Tesis de ingreso a la
Sociedad Geográfica y de Historia "Sucre


LA CAÍDA DEL MURO DEL BERLÍN 
CAMBIOS Y SUCESOS EN EL SISTEMA MUNDIAL 1991 - 2011

 Lic. Saúl León Ostuño
Trabajo Presentado Para La Incorporación Como Socio de Número de La Sociedad Geográfica y de Historia "SUCRE" 

EL FIN DE LA GUERRA FRÍA Y SUS REPERCUSIONES EN EL MUNDO

1. Etapa Multilateral

El Sistema Internacional de la década de los noventa se caracterizó como “Unipolar y Multipolar”. Estuvimos en un mundo Unipolar en términos de un poder hegemónico con supremacía militar-estratégica global, los Estados Unidos de Norteamérica, y en un mundo Multipolar en materia económica, debido a que Estados Unidos compartió su primacía con la Unión Europea y la región de Asia Pacífico liderada por Japón, conformando así lo que se ha dado en llamarse la Tríada económica.

Para Europa, el unilateralismo estadounidense es producto del desequilibrio de poder que surgió tras la caída del bloque soviético, por lo que el multilateralismo es necesario para restaurar la distribución de poder, lo cual se expresa en su compromiso a favor de la gobernabilidad del Sistema Internacional y fortalecimiento de las instituciones multilaterales al servicio de un mundo pluripolar. Precisamente, el reto de Europa, Asia y América Latina ha sido desafiar el Sistema Unipolar mediante la conformación de bloques políticos y económicos, y utilizando mecanismos multilaterales para promocionar un Sistema Pluripolar.

El nuevo Orden Internacional, post Guerra Fría, aunque sea considerada "Multipolar", está evidentemente marcado por el predominio hegemónico norteamericano. El marco de ese "nuevo" liderazgo se dio durante los prolegómenos a la guerra del Golfo, con las gestiones de Estados Unidos junto a las Naciones Unidas y el Consejo de Seguridad. Desde entonces, este país pasó a ser el centro del poder político y económico mundial. Esto ilustra muy bien una de las características de la globalización neoliberal, la excesiva concentración de poder económico y político en manos de pocos actores - y principalmente en un país - y la asimetría de la concentración espacial del mismo en pocos locales.

Entre los hechos destacados de esta etapa figuran:

Medio Oriente

- La Guerra del Golfo Pérsico de 1990-1991: fue el primer gran conflicto de la nueva era y puso de relieve algunas de las claves del nuevo orden internacional, como el surgimiento continuo de nuevas amenazas a la paz, la creciente contraposición entre el mundo musulmán y el occidental, así como la hegemonía político-militar de los EEUU. El conflicto fue en buena medida hijo de la larga guerra entre Irak e Irán (1980-1988), en el que el país gobernado por Saddam Hussein había sido utilizado tanto por Occidente como por la Ex URSS como un dique de contención del fundamentalismo islámico encarnado por Jomeini. La necesidad de reconstruir su país y de sostener al enorme ejército llevó a Hussein a la invasión de su pequeño vecino Kuwait, en realidad una antigua provincia iraquí, sin considerar una respuesta militar occidental que hubiese resultado imposible en la lógica de la Guerra Fría. Sin embargo, a la generalizada condena suscitada por la violación de la legalidad internacional, se sumó la enorme importancia de Kuwait como productor de petróleo y la fortaleza que podía alcanzar Irak como potencia regional en una zona tan sensible como la del Golfo Pérsico. El resultado fue la intervención militar de los EEUU y sus aliados, apoyada por la ONU y con la inhibición de la tambaleante ex Unión Soviética. De esta manera parecía asentarse este nuevo orden mundial basado en la hegemonía americana.

El mundo musulmán ha sido desde entonces uno de los principales focos de conflicto y tensiones internacionales.

Europa

En Europa, el fin de la Guerra Fría provocó básicamente dos reacciones contrapuestas:

 En el occidente se acentuaron los procesos de integración. Tras la firma del Acta Única en 1986, los doce países asociados en la Comunidad Económica Europea (CEE) firmaron el Tratado de Maastricht de 1992 que daba nacimiento a la Unión Europea.

En la Europa Central y Oriental, el derrumbamiento de los sistemas comunistas y de la Ex URSS abrió un período de disgregación política.

Guerra de Yugoslavia

La caída del régimen comunista organizado por Tito despertó los enfrentamientos nacionalistas entre los pueblos de la Federación Yugoslava. La política ultranacionalista del líder comunista serbio Slobodan Milosevic produjo la reacción de las otras repúblicas yugoslavas.

