"MELCHOR DAZA"
PRÓCER DE LA GUERRA DE INDEPENDENCIA

Dr. José Luís Baptista Morales
Secretario General Sociedad Geográfica y de Historia "Sucre"

Discurso pronunciado por José Luís Baptista Morales en el acto de presentación del libro acerca de ese prócer, escrito por su descendiente Ernesto Daza Rivero, en la ciudad de Sucre en la Casa de la Libertad el 11 de agosto de 2011

Muchos historiadores expresaron profunda consternación por la pérdida irreparable de documentos que, si se hubieran conservado, serían útiles hoy para esclarecer pasajes oscuros de nuestro pasado o para dar noticia fidedigna sobre aspectos totalmente ignorados. La desaparición de gran parte de esos documentos y de objetos de gran valor cultural, fue, lamentablemente, consecuencia de actos vandálicos originados en disturbios de carácter político. Algunos, no muchos, tuvieron origen en desastres naturales. Es penoso señalar que otra de las causas para la desaparición de valioso material de orden histórico proviene del descuido, la ignorancia o la penuria de los deudos de personas que en su tiempo tuvieron rol protagónico.  

Es por ello loable el gesto de los miembros de algunas familias que, a través de los años, de una a otra generación, han preservado piezas procedentes de la acción de sus antepasados, que, por su esencia, tienen el carácter de patrimonio histórico nacional. Tal comportamiento proviene sin duda de dos fuentes de origen afectivo hondamente emocional, pues el uno  es resultado de un legítimo orgullo familiar  y el otro es de orden patriótico por el ánimo de contribuir al mejor conocimiento de determinados hechos concretos. 

El acto que hoy nos congrega en este recinto justicieramente calificado como la Casa de la Libertad, porque en él se suscribió el Acta de la Independencia de nuestro país, es cabal muestra de esa labor de custodia, no cultivada por otras familias de similar situación.  

Uno de los Diputados cuya firma se encuentra estampada en esa partida de nacimiento de nuestra República, fue el Coronel Melchor Daza, quien participó en tal acto en representación de Potosí.  Sus descendientes conservaron durante más de ciento cincuenta años documentación valiosa  que, proveniente de él, es fuente importante de orden histórico para el lapso comprendido entre 1810 y 1850.  

Este acto ha sido convocado para proceder a la presentación de un libro sobre tan esclarecido ciudadano, escrito por el doctor Ernesto Daza Rivero, descendiente del prócer. 

Como se puede apreciar por la lectura de ese libro, la vida heroica de Melchor Daza tuvo comienzo con los sucesos del 25 de mayo de 1809, pues inmediatamente después de ellos, Bernardo Monteagudo obtuvo en Potosí la adhesión a ese movimiento por parte de algunas personas entre las cuales figura Melchor Daza. Tal circunstancia constituye un extraordinario punto de referencia tanto por su edad temprana, 18 años, pues nació en 1791, como por el hecho de su pertenencia a la clase social dominante. Al respecto, el historiador Joaquín Gantier expresó que, tomando en cuenta su cómoda situación económica y social, no sabemos por qué abrazaría la causa de la emancipación, y agregó, como conjetura, que ello se produjo seguramente debido a que su conciencia lo condujo a la rebelión ante la inmisericorde explotación del indígena. 

Destituidos de sus cargos y sometidos a proceso los Oidores que en mayo de 1809 desplazaron al Presidente de la Audiencia, Ramón García Pizarro, exactamente un año después, en Buenos Aires, sede del Virreinato, se depuso al Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y se estableció un nuevo régimen con la denominación de Junta de Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata.  

Dicha Junta no fue reconocida por el nuevo Presidente de la Audiencia de Charcas, Vicente Nieto, ni por el Gobernador Intendente de Potosí, Francisco de Paula Sanz, quienes pusieron a las Provincias del territorio de Charcas bajo el mando del Virrey del Perú, José Fernando de Abascal, el cual el 11 de julio de 1810 decretó  la anexión de todas ellas a ese Virreinato. 

