los aprestos subversivos al subdelegado Toledo Pimentel, quien a su vez ordena se acuartelen las fuerzas y se distribuyan armas y municiones a todos sus hombres, lo que desanima al grupo revolucionario y deciden esperar otro momento para dar el golpe a la corona, pero con la conformación de la Junta Revolucionaria aquel 24 de septiembre, ya se había dado el primer paso hacia la independencia cruceña.

Pasada la fiesta de la virgen y dado que el golpe no se llevó a cabo, el subdelegado Toledo Pimentel ordena se detenga a todos los involucrados en la conjura, somete a juicio a muchos de ellos y confisca los bienes de todos ellos. Si bien se había evitado el golpe de mano, los aprestos continuaban esta vez involucrando a otros militares de alto rango, quienes serían los encargados de convencer a la guardia española y a las autoridades del Cabildo de plegarse al movimiento. Y así, el 5 de octubre de 1810 el grupo de ciudadanos, militares, religiosos y los delegados de Charcas toman el control del edificio de la gobernación y Cabildo, para luego salir al frontis del edificio desde donde, el Dr. Antonio Vicente Seoane y Robledo, lee al pueblo la proclama de la independencia de Santa Cruz en los siguientes términos:

Valerosos y leales Cruceños, nobles compatriotas míos. Por fin después de cuatro meses de una mezcla prodigiosa de caimiento y energía: Al cabo de una lucha en que la indignación y la ternura se han disputado una victoria muy alterada sobre mi alma tan sensible como Patriótica; He podido alcanzar el esfuerzo necesario para hablaros, y manifestaros los sentimientos de mi corazón con el entusiasmo que me inspira el amor a Dios, al Rey,  a la Patria y a vosotros mismos; Oíd pues la voz de otro representante, que en los transportes de un gozo inexplicable os anuncia, que ya es llegado el Glorioso y Feliz día, en que la Divina Providencia, compadecida de la infame humillación y abatimiento en que hasta la época presente, os habéis hallado constituidos por el abuso de poder y un detestable egoísmo. Ha suscitado para vuestro consuelo la Sabia Junta, que en defensa de los Sagrados Derechos Del Sr. Dn. Fernando 7º y para bien y felicidad de la Patria, sea instalado en la Capital de Buenos Aires, cuya obediencia acaban de jurar, todas las corporaciones de esta Ciudad, y bajo cuyos auspicios los laureles inmarcesibles, fertilizados con sus benignas influencias, comenzarán a brotar abundantes ramas que llenarán de prosperidad a nuestro continente. ¡Si dichosos Cruceños! Vosotros que por vuestra acertada fidelidad, por vuestra religión y patriotismo, sois la envidia de las demás Provincias, corresponded fieles a los deseos de vuestro Procurador  a las intenciones de esta Augusta Asamblea, conservad esta unión y concordia de que tantas, y tan relevantes pruebas habéis dado, y que son el más firme y inexpugnable baluarte, que podéis oponer contra los esfuerzos de nuestros enemigos, huyó el espíritu de irreligión y de discordia como del mas fatal escollo, no deis oídos a la seducción, que así seréis felices, y vuestro Procurador tendrá la Gloria de ofrecer en las sagradas Aras de la Patria, un pueblo lleno de virtudes y unos Ciudadanos dignos de la protección del Gobierno…Decid pues ahora conmigo, Viva el Rey Don Fernando 7º, Viva la Excelentísima Junta de Buenos Aires que en su Real Nombre Gobierna, y que Viva el Sr. Gobernador Intendente de la Provincia Don Francisco del Rivero, y con él, la lealtad y unión de este noble vecindario”. = Santa Cruz, y Octubre 7 de 1810. = Dr. Antonio Vicente Seoane. 

De esa manera el pueblo cruceño, influenciado por los emisarios de Charcas, sus autoridades cabildantes y nobles criollos, en un improvisado Cabildo Abierto procede a desconocer la autoridad de don Pedro José Toledo Pimentel y en ese momento, se comienza a escribir una nueva historia en los territorios de la llanura, que fuera hija predilecta del fundador Ñuflo de Cháves, que exigía libertad.

