CHUQUISACA INSURGENTE
25 de mayo de 1809

Prof. Hilarión Acosta Renteria

 Introducción:
La Revolución del 25 de Mayo de 1809, como ningún otro avatar de la Evolución Histórica de Bolivia, ha concitado el interés y el quehacer de prestigiosos investigadores e historiadores que, resaltan la formidable significación e importancia de la insurgencia chuquisaqueña que inició la Revolución de Independencia de Charcas  y de Hispanoamérica.

            El 25 de Chuquisaca, definitivamente fue la Revolución inicial de los movimientos de liberación del dominio español. Por la magnitud del tema, sólo concretamos dos hechos, previos a su progresión, esos factores fueron el preludio de los sucesos de aquél plenilunio del jueves 25 de Mayo.

            El uno, referido a la existencia de la “Sociedad de Independientes”, verdadero motor de la explosión revolucionaria y; el otro, el detonante que puso en marcha ese motor; la presencia, en La Plata, del Emisario de la Junta Central de Sevilla.

El Motor: La existencia de esa Corporación es uno de los episodios ignorados del proceso de la Revolución de Mayo; los que escriben y ensayan Historia, desconocen o soslayan ex profeso , la existencia del organismo motor de la insurgencia de Charcas.

            En la ciudad de La Plata, los estudios y los asuntos jurídicos tenían la mayor importancia por ser la sede de la Real Audiencia, el más alto Tribunal que entendía los pleitos civiles y penales; también ejercía  funciones políticas. Ningún abogado debía ejercer la profesión, sin previa inscripción en el Registro de Matrícula de la Audiencia.

            La Universidad formaba a los profesionales que completaban su preparación con la práctica forense, en la Real Academia Carolina; además, la Academia era un centro de extensión cultural donde se realizaban: conferencias, debates, coloquios, acuerdos; existía una conjunción de ideas inspiradas en el Racionalismo, la Ilustración y el Enciclopedismo, que incubó la ideología de la Revolución.

            Por eso, una pléyade de jóvenes abogados, universitarios, funcionarios civiles y eclesiales, comerciantes y otros, preparados y dispuestos a militar en las filas  de la revolución; organizaron la “Sociedad de Independientes”, todos eran juramentados  para la liberación de Charcas.  Este proyecto que parecía disparatado pasó desapercibido  para los menos sagaces, nació dos años antes de la revolución.

            La “Sociedad” era una especie de logia sin ritos masónicos, estrictamente de carácter político y con objetivos políticos; tenía contacto y comunicación con la Logia “Lautaro” formada por el insigne caraqueño D. Francisco de Miranda; asimismo tenían relaciones    con el grupo bonaerense la “Sociedad de los Siete”, con similares designios.

            Para la “Sociedad” era fundamental: reclutar prosélitos, organizarlos y disciplinarlos; además, preparar a las fuerzas políticas dispersa,  darles “unidad y contundencia en el movimiento revolucionario”; pues,  sus militantes tenían la plena convicción de trabajar generosamente y sin claudicaciones por la independencia del Alto Perú; a  los nuevos ingresantes se les hacía jurar y guardar absoluta reserva. Se reunían con el mayor sigilo, estudiaban, interpretaban y discutían sobre la realidad vigente, y con los medios a su alcance crear las condiciones para cambiar el sistema colonial y construir una sociedad justa y democrática.

            La preocupación inmediata fue el diseño de la estrategia revolucionaria y lograr la participación del pueblo en la lucha por venir. Uno de sus miembros defeccionó y delató que, en una reunión, los conjurados acordaron la deposición del Presidente de la Audiencia y la formación de una “Junta Tuitiva”, plan que lo consideró “temerario y criminoso”, el felón y cobarde no volvió a la “Sociedad”; pero dejó al descubierto a la organización, poniendo en guardia a las autoridades.

El detonante: Mientras el ambiente político subía de grado  por la decisión de los independientes de luchar, sin tapujos por la libertad; el Tribunal y las Autoridades apuraban por resolver esta disyuntiva: ocultar al pueblo las noticias graves recibidas de España, postura sostenida por los Oidores, en contraposición a la del Presidente y el Arzobispo, proclives a que sean de conocimiento público, a fin de defender estos reinos amenazados por los franceses y reconocer a la Junta Central de Sevilla; empero, las autoridades se dieron cuenta que, el sólo reconocimiento de la Junta sin previo juramento de fidelidad a Fernando VII, no ers correcto; pues hicieron las dos cosas; situación aprovechada por los conjurados para dar rienda suelta a sus planes revolucionarios. Por esta conducta, G. René Moreno,  califica a los independientes de “hipócritas e intrigantes”.

