SOCIEDAD GEOGRÁFICA Y DE HISTORIA "SUCRE"


RECORDANDO A TRES ABOGADOS NOTABLES: LOS DOCTORES
RAÚL ROMERO LINARES, OSCAR FRERKING SALAS Y
PASTOR ORTIZ MATTOS.

 

Jaime Ampuero García

 ANTECEDENTES
Se dice en la historia de la humanidad, que “sólo vive el hombre que deja huellas o señales en sus obras o en los espíritus”,  y que, “no ha vivido más él que cuenta con más años, sino, él que ha sentido mejor un ideal y vive ennobleciendo los valores, como el honor, la amistad y la lealtad”. 

Recordando estos valiosos conceptos y valores, transcribo una parte del trabajo publicado en 1946, por don Vicente Donoso Torres, prestigioso catedrático de la Universidad de San Francisco Xavier Chuquisaca, comentando el libro Introducción a la Filosofía del Derecho del profesor Carlos Gerke, en cuyo análisis, bajo el título “La Crisis del Derecho y la Justicia”, dice:

 Hace algún tiempo que la humanidad atraviesa un periodo de crisis, en el cual los valores espirituales y morales que dignifican al hombre, han sido supeditados por los valores utilitarios y materiales dando margen al encumbramiento de los intereses bastardos, de la conveniencia sobre los intereses supremos de la verdad, la justicia, del bien y de la belleza [. . .y a continuación] las personas ya no se rigen en su vida ni en sus actividades por normas éticas superiores, sino por los instintos y el egoísmo, la satisfacción inmediata de las necesidades groseras del estómago y de los sentidos, sin reparar en los medios que emplea.  Y llevadas por estas bajas pasiones, van olvidando los preceptos morales y violan a cada paso las normas jurídicas establecidas por la ley.  El derecho, que es el principio que mantiene la convivencia social en vista de la justicia -- suprema reguladora de la vida, de la libertad y del honor -- ha quedado relegado al último término.  Los hombres de derecho, los hombres de ley, los jurisconsultos, los abogados, que antes de ahora eran los legítimos dirigentes de la política de la Nación, han sido suplantados por elementos profanos que se improvisan en el conocimiento y la formación de las leyes.  De donde resulta, por ejemplo, que en nuestro país se hagan constantemente reformas constitucionales inconsultas y se dicten leyes inapropiadas al ambiente y al momento histórico que vivimos.

No nos sorprende encontrar tantas similitudes en el comportamiento social, ético, cultural, jurídico y político de algunos hombres de ayer con relación a los hombres de hoy.  En el marco referencial de estos valiosos conceptos, resaltamos la vigorosa personalidad de abogados notables del siglo XX, como fueron: Raúl Romero Linares, Oscar Frerking Salas y Pastor Ortiz Mattos, que precisamente encarnan a los que defendían esos valores de libertad, justicia y democracia.  Es cierto que existen muchos otros, no menos dignos profesionales, a quienes dejamos para que otros acuciosos estudiosos lo hagan.   

De otra parte, siempre se corre el riesgo de no ser muy veraces o suficientes en este trabajo, que la Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre” me brinda la oportunidad de puntualizar y relievar algunas de sus dotes, con el propósito fundamentalmente de recordarlos siempre o más bien ponderar su conducta y emular el pensamiento de quienes brillaron en su lucha incesante por preservar las reservas morales e intelectuales de la sociedad, en aras de lograr una Patria linda y hermosa.  Porque primero Sucre y después Bolivia, tienen todo para serlo, siempre y cuando prevalezca la libertad, la igualdad, la seguridad y el respeto por la persona para vivir en paz, sin temores de ninguna naturaleza.  Por ello recordamos y recordaremos siempre de quienes hemos recibido grandes y sabias enseñanzas, ora en la Universidad a través de la cátedra, ora en la administración de justicia, o en el marco de la amistad.  Por fortuna todos ellos, recibieron en vida, como corresponde y merecían, los honores y el reconocimiento de su Patria.   

RAUL ROMERO LINARES  

Sin lugar a duda, el Dr. Raúl Romero Linares tiene un prestigio muy bien ganado en el Foro Nacional por su talento, su don de gente, su labor en la cátedra y en la judicatura nacional a lo largo de más de 50 años.  Nació en Potosí el 9 de octubre de 1907, y fue bisnieto del ilustre hombre público José María Linares, Presidente de la República de Bolivia, uno de los pocos hombres que supo administrar el país con disciplina y honradez, al extremo de llegar al poder con mucha fortuna y descender de él en la más absoluta pobreza. 