El Cabildo Abierto conforma una Junta Gubernamental encabezada por: el Cnel. Antonio Suárez, el Dr. Antonio Vicente Seoane y el cura José Salvatierra Cháves, quienes llevan las riendas de la nueva ciudad liberada del yugo español. El movimiento fue apoyado por don Francisco Javier de Cuéllar, alcalde de la ciudad y los miembros del Cabildo.

Luego que el Primer Ejército de las Provincias Unidas del Río de la Plata, al mando del general Antonio González Balcarce cae en la batalla de Guaqui frente al comandante realista José Manuel Goyeneche, este retoma el control de la ciudad de Cochabamba, expulsando a Esteban Arze y otros patriotas del lugar, para después ordenar a sus comandantes ir a tomar Santa Cruz, la que se encontraba en manos patriotas. La tropa realista se divide en dos partidas para llegar a la capital cruceña, mientras el antiguo Comandante de las Milicias de Cordillera Cnel. José Miguel Becerra parte hacia el Chaco, una tropa comandada por el capitán José Antonio Suárez avanza por el camino de la sierra. 

El Cnel. Antonio Suárez y el Dr. Antonio Vicente Seoane, al saber que el realista Cap. José Antonio Suárez se acercaba por la sierra y que el Cnel. José Miguel Becerra había logrado reunir un buen número de combatientes en Cordillera y se acercaba a la capital cruceña, con la finalidad de evitar un derramamiento de sangre y sufrimiento para el pueblo deciden rendirse y entregar el mando a los realistas. De esta manera, el 22 de noviembre de 1811 nuevamente los realistas toman el poder de Santa Cruz de la Sierra a nombre de la corona española, quedando a cargo de la ciudad el Comandante José Miguel Becerra quien llega con el título de Gobernador y Capitán General de las Provincias de los Llanos impuesto por Goyeneche, con lo que se le devuelve la sede de gobernación a Santa Cruz, la que había sido llevada a Cochabamba por el gobernador Francisco de Viedma y Narváes. 

Retoma de Santa Cruz a cargo del Cnel. Antonio Suárez

Mientras el Gral. rioplatense Manuel Belgrano se hacía de sendos triunfos en la Batalla de Tucumán y Salta, en donde se destacaban dos futuros héroes cruceños, hablamos del Cnel. Ignacio Warnes y del Cnel. Juan Antonio Álvarez de Arenales, en las calientes tierras cruceñas de Chiquitos, el Cnel. Antonio Suárez aún persistía con la idea de la independencia. Luego de lograr reunir algunos combatientes se une a otro grupo de patriotas venido de Vallegrande y juntos atacan a las tropas realistas en Santa Cruz de la Sierra, logrando ocupar la ciudad, tomar el poder y reinstalar la Junta Revolucionaria el 4 e marzo de 1813, haciendo huir al Cnel. José Miguel de Becerra al Brasil.

 

Llega Ignacio Warnes a Santa Cruz de la Sierra

A los pocos meses de retomada la capital cruceña por los patriotas, enviado por el Gral. Manuel Belgrano, llega a Santa Cruz de la Sierra el Cnel., bonaerense Ignacio Warnes, quien hace su ingreso a la ciudad al atardecer del 24 de septiembre de 1813, acompañado por el Mayor José Manuel Mercado, apodado “El Colorao”, por el color rojizo de su piel, por el comandante porteño Saturnino Salazar y 25 hombres. A su arribo a la capital cruceña, el Cnel. Antonio Suárez cede al Cnel. Warnes la administración de la ciudad y el mando del Ejército Cruceño.

El Cnel. Warnes, al saber de las sucesivas derrotas del Gral. Manuel Belgrano en Vilcapugio y Ayohuma, decide quedarse en Santa Cruz de la Sierra y organizar un ejército capaz de hacerle frente al poderoso ejército realista. Con esa idea fija en la mente, Warnes habilita tres lugares para la instalación de cuarteles militares, almacenes, fábrica de armamento y pólvora. Estos estaban ubicados en el antiguo Seminario, acera Este de la actual plaza principal, en la Casa de Gobierno, acera Sur de la misma plaza y el polvorín o Casa de la Pólvora estaba ubicada detrás de la Iglesia San Roque. Estos centros fabricaban y almacenaban: las armas, la pólvora, las municiones, las lanzas, los cañones, los arneses para los caballos y las cuñeras para sostener los cañones y para armar las cajas de los fusiles, además de servir de centros de instrucción militar de los pobladores en edad hábil de combate. 