            El día 11 de noviembre de 1808, cansado y polvoriento, arribó a La Plata el anunciado y esperado Emisario de la Junta, el brigadier arequipeño José Ml. de Goyeneche, recibido con admiración y júbilo por el Gobernador Intendente y el Arzobispo, rodeándole de gentilezas. Una vez instalado, fue visitado por éstos; pero, no por los Oidores, el Fiscal y el Asesor de la Presidencia; por lo que le informaron de la resuelta actitud de los Oidores: “no reconocer a la Junta Central y a su Emisario”, Goyeneche reaccionó airado y nervioso pidió a García Pizarro una reunión urgente de Autoridades para el día siguiente.

Real Acuerdo: No fue fácil reunir a los reticentes miembros del Tribunal. Reunida la Junta, Goyeneche exhibió su credencial, una Provisión expedida por la Junta Central a nombre de Fernando VII -17-VI-1808; luego, todo arrogante y pretensioso preguntó, si reconocían a la Junta de Sevilla como representante del “muy amado” Fernando VII, cualquier dilación contrariaba a la fidelidad que debía guardarse al Rey de España, palabras que causaron la reacción del Regente D. Antonio Boeto; hubo amago de altercado que no pasó a mayores.

            Al término de la reunión, en actitud dual, el Brigadier exhibió cuatro pliegos de la Corte del Brasil que puso en manos de sus destinatarios. Finalizada su misión en La Plata, se dirigió a La Paz, donde se reunió con el Gobernador Intendente y el Obispo, con quienes convino “si acaso algún día faltara el Rey se recurriría al protectorado portugués, insinuó también las pocas esperanzas que Él vuelva al trono”,  se extralimitó de su misión específica.

El Claustro Universitario: La Universidad, también recibió los pliegos del Brasil. El Rector a.i. D. Manuel Gil, con la venia del Presidente de la Audiencia, convocó al Claustro Universitario, reunidos -12-I-1809-, se impusieron del contenido de los pliegos, intercambiaron ideas, hubo debate;  todo lo tratado se recogió en una relación escrita “Acta de la Junta General celebrada en la Universidad con motivo de la recepción de Pliegos de la Corte del Brasil”, más conocida como el “Acta de los Doctores”, contiene el rechazo categórico a las pretensiones de D. Carlota J. de Borbón y a las insinuaciones del Presidente de la Audiencia, se tradujo en el Silogismo altoperuano:Las colonias americanas no son de España, sino del Rey, ningún subrogante debía ni podía reclamar derecho alguno sobre ellas; estando acéfala la Corona, la soberanía se revierte al pueblo, en consecuencia los americanos están en el derecho de decidir su futuro”, este fue el razonamiento filosófico y político de los doctores; firmaron el Acta 48 asistentes al Claustro. Siete días después, el 19, volvió a reunirse el cónclave al que asistieron, incluso los que no estuvieron el día 12; se informó sobre las incidencias de la reunión anterior,  todos, 90 doctores aprobaron lo acordado y rubricaron el Acta.

            Los resultados del Claustro fueron un serio revés  para las autoridades, civil y eclesial que cohonestaban las pretensiones de Da. Carlota. Apresuradamente, García Pizarro informó al Virrrey sobre el fruto del Claustro y el contenido del Acta; Liniers respondió ordenando “testar” el Acta “por injustas y graves consideraciones”, el Gobernador, diligente procedió a “borrar” arrancando las páginas  correspondientes del Acta.

            La acción de García Pizarro fue una tácita ruptura con la Universidad, el Claustro y el Cabildo, confirmando su confabulación para entregar estos reinos al Portugal.

Papeles y documentos subversivos: Entre noviembre-1808 y mayo-1809, profusamente circularon papeles sediciosos, incluso documentos expedidos por el Tribunal: oficios, acuerdos, vistas fiscales, constituyeron un cuerpo de doctrina y principios que estimularon la inteligencia y la aptitud de los revolucionarios de Mayo. Muchos de esos papeles están insertos en: “Documentos inéditos” de G. René Moreno; “Comienzos de la Independencia del Alto Perú” de E. Just Lleó y “Chuquisaca 1538-1825” de R. Querejazu C.