Su padre fue don Filomeno Romero, proveniente de una distinguida y acaudalada familia de Camargo, y su madre doña Florinda Linares, de ilustre prosapia de la Villa Imperial, quienes al nacimiento de su hijo Raúl, se trasladaron a vivir a Sucre.  Nuestro personaje hizo sus estudios primarios en la Escuela Fiscal de Niños “Daniel Calvo” de esta ciudad, centro motor de la misión pedagógica belga que había impulsado, sobre bases científicas, la nueva formación del hombre boliviano.  Sus estudios secundarios los hizo en el Colegio Nacional Junín, saliendo bachiller en Ciencias y Letras en 1926, título que servía para desempeñar cualquier cargo público, y especialmente escribir en la prensa como colaborador.  En ese entonces el Colegio Nacional Junín era el abanderado de la reforma educativa laica sustentada por el gobierno liberal, enfoque que no era compartido por el clero. 

Don Raúl ingreso a la Facultad de Derecho de la Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca, en 1927, cuando estuvo de Rector el Dr. Renato Riverín Azurduy, hombre de gran talento, siendo sus catedráticos los eminentes abogados, doctores Juan Francisco Prudencio, Guillermo Francovich, Adolfo Vilar Mendivil, Daniel Gamarra, Juan Fernández, Manuel María Vilar, Manuel Alberto y otros. 

Entre 1930 y 1931 estuvo como Rector de la Universidad el doctor don Jaime Mendoza, otro patricio boliviano, de quien se dice que:  “Aprendió que la justicia social debe guiar los espíritus de las personas y que la sinceridad y la franqueza tienen que servir para apartar las venalidades que exigen los éxitos políticos, acaso fue este gran hombre, junto con otro no menos notables como fue el Dr. Guillermo Francovich, los que le inspiraron e influyeron para elaborar su tesis sobre “La cuestión social en Bolivia”. 

Egresó de la Facultad en 1931 y al año siguiente se tituló como abogado, conjuntamente algunos de los que habían sido sus compañeros: Rafael García Rosquellas, Eduardo Ríos Durán, René Fortún Casso, J. Armando Torrico, Jorge Arce P., Benjamín Arce Moscoso y Luís Entrambasaguas  

Desde universitario, con un carisma muy propio de él, atrajo la atención no solamente de sus condiscípulos, sino de todos los estudiantes de la Facultad de Derecho, con quienes fundó el Centro de Estudiantes del cual fue su Presidente, acompañado de Humberto Ardúz, Rafael García Rosquellas, Alfredo Arce, José Fausto Reynaga y Manuel Oquendo Calvo, cuyo único objetivo era lograr la anhelada Autonomía Universitaria, siendo uno de los más notables agitadores y oradores, Rafael Gómez Reyes.

El Dr. Raúl Romero Linares expresaba que los universitarios de entonces, se ocupaban de escribir artículos en los periódicos, de efectuar reuniones culturales y de organizar “centros de estudio”, para leer y discutir los libros especialmente de José Ingenieros, de Palacios y de otros; los que iban pasando de mano en mano para que todos estuviesen bien informados. 

Fue esta semilla que germinó en 1930, cuando la Federación  de Estudiantes de Secundaria de Chuquisaca y la Federación Universitaria Boliviana dieron a conocer, en junio de aquel año, un “Manifiesto a los Universitarios de América”, que era una verdadera proclama y convocatoria a un Referéndum Popular, estando rubricado por Ramón Chumacero Vargas, Rafael Gómez Reyes, Carlos Alberto Salinas Baldivieso, Raúl Romero Linares, Julio Alvarado Daza, Alberto Echazú, Daniel Gamarra, Armando Zamora Arrieta, Luís Ponce Lozada, Alberto Salinas, Francisco Lascano y  otros. 

Finalmente, el 25 de julio de 1930 se creó mediante D.L. el Estatuto General de Educación, denominado “Sánchez Bustamante”, en homenaje de aquél gran patricio y tribuno que fue don Daniel Sánchez Bustamante.  Desde entonces las universidades bolivianas fueron declaradas “autónomas”, bajo el concepto de una Universidad Boliviana única, conformada en distritos pero conservando su unidad a través de un Consejo Supremo Universitario, con sede en la Universidad Mayor de San Francisco Xavier de Chuquisaca, declarada Central de Bolivia.  A partir de la Reforma Constitucional de 1938 todas las universidades bolivianas fueron reconocidas como autónomas e iguales en jerarquía. 