Batalla de Florida, 25 de mayo de 1814

Mientras la ciudad de Santa Cruz de la Sierra se encontraba segura en manos de las tropas patriotas, el coronel Juan Antonio Álvarez de Arenales, quien no había podido sostenerse en Cochabamba, el 29 de noviembre de 1813, en compañía del comandante Diego de la Riva, huye hacia los valles cruceños con la intención de reclutar algunos combatientes para poder formar un buen ejército, pues era sabido que los realistas en cualquier momento se presentarían por la zona con la intención de tomar la capital cruceña.

Informado de la huída y preparativos de Arenales, el comandante realista Joaquín de la Pezuela, ordena al Cnel., cochabambino Manuel Joaquín Blanco marche hacia Santa Cruz de la Sierra y tome el control de la situación, pacificando Santa Cruz, Moxos y Chiquitos, marchando la tropa de Blanco desde Oruro, consistente en ochocientos hombres muy bien pertrechados y bastante piezas de artillería.

El 4 de febrero de 1814 al llegar a la zona de San Pedrito, cercanías de Pulquina, se encuentran con las tropas patriotas de Arenales y de Cárdenas, con quienes se enfrenta en agitada batalla. Luego de tres horas de combate, sale victorioso el ejército realista, haciendo huir al Cnel. Arenales y su tropa hacia Abapó, en la cruceña provincia Cordillera. En esta victoria realista se produjeron muchas bajas en las tropas patriotas, con más de 100 muertos, muchos heridos y cayendo prisioneros 23, los que fueron degollados por los realistas y sus cabezas colocadas en postes en los caminos como advertencia a los demás insurrectos.

Los puntos de avanzada con que contaba el Cnel. Warnes a lo largo de los diversos caminos que llegaban a Santa Cruz de la Sierra, comunican al Comandante que el Cnel Blanco y su ejército se acercaban a la capital. El Cnel. Warnes, informado de esto, sale de la capital con todo su ejército para unirse con el Cnel. Arenales en la población de Cabezas y preparar la estrategia para combatir a las tropas realistas, oportunidad que es aprovechada por el Cnel., Blanco para ingresar a la capital cruceña y toma el control de la misma. Durante su estadía en la ciudad, en la plaza principal hace fusilar a los vallunos Cuestas y a Manuel Cárdenas a los había capturado en el combate de San Pedrito y que mantenía botín de guerra, además de imponer una serie de castigos y contribuciones forzosas con amenaza de saqueo a los cruceños, lo cual fue impedido por la Sra. Manuela Velasco aportando seis mil pesos.

Una vez juntos en la zona de Cabezas, el Cnel. Warnes y el Cnel. Arenales planean el ataque a Santa Cruz de la Sierra pero, el Cnel. Blanco ya había salido de la ciudad con más de ochocientos hombres bien armados en busca de los patriotas, dejando en Santa Cruz de la Sierra cien hombres al mando de Francisco Udaeta. La noticia del avance del Cnel. Blanco y su tropa, llegó hasta el campamento de Warnes en Florida, por lo que el Coronel, sabiendo lo inferior de su mal preparada tropa manda al Coronel José Manuel Mercado “El Colorao”, junto con José Manuel Baca “Cañoto, con treinta hombres del batallón de caballería Volantes, pocos kilómetros al norte al punto llamado Paliza, a esperar al Cnel. Blanco y emboscarlo con la idea de diezmar su tropa.