La Revolución: García Pizarro, se enteró de las reuniones clandestinas de los “independientes”, por eso informaba al virrey Liniers sobre la situación peligrosa de la Capital audiencial y pedía autoridad suficiente autoridad para deportar a varios personajes ospechosos, porque de seguir ellos, afirmaba “sería inextinguible el fuego de la discordia y veo funestísimas consecuencias”, por lo que  hizo redoblar las patrullas nocturnas, mucho más  preocupado por las “hablillas sediciosas”, las “murmuraciones indecentes”,  la  circulación de “pasquines violentísimos”, en previsión de una desgracia, pedía al Virrey “tomar una providencia severa y pronta, que a la vez sea definitiva”

            Por la abierta oposición del Tribunal,  el Claustro,  el Cabildo y los Doctores, mucho más desde que “testó” el Acta; estimulado por su Asesor Pedro V. Cañete y alentado por la visita furtiva del Gobernador de Potosí, en previsión de un desenlace desagradable y antes de que lo defenestren, mandó apresar a los más peligrosos de los revolucionarios. Para los “independientes” el dilema estaba planteado: prender la chispa e incendiar Charcas, o no hacer nada y seguir sometidos al autoritarismo  de los godos hispanos. Se decidieron por encender la hoguera e inflamar toda Hispanoamérica poniéndose a la vanguardia del movimiento liberador, “pelear y morir” fue la sentencia revolucionaria.

Los aprestos de la víspera: Un cúmulo de hechos sucedieron desde el 11 de noviembre hasta la víspera del 25 de Mayo, el fruto de la revolución estaba maduro, en cualquier momento, se caería por sí mismo.

            Los conjurados se reunieron en la noche del 24 y ordenaron la táctica de  la sedición. Por su parte los miembros del Tribunal, después de un acalorado debate, acordaron pedirle al Presidente, su dimisión, advirtiéndole que, en caso de rechazo, era inminente un alzamiento popular y de consecuencias imprevisibles; pues, los españoles corrían peligro de muerte; en la mañana del 25, el Fiscal le entregó la nota respectiva.

La Revolución: García Pizarro, enterado de la reunión, expidió los mandamientos de detención. El único detenido el Dr. Jaime Zudañez, tal como estaba planeado por los “independientes”; a las 7 p.m., el preso era conducido  por la calle del Cabildo eclesiástico –hoy N. Ortiz- voceando “conciudadanos favorecedme, me llevan al patíbulo” los gritos atrajeron mucha gente y se formó un tumulto,  sorprendidos e impotentes, le seguían pidiendo su libertad; ante la presión del gentío, sus captores desviaron con dirección al Cuartel de Veteranos, como continuaba la porfía de sus seguidores,  lo llevaron a la cárcel pretorial.

            Este incidente fue el “santo y seña” para los revolucionarios, tañeron las campanas en concierto convocando al pueblo a rebelarse, azuzados por los conjurados “Había estallado la revolución, cuya vorágine arrastró incontenible a todos los que ansiaban libertad”. Una muchedumbre heterogénea y anónima sacudió Charcas a los gritos de “Mueran García Pizarro y el arzobispo  Moxó””Viva el Rey””Viva la Patria””Viva la Libertad””Muera la Carlota” “Traidores”, armados como sea se arremolinaron frente a la Casa Pretorialy calles adyacentes exigían la entrega de armas, García Pizarro irresoluto entregó cañones sin balas ni pólvora; luego exigieron fusiles para defender los derechos del Rey.

            Para calmar la furia popular, el Decano La Iglesia, le reiteró al Presidente, los términos de la primera nota, contrariado, desestimó el pedido y la entrega de armas de la Audiencia. Mientras, los manifestantes asaltaron el polvorín, sacaron armas y apostaron los cañones cargados con piedras arrancadas del suelo, las mujeres rasgaban polleras y faldas para tacos de los proyectiles. Michel, Ml. Zudañez, Lemoine, Monteagudo, Álvarez de Arenales y  otros atacaron furiosamente  la pesada puerta de la Audiencia, la guardia pretorial descargó sus armas para contener la arremetida de la multitud descontrolada, la balacera se generalizó y cayeron muertos y heridos, fue un pandemoniun.

            La Revolución de Independencia se puso en marcha en el plenilunio del jueves 25 de Mayo, comenzó la liberación hasta abatir al león de Iberia; los “independientes” vencieron esa noche.  Según el testimonio de los encausados en el proceso que les siguieron después de los sucesos de Mayo, los muertos fueron 30 y muchos los heridos. Fue la generosa ofrenda humana de Charcas  a la Libertad.

Las Heroínas: La revolución, jamás es la obra de un solo hombre o un caudillo, es de todo el pueblo; aquélla noche histórica, también actuaron excepcionales mujeres: Da. Manuela Ramírez de La Torre y su hija Mariana, madre y hermana de los Zudañez, María Antonia del Río, joven esposa del oidor Ussoz y Mosi y Da. Teresa Bustos esposa de J. Lemoine, y ¡cómo no! La intrépida e infatigable “chola” chuquisaqueña, personificada en Da. Martina Lazcano y otras anónimas, Ellas, incitaban y gritaban, amenazaban y golpeaban incontenibles, ora excitando y alentando a los insurgentes, ora confundiéndose con los combatientes y reñir junto a ellos, cargaron cañones, auxiliaron y asistieron a los caídos.