De esta manera, el Dr. Raúl Romero Linares, como muchos otros, tiene un sitial muy bien logrado en la historia de la universidad boliviana, así como en la conquista de su autonomía por habérselo visto actuar en esas lides, siendo probable que ahí exaltó su personalidad de auténtico universitario, irradiando sabiduría y una sólida formación académica y científica, no solamente en Derecho, sino en otras ramas del quehacer cultural, porque supo sembrar a cada instante lecciones de derecho, de civismo y de caballerosidad; porque su vida estuvo consagrada al trabajo, al estudio y a los grandes ideales por los que siempre había luchado. 

El Dr. Romero Linares era un vencedor, porque llevaba un espíritu fresco y limpio.  Por lo mismo, no le interesó la política, pero tomando en cuenta su recia personalidad, su vasta cultura y experiencia, casi se le obligó a ocupar cargos que supo desempeñar, con honradez acrisolada, habiendo por ello sido elegido Diputado Nacional por la provincia Zudáñez, en dos legislaturas de 1942 y 1943.

Durante su juventud, Sucre era una ciudad tranquila a pesar del movimiento político de los Partidos Liberal y Republicano, los únicos de esos tiempos, y el voto era calificado sólo para hombres que sabían leer y escribir.  La sociedad estaba dividida entre la aristocracia terrateniente, la clase media, artesanos y el campesinado marginado de todo, destinado a la servidumbre rural en las propiedades de los patrones.  La cultura era privilegio de pocos y se publicaban varios periódicos en la ciudad: La Industria” (1881- 1924), dirigido por José Manuel Gutiérrez; La Capital (1890- 1928), por Román Paz; La Mañana por el siempre recordado don Claudio Peñaranda; El País, por José Prudencio Bustillo; La Prensa (1915- 1953), también bajo la inteligente conducción de Claudio Peñaranda; y otros periódicos de estudiantes y obreros, además de revistas culturales.  Existían instituciones de mucho prestigio como la Sociedad Geográfica e Histórica “Sucre”, fundada en 1886,  a la que pertenecía el Dr. Romero Linares y la Sociedad Filarmónica Sucre, fundada en 1884.

En 1930, previa convocatoria y habiendo ganado el examen, Raúl Romero se incorporó como profesor de Historia y Geografía Nacionales a la Escuela Normal de Maestros, que por aquel tiempo se dividía en Normal de varones y Normal de mujeres.  La misión pedagógica belga, que había dejado un gran trabajo sobre la enseñanza, probablemente tuvo en Raúl Romero Linares un alumno aventajado y un profesor con mucha capacidad y verdadera vocación de servicio.  Seguramente, fue una gran experiencia que habría de servirle cuando después asumiera la cátedra de Derecho Civil en las Universidades de Chuquisaca y La Paz, donde descolló con talento y sabiduría. 

Comentaba que le gustaba visitar a don Alfredo Jáuregui Rosquellas, don Jaime Mendoza y a otros maestros, que eran talentos inalcanzables por su sabiduría, para conversar sobre diversos temas, y que siempre había encontrado en ellos muy buena disponibilidad para absolver sus dudas e inquietudes, lo que le llenaba de orgullo y le sirvió mucho en su vida personal y profesional. 

Raúl Romero Linares, a su retorno de la guerra del Chaco donde permaneció desde 1931 a 1935, y luego de titularse de abogado el 8 de enero de 1936 , mediante examen, se incorporó a la planta docente de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chuquisaca para dictar la materia de Derecho Civil.  Su mayor mérito en la docencia universitaria de Sucre y La Paz fue precisamente su sencillez y nobleza de espíritu, su excelente cultura y la confianza que supo despertar en sus alumnos, haciendo que su figura de amigo y catedrático, quede para siempre en la memoria de quienes lo conocieron.  Era un caballero en su conducta y en su modo de ser, despertaba admiración, simpatía y afecto al mismo tiempo, porque convencía con su palabra, inquietaba con su cultura y enseñaba con su sabiduría, a tal extremo que los universitarios de Sucre y La Paz le hicieron sendos homenajes y especiales distinciones que recibió en vida, con modestia. 

Cuando estuvo como docente en la Universidad de La Paz, a pedido de las autoridades y estudiantes universitarios, publicó su muy conocido libro Apuntes de derecho civil boliviano, tomados inicialmente en clases por sus alumnos, luego revisados y complementados por el profesor, el que posteriormente serviría como guía y fuente de información tanto de estudiantes como de abogados.