En la madrugada del 25 de mayo de 1814, al llegar el Cnel. Blanco y su ejército a la zona de Paliza se produce el preparado encuentro y luego de unas horas de lucha, el “colorado” Mercado ordena la retirada de su tropa hacia Florida, en donde Warnes y Arenales ya habían preparado la estrategia de ataque. Avanza el ejército del Cnel. Blanco hacia Florida y aquí, en las playas del río seco, se lleva a cabo la cruenta y desigual batalla, la que se inicia en la playa del río y continúa en el pueblo de Florida en donde, en plena plaza, se produce la lucha cuerpo a cuerpo son sables, espadas, lanzas y bayonetas.

En toda esa confusión se encuentran cara a cara Blanco con Warnes ambos montados a caballo, en ese momento uno de los negros del grupo de los patriotas de apellido Ainque golpea la cabeza de Blanco con la culata de su fusil cayendo el líder de las fuerzas realistas, caída fue aprovechada por Warnes, quien con su espada corta la garganta de Blanco dando fin a su vida. El negro Ainque despoja al cadáver del Cnel. Blanco de su uniforme y corre a caballo luciendo el uniforme del derrotado coronel realista gritando victoria!, victoria!.

La tropa realista, al ver el uniforme de su coronel en manos del negro, huye despavorida saliendo Arenales presuroso en la persecución de tres lanceros pero, a unas pocas cuadras de la plaza, los lanceros dan la vuelta y ensartan con sus lanzas y sables al patriota Arenales provocándole 14 heridas, siendo atendido por el cura médico del batallón Justo Sarmiento. Al saber de la derrota de Blanco, el teniente Udaeta huye de Santa Cruz y se refugia en las cercanías de San Rafael de Velasco.

Reconociendo la importancia geopolítica de dicha victoria, el Director Supremo de las Provincias del Río de la Plata, Gervasio Antonio de Posadas, ordenó que la calle más céntrica de la ciudad se llamara Calle Florida, que se conserva hasta hoy. 

Batalla de Santa Bárbara, 7 de octubre 1815

Ante la derrota de Blanco en manos de Arenales, Warnes, El Colorao Mercado y Cañoto, el realista comandante de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, Juan Francisco Udaeta huye a Chiquitos en donde se une al gobernador de la zona, el coronel Juan Manuel de Altolaguirre (Warnes cita a Juan Bautista de Altolaguirre) para preparar la retoma de Santa Cruz de la Sierra. Warnes, al enterarse de la ubicación del enemigo y conocedor que dejarlos libres representaba un peligro para el éxito de la lucha por la independencia, prepara un ejército con ciudadanos, soldados e indios, cuyo número llegaba a mil seiscientos, y parte a Chiquitos a buscar al ejército realista, dejando el mando y administración de la capital cruceña al Cnel. José Manuel Mercado, el colorao.

El ejército patriota comandado por el Cnel. Ignacio Warnes luego de 35 días de sufrida marcha llegan a las inmediaciones de la Misión de San Rafael (hoy de Velasco) el 7 de octubre de 1815, en donde descansan y se preparar para la batalla, la que se produce dicho día con victoria del ejército patriota, para luego retornar a la capital cruceña, en donde las noticias que le esperaban no eran muy alentadoras, ya que le informaron que el 3er Ejército Auxiliar del Río de la Plata al mando del general José Rondeau, había sido exterminado por las tropas realistas al mando del Gral. Joaquín de la Pezuela. 

Batalla de El Pari, 21 de noviembre de 1816

Mientras el victorioso Gral. Pezuela se convertía en el nuevo virrey de Perú y España festejaba el triunfo como el fin del levantamiento de hispanoamericana en Sudamérica, el Cnel. Ignacio Warnes en Santa Cruz de la Sierra se sentía abrumado por las malas noticias recibidas, además sabía que el reducto cruceño era el único que aún permanecía en manos patriotas y sabía que el ejército realista vendría por él. Por ello y sin demora, reúne a su alto mando militar con quienes realizan los preparativos para lo que se vendría a los pocos meses.

Mientras tanto en el campamento del ejército realista el Gral. Joaquín de la Pezuela sabía que con la destrucción total del 3er. Ejército Auxiliar del Río de la Plata la incertidumbre se había apoderado de la América independentista y sabía que el único reducto patriota era nuevamente Santa Cruz de la Sierra. Por ello y sin pérdida de tiempo, el general De la Pezuela, concentra todas sus fuerzas para retomar la capital cruceña y acabar con todo foco patriota.