En 1991, Eslovenia y Croacia declararon su independencia lo que provocó una cruenta guerra entre serbios y croatas.

La situación se hizo aún más dramática cuando un año más tarde la guerra se trasladó a la vecina Bosnia-Herzegovina. El conflicto étnico entre serbios ortodoxos, croatas católicos y bosnios musulmanes trajo de nuevo a Europa los fantasmas del nacionalismo radical y la "limpieza étnica".

La desintegración de la antigua Yugoslavia y los nacionalismo étnicos enfrentados en la zona han dado lugar a la guerra entre Croacia y Serbia, iniciada en 1991 y extendida luego a Bosnia-Herzegovina (1992-1995), y posteriormente a la guerra de Kosovo (1998-1999), conflictos marcados por la extensión de una brutal táctica de “limpieza étnica” y la desafortunada intervención occidental. En la zona del Cáucaso hay que señalar el conflicto de Chechenia (entre separatistas chechenos y tropas rusas), pero también los de Georgia, Armenia/Azerbaiyán, etc., mientras que en las repúblicas de Asia Central (Tayikistán, Uzbekistán) existe una situación de gran inestabilidad por las tensiones políticas y étnicas. En estas zonas de la ex URSS las divisiones étnicas y la tendencia heredada al autoritarismo político se unen a la extensión del fundamentalismo islámico.

Otras zonas del mundo

Hay que destacar la grave situación de África, marcada por la miseria, los enfrentamientos étnicos y las guerras. Si bien algunos conflictos ligados a la Guerra Fría pudieron solucionarse en los años noventa (Angola, Mozambique, hasta cierto punto Sudáfrica), se desataron otros étnicos y fracciónales (Ruanda y región de los Grandes Lagos, Congo, Somalia, Liberia, Sierra Leona, Sudán); continúa estancado, aunque apagado por una larga tregua, el problema del Sáhara Occidental. En la mayor parte del África subsahariana la guerra, la enfermedad (con la extensión pandémica del SIDA) y el hambre forman un círculo vicioso difícil de romper, que condena a la miseria y la muerte a millones de africanos.

Por otro lado, conflictos localizados como la brutal guerra entre las comunidades Hutus y Tutsis en Ruanda y Burundi (1990-1994) hacen patente las dificultades de la comunidad internacional y la ONU para instaurar un "nuevo Orden Mundial" que permitiera avanzar hacia un futuro basado en el respeto de los derechos humanos, la solidaridad internacional y los valores democráticos.

CONFLICTOS DURANTE EL SIGLO XXI

Etapa Unilateral

El 11 de septiembre de 2001, las Torres Gemelas y el Pentágono, epicentros financieros y militares de Estados Unidos respectivamente, fueron derribados por aviones secuestrados por terroristas de Al Qaeda, bajo el liderazgo de Osama Bin Laden. El mayor impacto de estos ataques fue a nivel simbólico pues no solo pusieron en entredicho la inquebrantable seguridad y supremacía norteamericana, sino que también alertaron a Europa sobre los actos terroristas que sobrevendrían a los países de la UE, por su cercanía política y militar con EE.UU. Así, las inevitables consecuencias de las dinámicas de globalización y un evidente nuevo contexto de seguridad, caracterizado por la percepción de amenazas globales como el        terrorismo, el desbordamiento nacional de conflictos civiles, las redes globales de crimen organizado, etc., fomentó un amplio consenso al interior de la UE para reformular su Política Exterior y concretar una estrategia común, que definiera el alcance de la acción exterior europea en el mundo.

El fin del Sistema Bipolar le proporcionó a Estados Unidos un poder absoluto en el escenario mundial. No obstante, ser la potencia mundial en un sistema ciertamente unipolar no significó la adopción automática de una política unilateral. El gobierno de Bush padre, así como la administración Clinton durante su primer periodo, asumieron cierto tipo de multilateralismo con sus aliados de Europa, Asia y América en el orden económico y de seguridad que le sirvió para resguardar sus intereses hegemónicos. La culminación de las negociaciones para la conformación de la Organización Mundial de Comercio y la ratificación de los acuerdos alcanzados en la Ronda de Uruguay,  así como la coalición de fuerzas internacionales que expulsaron a Saddam Hussein de Kuwait y la firma del Tratado de Prohibición de Pruebas de Armas Nucleares, se desarrollaron en el marco de una política multilateral que jamás puso en riesgo el predominio mundial de Estados Unidos.