En la solapa de la primera edición de estos Apuntes, tomo I, parte general se lee:

El Dr. Raúl Romero Linares, cuya personalidad docente proviene desde la Universidad de San Francisco Xavier de Sucre y que ha obtenido su consagración en la Universidad de “San Andrés” de La Paz, presenta con sus “APUNTES” un libro que era necesario para los estudiantes de Derecho de todo el país. Claro, basado en los más modernos conceptos de los maestros mundiales del Derecho Civil, metódico, asequible a la capacidad de comprensión de los alumnos, este texto es una valiosa contribución a la bibliografía nacional, pero sobre todo, será un gran instrumento de conocimiento de las normas fundamentales del Derecho Civil para estudiantes y para todos cuantos quieran enterarse de esta especialidad jurídica.

Fue Decano de la Facultad de Derecho en la Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca en dos oportunidades. La primera, de septiembre de 1970 a agosto de 1971, y la segunda, de septiembre de 1972 hasta diciembre de 1974. También fue Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Paz de 1959 a1981.

En San Francisco Xavier fue fundador, en mayo de 1940, de la Revista de estudios jurídicos, políticos y sociales de la Facultad de Derecho, conjuntamente los doctores Manuel Durán P., Carlos Alberto Salinas Baldivieso, Oscar Frerking Salas, Carlos Gerke U. y Rafael García Rosquellas. De grande trascendencia, tanto por la riqueza y profundidad de los artículos escritos por sus docentes o invitados, cuanto por la variedad de los temas publicados, esta revista trataban temas sobre doctrina, legislación y jurisprudencia. Lamentablemente, no se publica más esta importante fuente de información por la poca atención que presta nuestra casa de estudios en la preparación y superación de sus docentes, cuando no de la improvisación de sus autoridades. Menester es pues, reconducir nuestras facultades de derecho, exigiendo que sus profesores se reactualicen permanentemente con verdadero espíritu jurídico y de superación, con ideales de renovación y sacrificio, sobre todo en momentos que está cambiando nuestra legislación tanto sustantiva como adjetiva.

En cierta oportunidad el Dr. Raúl Romero Linares reveló como había sido designado Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, sin haber hecho una carrera judicial desde los estadios inferiores, sino que comenzó directamente entrando a la Corte Suprema de Justicia como Ministro. No existía en esos tiempos – dijo -- una carrera judicial organizada. Fue Ministro de la Corte Suprema de Justicia la primera vez de 1967 a 1969, nombrado por el Congreso Nacional. En 1974 volvió, a invitación del gobierno de entonces, advirtiendo que aceptaría, siempre y cuando los Ministros a nombrarse, todos ellos, o la mayor parte, tuvieran tales antecedentes de honradez, de capacidad, de conocimiento, y dominio del Derecho; de tal modo que fuera una Corte en la que cualesquiera de los Ministros podía ser un digno Presidente.

Como consecuencia de esa consulta, en diciembre de 1974 se hicieron nuevas designaciones de magistrados de la Corte Suprema, la que quedó constituida por los doctores: Raúl Romero Linares, elegido presidente, Pacífico Ledezma, Benjamín Arce Mostajo, María Josefa Saavedra, Ernesto David Pereira, Carlos Aguirre Rodríguez, Carlos de Chazal Echazú, Jesús Lijerón Rodríguez, y Walter Morales Aguilar.

El 6 de agosto de 1975 se conmemoró el sesquicentenario de la creación de Bolivia, oportunidad en que la ciudad de Sucre recibió a distinguidas personalidades del mundo diplomático y cultural latinoamericano, habiendo el Dr. Raúl Romero Linares presidido los principales actos realizados en el Supremo Tribunal de Justicia, en adhesión a los actos oficiales. El 16 de julio de 1977, se recordaron los 150 años de la instalación de la Excelentísima Corte Suprema de Justicia de la Nación, con actos solemnes, importantes publicaciones, seminarios, etcétera. Estuvieron presentes los Presidentes de las Cortes Supremas de Justicia del Perú, Ecuador, Paraguay, Chile y la Argentina. La Corte Suprema de Justicia, con motivo del aniversario de su creación, y en ocasión de tan solemne fasto histórico, convocó a las “Primeras Jornadas Judiciales”, reunida en la capital de la República en junio de 1977, donde destacadas delegaciones de magistrados y jueces, abogados, catedráticos y estudiantes de Derecho, enjuiciaron los nuevos Códigos a la luz de la experiencia adquirida.

El Dr. Romero Linares dijo:

Los resultados alcanzados en tan magno evento han sido promisorios, sin pretender que hubieran constituido la solución definitiva a los problemas de la legislación vigente, lo consideramos, sin embargo, como un primer intento, serio y constructivo, de interpretación e integración normativa. Reuniones de la misma índole, cumplidas periódicamente en el futuro con idéntico espíritu, nos conducirán, estamos seguros, al perfeccionamiento cada vez mayor de nuestras leyes.