Para tal cometido, pide al General de los Ejércitos del Alto Perú Juan Ramírez de Orozco, que escoja a su mejor hombre para encabezar la marcha contra Santa Cruz de la Sierra, recayendo la responsabilidad en el Tcnel. cruceño Francisco Xavier de Aguilera, quien avanza sobre su ciudad natal con un contingente de más de 1.600 hombres, muchos de ellos veteranos de la guerra de la Independencia de España, sostenida contra los ejércitos napoleónicos, los que meses antes se habían vencido al patriota Manuel Ascencio Padilla y su esposa Juana Azurduy, además venían milicianos, presidiarios de las cárceles españolas y una sarta de malvivientes.

Las tropas realistas al mando del cruceño Francisco Xavier Aguilera son avistadas en el horizonte occidental cruceño el 19 de noviembre. Estas tropas estaban conformadas por el Batallón Fernando VII, compuesto de 500 hombres; el Batallón de Infantería Talaveras de la Reina, con 500 efectivos, dos divisiones cochabambinas de caballería con 500 jinetes; dos piezas de artillería con 50 soldados cada una, haciendo un total de 1.600 hombres.

Llegado aquel fatídico 21 de noviembre de 1816, el ejército desplazado por el Cnel. Warnes a las candentes arenas de El Pari (hoy monumento al Chiriguano, 2do. Anillo), estaba compuesto por los siguientes cuadros: 300 Fusileros, 250 de Caballería comandados por el Cnel. José Manuel Mercado Montero y el Cap. Saturnino Salazar, entre los que se encontraba el futuro héroe de Ingavi (1841) Marceliano Montero; 300 hombres de Infantería al mando de los capitanes Mariano Rendón y Cabezas; la Artillería estaba a cargo del comandante Rocha “el traidor” con 150 infantes, además de varios montoneros armados de macanas, lanzas, flechas y machete, sumando aproximadamente 1.400 combatientes.

El Cnel. Warnes, antes de montar su corcel y partir hacia el campo de batalla, se despide de sus amigos y les dice: en el campo de batalla quedaré; pero si triunfa la Patria, volveré a abrazaros.

Warnes se presentó con su ejército en la pampa de El Pari a las 11 horas del día, ubicándose a unos 600 metros del arroyo del mismo nombre, toda la tropa mostraba sus armas, las que resplandecían a la luz del radiante sol. Ambos ejércitos colocados a tiro de pistola, casi a un tiempo rompen los fuegos tanto la infantería como la caballería. Varios disparos de carabina hacen los jinetes del Cnel. Mercado, y anima a su tropa gritando a viva voz “a la carga muchachos, Viva la Patria”, arremetiendo a son de clarín con el ímpetu del más resuelto valor, contra la caballería realista, arrollándola y deshaciéndola, saliendo en persecución de los que huían del embate de la gloriosa caballería patriota.

Pero, cuando la victoria patriota se estaba por concretar, una bala de cañón impacta en el pecho del corcel que montaba el comandante Ignacio Warnes y al caer el caballo, lo hace aplastando el brazo y la pierna derecha del héroe de la independencia cruceña e hispanoamericana. Este momento es aprovechado por un infante del batallón Talaveras para asestarle un tiro a quema ropa en la cabeza al Cnel. Warnes, mientras que otro infante realista le atraviesa el corazón con su bayoneta, dando así muerte al prócer.

Los que contaron la historia relatan habían visto por entre la humareda, yacer entre los cadáveres unas ancas ensangrentadas; la montura en su sitio, pero manchada también; el crinado rostro del caballo en un charco de sangre; i debajo del voluminoso cuerpo, una parte del de aquel hombre de valor sin límites, que tantos peligros dominara antes: el cráneo perforado por el plomo y el corazón dividido por el acero; una espada, una pistola, y por ahí muy cerca el sombrero con plumaje del héroe patriota .

El balance de muertos, tras un intenso día de combate, arrojó casi tres mil,  del batallón realista Fernando VII  sobrevivieron sólo cinco hombres, y de sus 1.600 soldados solo con 200 de los Talavera quedó el caudillo realista.