Epílogo: El tozudo Presidente recibió una tercera conminatoria para que resigne el cargo, aunque indeciso; pero, ante la gravedad de los hechos, sólo e impotente, a las 3 a.m. del día 26 de Mayo, firmó su dimisión y terminaba “…y por la salud de la tierra a todo me acomodaré, pues deseo darles gusto y tranquilidad al Pueblo” R.G y P.

La Audiencia Gobernadora: Efectiva la renuncia del Gobernador Intendente, el Tribunal asumió el mando político y militar de la Intendencia de Charcas, constituyéndose en el Primer Gobierno Propio, virtual Junta Gobernadora Autónoma que condujo Charcas, durante siete meses. Este desenlace se anunció al pueblo -4 a.m.- por sendos bandos leídos en las cuatro esquinas de la Plaza Mayor, escenario de los acontecimientos.

            Por auto de la Audiencia Gobernadora -27-V- se designó como Jefe Militar a D. José Antonio Álvarez de Arenales, inmediatamente organizó una milicia  de abogados, universitarios, comerciantes, artesanos y otros voluntarios, fueron 1012. Este pequeño ejército se armó como pudo y se apostaron en lugares estratégicos para detener cualquier ataque y defender la causa de la Patria. En el torreón construido en la salida a Yotala, el regidor Domingo Aníbarro osadamente enarboló una bandera roja con la inscripción en letras blanca POR LA PATRIA fue el  primer emblema que se alzó por la libertad.

            La Audiencia Gobernadora, entró de lleno a ejercer sus funciones específicas, también dio cuenta a las autoridades superiores sobre los sucesos de Chuquisaca. Los problemas militares y judiciales concitaron su mayor atención, no obstante, sus labores discurrían sobre ascuas, preocupada por quedar sola y el peligro latente de una incursión destructora de parte del Intendente de Potosí con apoyo del Virrey, además para prevenir cualquier movimiento reaccionario pizarrista, adoptó una medida heroica, enviar emisarios a todo el Alto Perú y los Virreinatos a divulgar, esparcir y reproducir la Revolución de Mayo y lograr apoyo a la causa liberadora.

Los “Heraldos de la Libertad”:  el Domingo 28, “muy al alba” partieron los emisarios a cumplir su cometido. A Cochabamba y Oruro fueron Michel y Tomás Alzérreca, después Justo Pulido acompañado de otros; no lograron su cometido, sólo dejaron muchos prosélitos; a La Paz el “malaco” Michel y Juan Antonio Paredes, éste pasaría al Cusco; Monteagudo a Potosí y Tupiza, luego iría a  Buenos Aires, donde, ya se adelantaron Moreno, Castelli y Paso,  quienes calcaron la insurgencia chuquisaqueña en su tierra argentina; Teodoro Sánchez Bustamante a Jujuy, el universitario Serrano a Salta; Mariano Sánchez de Loría a Tucumán; Lemoine y Moldes a Santa Cruz; otros, también en conexión con Charcas  crearon y|o prepararon  las condiciones para sublevarse y levantar Juntas para tomar el poder en reemplazo de los godos españoles y , así lo hicieron Michel, Medina y Mercado en La Paz; Manuel Rodríguez de Quiroga en Quito, Mariano Alejo Álvarez en el Perú; poco después Jaime Zudañez, el impenitente revolucionario y republicano, trabajó por la libertad de Chile, la Argentina y el Uruguay, donde rindió la vida, lejos de los suyos.

            Cuando “América dormía el sueño profundo de la servidumbre”, los “Heraldos de la Libertad”, reeditaron el “mal ejemplo” de Chuquisaca en todos los ámbitos de la América hispana.

            Es axiomático que, el 25 de Mayo de 1809, la Historia levantó el telón del primer acto, de los muchos que tuvo el drama de la Revolución de Independencia. El segundo acto -52 días después- en La Paz, fueron dos cráteres del mismo volcán y continuaron los otros pueblos hispanoamericanos, después de una larga guerra épica, el drama altoperuano culminó con la Declaración de Independencia -6-VIII-1825-, cuyos artífices fueron los revolucionarios y los combatientes que nos legaron la República de Bolivia, Nación libre y soberana, Patria de los diez millones de bolivianos que vivimos en Ella.

¡Gloria a los próceres de Mayo!