Sin embargo, durante el segundo mandato de Clinton, el Multilateralismo de Washington comenzó a experimentar una creciente competencia por parte de sus más cercanos aliados, que a través de iniciativas multilaterales junto a organizaciones no gubernamentales y grupos de interés introducían nuevas restricciones a su poder absoluto. El momento clave que identifica el cambio del multilateralismo hacia el unilateralismo que la administración Bush (hijo) profundizó con su doctrina de guerra preventiva, fue el proceso que lideró el gobierno canadiense junto a diversos actores internacionales para la firma del Tratado de Prohibición de Minas en diciembre de 1997 sin ofrecer la posibilidad de presentar excepciones o reservas tal y como lo había solicitado Estados Unidos para la Península Coreana. Lo mismo ocurrió cuando Washington debió firmar el tratado para el establecimiento de la Corte Penal Internacional sin las excepciones que solicitó para los países miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, provocando así la ira de la derecha estadounidense que vio en estos acuerdos - y en el multilateralismo en general - una forma de restringir el poder absoluto de Estados Unidos. Atrapado entre los principios multilaterales de la política demócrata liberal y la presión de un senado dominado por republicanos derechistas, el presidente Clinton asumió una política ambigua que por una parte honraba los tratados firmados, pero no tomaba pasos definitivos hacia su implementación. Una vez en la presidencia, Bush hijo abandonó sin vacilación el Protocolo de Kioto y el tratado que conformaba la Corte Penal Internacional, abocándose hacia una política unilateral que le permitiera resguardar el sistema unipolar mundial tal y como lo indica la ideología neoconservadora.

El Sistema Westfaliano operaba en la guerra y la paz entre Naciones-Estado recién formadas, basadas en ejércitos poco “nacionales. Hoy la guerra es otra. Más allá de la tecnología, existe el terror. Esta nueva guerra opera por redes, no se basa en ejércitos y no necesariamente en Estados Nacionales. No precisa de alta tecnología para destruir y matar: convoca a iluminados y creyentes que se disponen a morir. Contra el terror, que parece ser el enemigo real de la paz y la democracia, ¿de qué ventaja goza el "unilateralismo global" de los estadounidenses?

Crisis económica

Por razones más históricas que lógicas el siglo pasado fue dominado por la oposición entre dos tipos de economía mutuamente excluyentes: el “socialismo", identificado con las economías planificadas centralmente del tipo soviético, y el “capitalismo", que cubrió todo el resto.

Esta aparente oposición fundamental entre un sistema que buscó eliminar el lucro de la empresa privada y el otro que procuraba eliminar toda restricción del sector público sobre el mercado, nunca fue realista. Todas las economías modernas deben combinar lo público y lo privado de variadas maneras y de hecho lo hacen. Las dos tentativas de cumplir a rajatabla con la lógica de esas definiciones de “capitalismo” y de “socialismo” han fracasado. Las economías de planificación comandada por el Estado de tipo soviético no sobrevivieron a los años 80 y el “fundamentalismo del mercado” anglo estadounidense, sobredimensionado desde 1990 con un discurso  inequitativo, estallo en 2008.

El año 2008 dio la bienvenida a los altos precios de los alimentos, una disparada cotización del barril de crudo, la crisis en las hipotecas, desembocó en dificultades  que obligaron a planes de salvataje financieros y bancarios, generando una recesión con epicentro en Estados Unidos, pero con implicaciones en el resto de países desarrollados y no desarrollados.

La crisis financiera se originó en los talones de las crisis de alimentos y de combustible. Ahora el mundo está en medio de una crisis económica que desencadenará muchas pérdidas de empleos. Prácticamente ningún país ha salido indemne. Se está en una nueva zona de peligro, con mayores riesgos para las exportaciones y la inversión, para el crédito, los sistemas bancarios, los presupuestos y las balanzas de pagos.

Todo empezó en el sector inmobiliario de Estados Unidos con el crecimiento incontrolable de las hipotecas subprime (negocios basura), consistente en créditos a personas con poco historial financiero.

La crisis financiera global, resultado de una combinación peligrosa de: especulación y avaricia, promoción abierta y activa de la apertura de los mercados de capital a bancos extranjeros e instrumentos financieros innovadores, y la falta de control y regulación. Los países industrializados, y no tanto, culpan a Estados Unidos por la crisis, en tanto éste sostiene que el consumo americano no puede ser el único motor del crecimiento, y que este último arrastró al mundo durante el reciente ciclo ascendente. Sin embargo en esta crisis hay muchas responsabilidades y culpas compartidas. Esta es la crisis más predecible de la historia reciente. Sobraban las advertencias de que ese crecimiento era insostenible. Sobraban también las advertencias de la tormenta que se avecinaba.