El día 23 de noviembre de 1816, al sentirse seguro, el ahora Brigadier Francisco Xavier Aguilera, hace su ingreso a la plaza cruceña, montando su corcel, con mirada altiva y portando en su mano derecha una lanza, teniendo en el extremo de la misma la cabeza del patriota Cnel. Ignacio Warnes. Llegado a la plaza principal, planta la lanza en la esquina suroeste de la misma plaza, para que el pueblo observe su trofeo de guerra.

Aprovechando que el Brigadier Aguilera se retira a su vivienda en Vallegrande, a partir del año 1817, tanto el Cnel. José Manuel Mercado, el colorao, como José Manuel Baca, Cañoto, y José María Ramos, Ramitos, iniciaron una guerra de guerrillas en contra del poder realista en Santa Cruz, atacando constantemente a las patrullas y a la capital, lo que le permitía hacerse de armas, municiones, cabalgaduras y otros enseres necesarios para mantener viva la llama de la independencia entre sus tropas y la población. 

Detención del Brigadier Aguilera 26 de enero de 1825

A todo esto, el Brigadier Aguilera se instaló nuevamente en Vallegrande, hacia donde le llegaban las noticias de los sucesos del proceso independentista de Hispanoamérica, tal como las victorias patriotas de Junín y Ayacucho. Asimismo, el 14 de enero de 1825 le llega la noticia que en Cochabamba la guarnición militar se había levantado y que uniéndose al pueblo y habían declarado la independencia de aquel distrito, movimiento que se propone aplacar Aguilera.

Con tal propósito, desde Vallegrande marcha el Brigadier Aguilera con su tropa el 23 de enero rumbo a Cochabamba pero sus dirigidos se sublevan en el pueblo de Chilón el día 26 y tomando preso al brigadier regresan a Vallegrande en donde, el mismo día 26 de enero de 1815, proclaman la Independencia de los valles cruceños.

Emisarios enviados desde Vallegrande llegaron hasta Saipurú, en donde residía el patriota Cnel. José Manuel Mercado, el colorao, a quien dan cuenta de lo sucedido en el Alto Perú, en Cochabamba y en Vallegrande informando que se había hecho la patria. Es inimaginable la alegría del Coronel, al ver sus sueños convertidos en realidad.

 

Proclamación de la Independencia de Santa Cruz 15 de febrero de 1825

Al día siguiente, reúne a su tropa y marcha hacia Santa Cruz de la Sierra juntamente con Marceliano Montero, quien había regresado de luchar en la Argentina.

Llegados a la ciudad, se reúne con el Dr. Antonio Vicente Seoane, el Cnel. Antonio Suárez, Nicolás Cuéllar y otros patriotas con quienes acuerda tomar la capital, su gobernación y proclamar la libertad, lo que se actuó el 14 de febrero de 1825, nombrando como gobernador-presidente de la Santa Cruz independiente al Cnel. José Manuel Mercado, el colorao.

La proclamación de la Independencia de Santa Cruz se la realizó el 15 de febrero en instalaciones de la Sala Capitular o Casa Consistorial del Gobierno de la ciudad capital, dando por terminada la lucha de 15 años por la aclamada Independencia.

Querido amigos, esa es la historia del proceso independentista cruceño, un proceso que ha dejado muchos muertos, viudas y huérfanos en las familias cruceñas, proceso en el cual hemos podido comprobar que Santa Cruz luchó por su independencia aportando la valentía y sacrificio de sus hijos, conducidos por líderes íntegros, probos, con espíritu de libertad e inmensa sabiduría. También hemos comprobado que esa independencia fue entregada al altoperú por otros de sus malos hijos, traicionando el mayor anhelo del ser humano, la libertad, a cambio de una pocas monedas y algunos cargos públicos y un efímero poder, tal como sucede hoy y sucederá mañana, si es que el nuevo cruceño no aprende de su propia historia y no asume el espíritu cívico de libertad, característico en el hombre oriental. Porque ser cruceño, es nuestro mayor orgullo y Santa Cruz nació libre.

Muchas gracias… 

BIBLIOGRAFÍA

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