En esta oportunidad, encontrándome de Vocal de la Corte Superior del Distrito de Chuquisaca, tuve el privilegio de participar en calidad de Secretario de las Primeras Jornadas Judiciales, lo que me permitió conocer de cerca el gran sentido de responsabilidad, laboriosidad y de organización del Dr. Romero Linares.
El Dr. Romero Linares, en la inauguración del año judicial de 1987, bajo el epígrafe “El abogado, protagonista clave de la justicia”, dijo:

La conducta de los señores abogados influye benéfica o perniciosamente en el pensar, sentir y actuar de los señores jueces. Estoy persuadido de que la justicia en Bolivia será lo que los abogados quieren que sea, como estoy igualmente persuadido que cuando la influencia o el interés entra por una de las puertas de los Tribunales, la Justicia sale por la otra. Por eso hemos afirmado que el protagonista clave de la justicia es el abogado [. . .]

Igualmente, al iniciar las labores judiciales de 1978, escribió

La independencia del Poder Judicial es la esencia misma de la democracia. Aquí, y siempre, el vocablo “democracia” lo empleo en su sentido jurídico más estricto, tal como es entendido en nuestro mundo occidental. Aclaro esto, porque no quiero caer en la ácida crítica de Marcelo Quiroga Santa Cruz, quien afirmaba que la democracia es hoy una suerte de toalla de cantina en la que todos se limpian las manos. Esa toalla la dejamos para los políticos. Tanto la independencia del Poder Judicial como institución, como la del juzgador como persona, están garantizadas por el art. 117 de la Constitución, pero esta garantía es incompleta y en la práctica ineficaz porque no bastan declaraciones como las escritas en nuestra Ley Fundamental, sino que es necesario complementarlas con medidas que protejan efectivamente al Poder Judicial y a sus administradores de la justicia, primero de toda inseguridad respecto a su permanencia en el cargo asegurándole una carrera y un trabajo tranquilos; segundo, el derecho a percibir por sus servicios sueldos razonables que le permitan vivir y morir con decoro; y tercero, contar con una infraestructura adecuada para que puedan trabajar con un mínimo de seguridad y de decencia. Es urgente eliminar todos esos factores negativos, que tanto daño causan a la sociedad. Cuando eso sea logrado, entonces y sólo entonces, habrá paz social y desarrollo, porque una justicia independiente, eficaz y honesta, es la mejor garantía para la convivencia civilizada de los pueblos.

 

En 1983 el Supremo Tribunal de Justicia de la Nación instituyó, con el nombre de uno de los jurisconsultos más brillantes que ha tenido Bolivia, la Condecoración al Mérito “Pantaleón Dalence”, a fin de exteriorizar el reconocimiento del Poder Judicial a las instituciones y personalidades que han prestado eminentes servicios en la magistratura judicial, así como a quienes se han destacado en el estudio, el perfeccionamiento y la difusión de la ciencia del Derecho en general y de la legislación nacional en particular. La Corte Suprema de Justicia, por acuerdo de Sala Plena de 2 de marzo de 1986, le otorgo al Dr. Raúl Romero Linares la condecoración al mérito “Pantaleón Dalence”, por ser uno de los más connotados jurisconsultos nacionales.

El Dr. Romero Linares tuvo una vida muy fructífera. Prueba de ello son sus numerosas publicaciones sobre diversas ramas del Derecho Civil, tales como el Anteproyecto del Código Civil de 1965, Promesa de venta y contrato de opción; La nulidad y anulabilidad de los contrato en el Nuevo Código Civil, Reglas que gobiernan el título de la posesión; Principios básicos del Código Civil; un estudio sobre Un eminente civilista, Hernando Siles y su tiempo, y el análisis denominado La herencia de nuestros países, la que a decir de su autor, constituye los antecedentes histórico ideológicos del Derecho Constitucional, sin por eso dejar de mencionar los numerosos artículos publicados en periódicos y revistas del país. Además, se debe aclarar que ha dejado inéditos muchos trabajos importantes, ensayos de investigación, conferencias, como “El Derecho Civil y sus Nuevas Tendencias”, etcétera, que ojalá pudieran publicarse para completar la obra de este hombre de leyes.