Esa determinación de anexión originó la reacción de la Junta de Buenos Aires presidida por el potosino Cornelio Saavedra, que, a fin de evitar las escisión de las Provincias del Río de La Plata, envío a estas regiones un ejército comandado en forma conjunta por el militar Antonio González Balcarce y por el abogado Juan José Castelli, graduado en la Universidad de San Francisco Xavier. 

Tales fuerzas, calificadas posteriormente como Primer Ejército Auxiliar Argentino, tuvieron un encuentro con las fuerzas realistas en Cotagaita con resultado desfavorable, pero poco después derrotaron a esas fuerzas el 7 de noviembre de 1810 en la Batalla  de Suipacha. Como consecuencia inmediata de esa acción, se produjo el día 10 de ese mes en Potosí una sublevación contra la autoridad de Nieto, la cual puso nuevamente a esa Provincia como dependiente de Buenos Aires.  En esa acción desempeñó un destacado rol el joven Melchor Daza, de sólo 19 años de edad, quien arengó a la población a favor de ese movimiento desde un balcón de la casa de Gobierno. 

 Quedó asegurado el dominio rioplatense en las Provincias de Charcas por el fusilamiento de Nieto y de Francisco de Paula Sanz, ordenado por Castelli, quien, poco antes de ingresar a esos territorios,  hizo fusilar en Córdoba a Santiago de Liniers, Virrey del Río de La Plata de 1807 a 1809. 

Ante tal situación, el Virrey Abascal del Perú ordenó que, para rechazar a los insurrectos, un ejército al mando de José Manuel de Goyeneche crucara el río Desaguadero, zona reconocida de antiguo como frontera entre los Virreinatos del Perú y de La Plata. Los regimientos comandados por González Balcarce se pusieron en marcha para repeler la invasión. Melchor Daza se incorporó a esas fuerzas. El encuentro se produjo el 20 de junio de 1811 en Guaqui, proximidades del Lago Titicaca, con resultado adverso para las tropas llamadas auxiliares. Una facción del ejército patriota al mando del rioplatense Eustaquio Díaz Vélez y del cochabambino Estéban Arze, fue derrotada por los realistas en Hamiraya, zona del valle cochabambino. 

Como consecuencia de esas derrotas, decidido el retorno de los integrantes de ese primer ejército auxiliar a su lugar de origen, Melchor Daza salió con ellos del país y se mantuvo en esa línea lealmente hasta el final de la Guerra de Independencia. Radicado en consecuencia primero en Jujuy y después en Salta, admitido ya oficialmente en la fuerza militar de las Provincias Unidas del Río de la Plata, actuó el 24 de septiembre de 1812 a órdenes de Manuel Belgrano en la Batalla  de Tucumán, que venció al General realista Pío Tristán, hecho por el cual obtuvo una  medalla en premio por su comportamiento.   

El 20 de febrero de 1813, teniendo ya el grado de Teniente, fue el día de su tercera acción bélica, hecho conocido como Batalla de Salta, en el lugar denominado Pampa de Castañares, donde se produjo el segundo enfrentamiento entre las fuerzas realistas de Pío Tristán y las patriotas de Manuel Belgrano, que derrotó nuevamente a su adversario. En esa acción, Melchor Daza obtuvo su segunda medalla y fue ascendido al grado de Capitán. 

Después de esas dos victorias, un nuevo contingente, conocido como Segundo Ejército Auxiliar Argentino, bajo el mando de Belgrano, al cual estuvo integrado Melchor Daza, ingresó a territorio de la Audiencia de Charcas. Ese ejército fue derrotado al Norte de Potosí por  los realistas comandados por el General Joaquín de la Pezuela, el 1º de octubre de 1813 en Vilcapugio. Al emprender la retirada hacia Potosí, Belgrano ocultó detrás del altar de la iglesia de Macha dos de las banderas que identificaban a los patriotas, una de las cuales se conserva desde 1885 en esta Casa de la Libertad. Una segunda derrota de los patriotas se produjo en Ayohuma, también por acción de Joaquín de la Pezuela, el 14 de noviembre de 1813. Después de esas dos derrotas, la conducción del Ejército Rioplatense estuvo a cargo del General José de San Martín. 