La crisis financiera que estalló el año 2008, en la práctica, aceleró un proceso de redistribución del poder que ya antes del estallido de la burbuja se apreciaba inevitable, pero que las naciones del G-7 se resistían a admitir.

En la crisis actual, es preciso tener este panorama para poder explicar la situación de los Estados Unidos de Norteamérica y su rol en el mundo, así como de otros liderazgos que están surgiendo, como el caso de China. Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.Los siete países más industrializados -a los cuales por su específica relevancia en la arquitectura post Guerra Fría se suma Rusia- y que integran el Grupo de los 8,  han decidido asumir las nuevas realidades de una economía globalizada y resolvieron desde septiembre de 2009 en Pittsburgh (Estados Unidos de Norte América), transformar al Grupo de los 8 en el principal foro económico mundial: El Grupo de los 20. Este conglomerado lo constituyen el G-8 y un conjunto de países emergentes. Entre estos últimos se encuentran China, India, Indonesia y Corea del Sur, además de tres naciones latinoamericanas: México, Brasil y Argentina. Este renovado modelo de convergencia aspira a convertirse en el espacio donde se consensuen las estrategias de desarrollo para la reactivación. El G-20 concentra más de 90% del PIB mundial, 80% del comercio y dos tercios de la población. Estas cifras dan cuenta del carácter de motor de la recuperación que puede jugar el referente. Con todo, el G-8 se mantendrá en funciones, aunque su propósito específico se concentrará en materias de seguridad y política multilateral. Hoy las nuevas economías son claves en la reorganización de los mercados reales, financieros y de servicios, para superar la recesión y asignarle una nueva orientación a lo global.

La conversión del G-7 al G-20 desde 2009, presionado por encontrar una salida a la crisis, parece establecer algunas nuevas normas en el régimen económico (supresión de paraísos fiscales, intervención estatal en el mercado financiero, etc.). Son procesos en los que hay que poner especial atención; la teoría de la Interdepencia Compleja pueda explicar estos procesos, dado que la situación parece alejarse de una explicación de “seguridad nacional”.

La interdependencia de las fuerzas productivas tiende hacia la globalización de viejos y nuevos problemas, es decir, hacia la imposibilidad de resolverlos en la escala nacional o incluso continental. Entre los viejos problemas, están ante todo los del subdesarrollo: el hambre, las epidemias, la guerra. Entre los nuevos, se ubican las catástrofes que amenazan con la destrucción física de la especie humana: las armas nucleares y la destrucción de la biosfera.

Mirando más allá del Sistema del G-20, se necesita una estrategia del siglo XXI para el Multilateralismo, a través del dinamismo de una red flexible, no de nuevas jerarquías en un sistema fijo o estático.

El nuevo Multilateralismo debe maximizar las fortalezas de los actores e instituciones interdependientes e imbricados, tanto públicos como privados. Debería ir más allá del interés tradicional en las financias y el comercio, para incluir otras cuestiones económicas y políticas apremiantes: desarrollo, energía, cambio climático y estabilización de los estados frágiles y que han sufrido conflictos. Debe reunir a las instituciones internacionales existentes, con su experiencia y recursos, para implementar las reformas necesarias y alentar la cooperación efectiva y la acción común.

El multilateralismo, en el mejor de los casos, es un medio para la solución de problemas entre los países, ya que el grupo que está sentado a la mesa está dispuesto y en condiciones de emprender una acción constructiva en conjunto. Necesita extraer su fuerza -y su legitimidad- tanto de una participación más amplia como del logro de resultados. La cumbre del G-20 de noviembre de 2009, por primera vez, trajo a la mesa a potencias en ascenso como participantes activos para resolver la crisis financiera global. Ellos acordaron una buena agenda, pero la verdadera prueba residirá en lo que se haga.

El primer discurso del Presidente Barack Obama en la Asamblea General de las Naciones Unidas en el 2009, podría marcar un nuevo rumbo en la geopolítica estadounidense y mundial.  Obama renuncia al unilateralismo que ha marcado la política mundial en la última década. Y lo hace porque piensa que la magnitud y la urgencia de los problemas son tales que sólo una acción mancomunada y global puede permitir gestionarlos. Quiere detener la proliferación nuclear y llegar al desarme parcial de los arsenales de destrucción. Tomar medidas para mitigar el cambio climático. Acabar con Al Qaeda y prevenir el terrorismo global. Lo cual en parte está ligado a una estrategia de desarrollo compartido, de lucha contra la pobreza, las hambrunas y las epidemias. Y busca una estrategia coordinada para superar la crisis económica porque sabe que la mejora actual es frágil por ser consecuencia de la descomunal inyección de dinero público, cuyos efectos se irán diluyendo.