En una magistral conferencia pronunciada en el Paraninfo de la Universidad en 1984, en ocasión de celebrarse un aniversario más de esta Casa Superior de Estudios, en un paréntesis de la misma, Romero Linares rindió un merecido homenaje al Dr. Guillermo Francovich, de quien dijo:
 

Fue mi profesor de filosofía en el Colegio Junín, y en la Facultad de Derecho en 1927 en la cátedra de Filosofía del Derecho, junto a otros notables profesores, los Dres. Diego Paravicini, de Derecho civil, Alberto Zelada, de Sociología, y Daniel Ggamarra, de Economía Política. Por el primero, y gracias al impulso inicial que recibí de él, me interesé por la filosofía del Derecho; por el segundo, me hice civilista, por el tercero entendí y gusté de la importancia de la Sociología jurídica; y por el ultimo, pude formar juicio sobre la historia del pensamiento económico.

Terminó diciendo: “a todos ellos debo mi formación intelectual y mi tolerancia para escuchar las ideas ajenas y la conciencia de no sentirme depositario de la verdad cuando expongo las mías”.

Cuando dejaba sus funciones de Presidente, el Dr. Remberto Prado Montaño, que le sucedió en la presidencia, se refirió a él con estas palabras:

La labor de la Excelentísima Corte Suprema de Justicia de la Nación, cuyas funciones acaban de finalizar, bajo la presidencia del ilustre jurisconsulto Dr. Raúl Romero Linares, ha sido proficua, honesta y altamente constructiva, como lo reconoce el pueblo que ha podido apreciar de cerca en esta capital los logros alcanzados. El Dr. Raúl Romero Linares, personalidad de innegable y reconocida valía como hombre de Derecho, Catedrático de Universidad, miembro de las Comisiones Codificadoras, etcétera, deja una obra imperecedera y enaltecedora de su paso por la Presidencia del Supremo Tribunal.

El Dr. Romero Linares, además de las menciones referidas, pudo ostentar el título de Miembro Permanente de la Corte de Justicia de la Haya, Profesor Emérito de las Universidades de La Paz y Sucre, y Profesor Honorario de la Universidad de Tarija. Obtuvo la Medalla de Bronce como ex combatiente de la Guerra del Chaco; Medalla del Codificador, Medalla al mérito profesional del Colegio de Abogados de Bolivia; del Honorable Senado Nacional, por servicios prestados al país, aparte de las ya señaladas. Fue este ilustre abogado civilista quien afirmó que: “la justicia está en el corazón de los hombres antes que en el texto de las leyes”.

OSCAR FRERKING SALAS

Hablando de la señera figura del Dr. Oscar Frerking Salas, diremos que éste gran patricio de robusta personalidad, amplia sonrisa y de exquisita emoción al hablar, estuvo preocupado permanentemente por el bienestar de la Patria chica y de Bolivia.

De ascendencia alemana, nació el 16 de diciembre de 1912 en la hermosa ciudad de Riberalta, departamento del Beni, donde cursó sus estudios primarios y en el Colegio 6 de Agosto de Trinidad y sus estudios secundarios en el Nacional Florida de Santa Cruz. En 1929 se trasladó a esta ciudad de Sucre, para incorporarse a la Escuela Normal de Maestros, entonces dependiente de la Universidad de San Francisco Xavier, donde se diplomó de maestro. Después de continuar sus estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chuquisaca, a su retorno de la Guerra del Chaco, recibió con honores el título de abogado y Doctor en Derecho.

La luctuosa contienda de la guerra con el Paraguay le dio la oportunidad de servir a la Patria, concurriendo en el Regimiento Sucre 2 de Infantería en 1932, donde fue herido en la batalla del Kilómetro 7, recibiendo su primer grado de distinción de Dragoneante. Reincorporado a la línea de fuego en el Regimiento Campos 6 de Infantería, concurrió a otras varias acciones, como las de Campo Jurado, Cañada Strongest y otras. Después de una valiente actuación fue ascendido al grado de Sub Oficial por Orden de Ejército de 20 de junio de 1934. Cayó prisionero el mismo año, y luego de evadirse del Paraguay con un grupo de cautivos, retornó a la Patria para recibir la condecoración en el grado de Caballero de la Orden al Mérito Militar. Se le otorgó también la Cruz de Bronce de Benemérito de la Patria.

Después de ejercer la docencia en el Colegio Junín y en la Escuela Nacional de Maestros, primero como profesor de Legislación Escolar, y de Sociología de la Educación después, pasó a integrar la planta docente de la Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca como profesor y fundador de la Cátedra de Derecho Social. En 1943 fue Director del Instituto de Sociología Boliviana (ISBO) de la Universidad, desempeñando al mismo tiempo la cátedra de Derecho Social de la Universidad de Chuquisaca. Después, por espacio de 30 años fue profesor de Derecho del Trabajo de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas, Sociales y Jurídicas, donde muchas generaciones se nutrieron de sus sabias enseñanzas y sus vastos conocimientos. Posteriormente, en retribución a sus aportes a la ciencia y la cultura, fue declarado Profesor Emérito de esta secular Casa de Estudios en 1975 y aclamado “Maestro de la Juventud “ por la Federación Universitaria de Chuquisaca, en 1976.