Melchor Daza fue asignado al Regimiento cuyo jefe era Martín Güemes. Ese mismo año, 1813, fue designado Diputado por Potosí para participar en la Asamblea General Constituyente de Buenos Aires. Un nombramiento semejante recibió para ser representante de Potosí en el Congreso de Tucumán reunido el 9 de julio de 1816 que declaró la independencia. No se posesionó para ejercicio de ninguna de esas dos funciones por su compromiso en acciones militares. 

Participó en las acciones del Tercer Ejército Auxiliar Argentino que, al mando de José Rondeau, fue derrotado por la fuerzas del General realista Joaquín de la Pezuela en la Batalla de Viloma, cerca de Sipe-Sipe, en la región de Cochabamba el 29 de noviembre de 1815. 

El 13 de septiembre de 1816 murió el guerrillero Manuel Ascencio Padilla, debido a lo cual su esposa Juana Azurduy solicitó la ayuda de Güemes. La compañía encargada de prestar esa ayuda estuvo confiada, entre otros, a Melchor Daza. También en 1816 se produjo un movimiento autonomista en Santiago del Estero, para la represión del cual actuó el regimiento en el que Melchor Daza prestaba servicios. 

En 1817 ingresó al actual territorio boliviano el Cuarto Ejército Auxiliar Argentino al mando de Gregorio Araoz de la Madrid, en el que participó Melchor Daza. A esas tropas se incorporaron en la zona de Tarija los Guerrilleros Francisco de Uriondo, Eustaquio Méndez y José María Avilés. En esa nueva fase, las acciones se iniciaron el 15 de abril de ese año con la batalla de La Tablada en la que se derrotó a las fuerzas realistas, uno de cuyos oficiales, Andrés de Santa Cruz, cayó prisionero y se incorporó poco después al bando patriótico. En el parte presentado a su Gobierno acerca de esos hechos, Araoz de la Madrid mencionó de modo especial la actuación heroica de Melchor Daza. 

Tiempos fueron esos de convulsión interna en la actual República Argentina, en que se inició la dura lucha entre unitarios y federalistas. Habiéndose pronunciado por el principio unitario el regimiento a cargo del General José María Paz, en el cual Melchor Daza prestaba servicios desde 1818, los integrantes de ese cuerpo actuaron en 1819 contra los federalistas en la batalla de La Herradura en Córdoba. Entre ellos estuvo Melchor Daza quien luego participó en 1820 en la Sublevación de Arequito, bajo el mando del General paceño José María Pérez de Urdininea. 

En septiembre de 1821, Sucre, después de haber sido derrotado por efectivos comandados por el General realista Melchor Aymerich, solicitó auxilios al General José de San Martín, quien asignó para ese efecto al General Andrés de Santa Cruz quien comandó un regimiento al que fue incorporado Melchor Daza. Las tropas combinadas procedentes por una parte del que fue Virreinato de Nueva Granada y por otra parte del que fue Virreinato del Río de La Plata, vencieron el 24 de mayo de 1822 a las fuerzas realistas en la batalla de Pichincha, cerca de Quito, la cual dio origen a la fundación de la República del Ecuador. Por su actuación heroica en esa batalla, Melchor Daza recibió una medalla con la inscripción: “A los Libertadores de Quito”. 

 Después de esa acción bélica, el batallón al que estuvo asignado Melchor Daza retornó al Río de La Plata. Ese mismo año de 1822, el 27 de julio, se produjo en Guayaquil el famoso encuentro entre Simón Bolívar y  José de San Martín, según el cual el esfuerzo final para lograr la independencia de todas las regiones de la América del Sur dependientes de España quedaría exclusivamente a cargo de las fuerzas colombianas dirigidas por Simón Bolívar. 