Un aspecto de la política global es la aparición de una multiplicidad de actores que tienen intereses diversos en temas específicos. En una visión aceptada hoy en día, se puede decir que estos se pueden clasificar entre actores estatales, del mercado y de la sociedad civil, entendiendo esta como grupos que buscan representar intereses específicos de un sector de la sociedad (ambiente, empleo, etc.). Esto siempre plantea un problema de gobernabilidad importante, puesto que no es fácil el proceso de institucionalizar un régimen que pueda responder a la multiplicidad de intereses.

Tal imagen se puede extrapolar al ámbito internacional. El proceso de liderazgo está afectado por varios aspectos, tanto de competencia doméstica como externa. Ciertamente Estados Unidos de Norteamérica perdió liderazgo en materia marítima por un proceso político que “favorece” a los países más débiles. Así también, en el ámbito monetario, la “emergencia” de nuevas potencias económicas, la presión de grupos internos afectan la política de este país en el contexto internacional y, por ende, su capacidad de liderazgo.

El mundo ha pasado a ser Multipolar. Varios grandes países –Brasil, Rusia, la India, China, Sudáfrica– forjan alianzas al margen de las potencias tradicionales. En Sudamérica, Bolivia, Ecuador y Venezuela exploran nuevas vías del socialismo. La formación del G-20, con motivo de la crisis económica global, confirma que los países ricos no pueden solventar solos los principales problemas mundiales.

La globalización es una consecuencia del desarrollo del Sistema Capitalista. Habrá que realizar regulaciones y reformas en el Sistema tras ésta crisis económica mundial que no es más que la evidencia de la necesidad de un nuevo orden tras todos los cambios que se han producido mundialmente en los últimos veinte años.

CONCLUSIÓN

En 1989, cayeron sucesivamente varios regímenes políticos y económicos de lo que, eufemísticamente se habían acuñado como “socialismo realmente existente”. Pero otros, como China, aceleraron ajustes económicos manteniendo el autoritarismo político hasta hoy. No obstante, las ideas y principios de la “utopía socialista” se mantuvieron atenuados en un principio por el cataclismo de 1989 para renovarse posteriormente.

El derrumbe de la ex URSS en 1991 constituyó la concreción histórica más evidente de los efectos radicales de la globalización, y abrió una década de transición hasta el 11 de septiembre del 2001, la de la post Guerra Fría, caracterizada por la crisis del Sistema Internacional, la aparición de un nuevo tipo de conflictos y la extinción de la estructura bipolar de las relaciones internacionales.

La oportunidad histórica que constituyó la caída del Muro de Berlín se ha desperdiciado. El mundo de hoy tiene particulares desafíos. La crisis climática hace pender sobre la humanidad un peligro mortal. Y la suma de las cuatro crisis actuales –alimentaria, energética, ecológica y económica- dan temor. Las desigualdades han aumentado. La muralla del dinero es más imponente que nunca. El muro que separa el Norte y el Sur permanece intacto: la malnutrición, la pobreza, el analfabetismo y la situación sanitaria incluso se han deteriorado, particularmente en África. En este estado de cosas, no es conveniente hablar del muro tecnológico.

Vivimos en un mundo de Interdependencia Compleja  y dinámico en el cual han aparecido nuevos actores y nuevos problemas que de alguna manera redefinen las interacciones entre los actores del Sistema. No se trata solamente del hecho de que hicieron su aparición nuevos actores, sino además del hecho de que las normas que regulan las interacciones entre los actores no parecen ser suficientes para enmarcar las nuevas dinámicas que caracterizan al Sistema. Es particularmente importante destacar el hecho de que han aparecido nuevos temas de agenda que son tan complejos y tan dinámicos que no pueden ser resueltos de manera individual por ninguno de los actores, sin importar cuáles son sus potencialidades de poder. Son temas que se entrecruzan y que traspasan fácilmente las fronteras del Estado Nacional. Lo cierto es que esta línea de investigación debe ser profundizada a los efectos de revisar las implicaciones de estos asuntos sobre la gobernabilidad global.

Estados Unidos de Norteamérica continúa siendo la primera potencia, tiene el poder económico, pero, por otra parte está China que compró su deuda y sin la cual EE.UU. quebraría.

Los veinte y un años transcurridos desde la caída del Muro de Berlín permiten observar en perspectiva la magnitud de los cambios ocurridos en el escenario internacional, así como las brechas entre las expectativas que ese acontecimiento despertó en todo el mundo y las complejas y contradictorias realidades que se vivieron desde entonces hasta el presente.

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Renee Isabel Mengo (Marzo 2010) ECI-UNC