Luego de ser elegido Vice Rector de nuestra Superior Casa de Estudios en 1953, cumplió entre 1957 y 1960 las delicadas como importantes funciones de Rector de la Universidad de San Francisco Xavier por dos períodos consecutivos, gestiones visionarias en las que, no solamente se dio impulso a la actividad académica, colocándola entre las primeras del país, sino que se adquirieron entre otros importantes bienes, el inconcluso Teatro Gran Mariscal “Sucre”, con el que se dio impulso al arte y la cultura. Frerking Salas fundo en la Villa Carmen en Yotala un centro para facilitar la práctica de los estudiantes de agronomía e implementar una fábrica de abonos. Hizo habilitar el predio la Plaza Zudáñez, frente a la Policía, para incentivar el deporte universitario. En su gestión de rector se creó la Escuela de Ingeniería Química pensando en el aprovechamiento de los ricos yacimientos de gas que se habían descubierto en el departamento. También convocó al Segundo Congreso Nacional de Universidades de Bolivia, después de más de 20 años en que se había realizado la primera, al que concurrieron las siete Universidades de Bolivia. Fue Presidente del Segundo Congreso de la Universidad Boliviana y Vicepresidente de la Unión Latinoamericana de Universidades.

El Dr. Frerking, al inaugurar este importante evento, dijo:

 He ahí que una vez más la Universidad Boliviana se encuentra a sí misma. Abandonando su cómodo y, con seguridad, suicida aislamiento, cada universidad de las siete de las que forman la de Bolivia, ha acudido a la cita de honor en que las siete acordaron para reunirse en esta vieja Capital, de densa estirpe universitaria [. . .] No faltaron iniciativas y más de una vez el II Congreso quedó frustrado en plena preparación. O fueron circunstancias adversas, en casos sombrías, o fue en otros las falta de cabal entendimiento entre las Universidades ora la existencia de banales suspicacias, ora de carencia de visión nacional del problema, lo que impidió antes la realización del magno acontecimiento al que asistimos. En el caso de las universidades, el problema fundamental no radica en que existan varias más de lo que ciertos criterios aceptan. El problema fundamental de las universidades bolivianas está más bien en la perentoria necesidad de su adecuada coordinación funcional, que son ellas mismas, con hondo e intimo conocimiento de causa, las llamadas a resolver dentro de sus potestades autonómicas. Este Congreso de Universidades está demostrando plenamente que las universidades bolivianas comprenden con profundidad y altura su deber [. . .] Es menester abrir o ensanchar canales de solución a los intereses comunes en beneficio de un similar enfoque universitario, de ensayar o perfeccionar métodos de amplia cooperación al servicio de objetivos sociales, de llevar un pensamiento de solidaridad ante análogas o parecidas cuestiones internas y de responsabilidad ante iguales problemas públicos, de conducir el desarrollo universitarios hacia planos que condigan con las verdaderas exigencias de las necesidades nacionales, de labrar una convicción común acerca de los ejes básicos sobre los que gira o debe girar el desenvolvimiento profesional, científico y cultural de la patria [. . .]

Habiendo, en ocasión de la realización del II Congreso de Universidades, recibido la presencia del Presidente Constitucional Dr. Hernán Siles Suazo, el Dr. Oscar Frerking a nombre de aquel dijo:

En el grávido recinto de esta varias veces centenaria Universidad de Charcas, donde resuenan los pasos de la historia primigenia de Bolivia, tenemos en este momento otra ilustre presencia, incorpórea, pero autentica y admirable, de robusta personalidad que liga la de S.E. aun recuerdo para nosotros querido y edificante, la de ese notable Rector que fue de esta Casa, gran Señor de la política, alta ciencia del Gobierno, y ante todo un maestro insuperable del Derecho y la jurisprudencia, que hace aun más grata la asistencia de su Excelencia a este acto la de su señor padre, el Dr. Hernando Siles.[. . .] No dudamos que su S.E. ha de interpretar en toda su cabal y sabia justeza, los fructíferos alcances a que aspira este Congreso en aras del porvenir de las Universidades, y que con la poderosa influencia de su autoridad ha de inclinar el peso de la balanza hacia el mejor servicio de ellas. Este es, desde luego, uno de los mensajes que el Congreso me ha encargado haceros llegar.