Otro acontecimiento, de gran trascendencia para el futuro de las   Provincias de la Audiencia de Charcas, fue la llamada “Guerra Doméstica” entre realistas, surgida de dos corrientes políticas, una partidaria de un régimen monárquico absolutista dirigida por Pedro Antonio de Olañeta con mando en el Alto Perú, y otra alineada a favor de una monarquía constitucional de tendencia liberal cuyo jefes fueron, uno después del otro, los últimos Virreyes del Perú, Joaquín de la Pezuela primero y José de La Serna después. Ese enfrentamiento fue altamente favorable para la causa de independencia pues, por esa circunstancia, después de la derrota de los realistas el 6 de agosto de 1824 en la batalla de Junín, Olañeta, que contaba con un efectivo de 5.000 hombres, se negó a auxiliar al Virrey del Perú y no pudo el General Jerónimo Valdez, constitucionalista, prestar ayuda a éste. Sin el apoyo de esos efectivos, los realistas fueron derrotados en Ayacucho el 9 de diciembre de ese año de 1824. 

Entre tanto, en Buenos Aires, pese a reiteradas peticiones procedentes especialmente de Juan Antonio Álvarez de Arenales desde Salta, no llegaba a decidirse la conveniencia de otro ejército auxiliar para derrotar al General Olañeta antes de la llegada de las tropas colombianas. Tal determinación fue tardíamente asumida después de la batalla de Ayacucho mediante instrucción emitida por el Gobierno Argentino, en cumplimiento de la cual ingresaron a nuestro territorio varios regimientos, uno de los cuales estuvo a cargo del General José María Pérez de Urdininea, cuyo principal ayudante era Melchor Daza. 

En el mes de febrero de 1825 cruzó el Desaguadero el denominado Ejército Unido Libertador comandado por Antonio José de Sucre, quien, habiendo tomado de inmediato posesión de las regiones correspondientes a La Paz, Oruro, Cochabamba y Santa Cruz, se dedicó a preparar la guerra contra el General Olañeta que se encontraba en posesión de una parte del territorio. A partir de ese momento, en el seno del último reducto realista comandado por éste, comenzaron a producirse defecciones de Oficiales de alto rango, destacándose entre ellos el Coronel Carlos Medinaceli. 

Llegando por ese tiempo a Cotagaita las fuerzas comandadas por el General José María Pérez de Urdininea, dichas fuerzas se unieron a las de Medinaceli y juntas derrotaron al General Olañeta el 2 de abril de 1825 en la batalla de Tumusla, en la que participó Melchor Daza quien entonces tenía el grado de Teniente Coronel. 

En el mes de mayo estaban ya cumplidas las previsiones adoptadas por Sucre  para que se reúna la Asamblea que debía definir los destinos de estos territorios con sujeción al decreto que emitió el 9 de febrero de ese año. Inaugurada dicha Asamblea el 10 de julio en este recinto, entre sus integrantes figuró Melchor Daza en  calidad de Diputado por Potosí. 

Esa fecha se puede calificar como el inicio de una segunda etapa en la foja de servicios de Melchor Daza, pues desde entonces fue elegido varias veces representante de Potosí en el Poder Legislativo. Además, en su ciudad de origen desempeñó cargos en la administración pública. No por ello quedaron para siempre en el pasado sus servicios en el campo militar, pues, a invitación del Presidente Andrés de Santa Cruz, en el periodo de la Confederación Perú-Boliviana, fue incorporado al Ejército Nacional y, en esa condición, participó el 13 de agosto de 1825 en la Batalla de Yanacocha y el 7 de febrero de 1836 en la de Socabaya. Cinco años después, durante el Gobierno del General José Ballivián, con el grado de Coronel, intervino en la Batalla de Ingavi en la que pereció el Jefe invasor peruano Agustín Gamarra. Por su participación heroica en esos tres combates recibió otras tres medallas, las cuales, junto a las otras tres que le fueron otorgadas por su actuación en las Batallas de Tucumán, Salta y Pichincha, están hoy celosamente conservadas por sus descendientes. Falleció en 1850 en Potosí, ciudad de su nacimiento. 

El libro que sobre la vida del prócer Melchor Daza se presenta hoy en esta Casa de la Libertad, llena un vació en la historia de nuestro país sobre la angustiosa y larga guerra de quince años que culminó, en este recinto, el 6 de agosto de 1825, con la creación de nuestra República de Bolivia. Por ello su autor, el doctor Ernesto Daza Rivero, ha recibido hoy por parte del Custodio de esta Casa de la Libertad y del Presidente de la Sociedad Geográfica e Histórica de Sucre un merecido reconocimiento.