De él se ha dicho que fue un magnífico Rector y que fueron sus gestiones las más sobresalientes y proficuas de esa época. Entre otras importantes funciones ejercidas por don Oscar Frerking Salas, están la de haber sido Gobernador de Rotary Internacional del Distrito 469; Presidente de la Corporación de Desarrollo de Chuquisaca, implementando varios proyectos como el mejoramiento del ganado caprino en Tarabuco, el porcino en Monteagudo, el ovino en Muyupampa y el piscícola en Chuquichuquí. Impulsó también la creación del parque cretácico en Sucre. Fue Presidente de la Primera Conferencia Nacional de Corporaciones de Desarrollo en 1980 y Vicepresidente de la Asociación Latinoamericana de Corporaciones.

Aparte de la docencia, donde pasó la mayor parte de su vida en ese luminoso mundo de la cátedra y el ejercicio profesional de la abogacía en las que se distinguió, podemos afirmar que donde sobresale con merecimientos propios y personales fue en el ejercicio de la magistratura, como Ministro de la Excelentísima Corte Suprema de Justicia y Decano de la misma desde 1964. Luego, a través de su participación en la Comisión Codificadora Nacional y la Comisión Redactora del nuevo Código Civil Boliviano, en las que compartió responsabilidades con los dignos jurisconsultos, Raúl Romero Linares y Pastor Ortíz Mattos, los mencionados abogados perpetuaron su nombre en la historia del Derecho y la Justicia Boliviana. Por todo su aporte al derecho y la justicia recibió en 1988, del Supremo Tribunal de la Nación, su máximo galardón, la Condecoración al Mérito “Pantaleón Dalence”, presea que se otorga a personalidades del país o del extranjero que se hayan destacado por su contribución al perfeccionamiento y difusión de la ciencia del derecho.

Quien les habla fue testigo de los grandes e importantes logros, anhelos y ansiedades de este gran patricio boliviano-chuquisaqueño, pues nunca se consideró extraño ni forastero en Sucre, porque conocía y había vivido sus angustias y grandezas. En 1941 contrajo matrimonio con una hermosa dama chuquisaqueña, doña Edith de la Parra Careaga, del que nacieron cuatro hijos: Ana, Carmen, Walter y Rosario, formando un hogar feliz, quienes hacen ocho 8 años hicieron entrega a la Corte Suprema de justicia todos sus libros de derecho, códigos, medallas y otras preseas que pertenecieron a su padre. Actualmente se encuentran en la Biblioteca donde debía crearse una Sala en su memoria.

Tuve pues la suerte de haberlo conocido desde que fuera mi profesor en la Facultad de Derecho y el privilegio de haber trabajado con él en su estudio jurídico; luego, en la Universidad, cuando fue elegido Rector y, también en el Supremo Tribunal mientras ejercía la magistratura, así como en el Rotary Club, donde junto con otros compañeros, habíamos cultivado una cordial amistad. Ya profesional, tuve el honor de integrarme a su equipo de abogados para trabajar juntos en importantes casos, muy especialmente en recursos de casación y contenciosos administrativos ante el Supremo Tribunal de la Nación.

El Dr. Frerking Salas, aparte de haber sido fundador de los periódicos universitarios: Avanzada, El Debate y Renovación, tiene importantes publicaciones entre las que puede citarse: Esquema bibliográfico de la Universidad de Chuquisaca, El estudio de la legislación escolar (1943), Legislación universitaria, (1940), La sociología pedagógica (1941), El Código del Trabajo en Bolivia (1942), Curso del Derecho del Trabajo (1958) y otras publicaciones, como corredactor del Código Civil Boliviano, así como la relación de las reforma constitucionales en cuanto al Poder Judicial.

PASTOR ORTIZ MATTOS


Otro no menos conspicuo hombre de leyes fue el Dr. Don Pastor Ortiz Mattos, que después de cursar sus estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad de San Francisco Xavier y recibir su título de abogado en 1947, hizo un post grado de especialización en Derecho Civil en la Universidad de Buenos Aires, después de ganar una beca en un examen de competencia, por lo que su figura seguirá sirviendo de guía y orientación a los hombres de Derecho.

Fue un eminente catedrático universitario, con más de 30 años de servicio en Derecho Civil, un extraordinario jurisconsulto, un distinguido hombre público que se destacó en el ejercicio de diferentes funciones como Presidente de la Corte Departamental Electoral de Chuquisaca; Alcalde Municipal de Sucre; Embajador de Bolivia en el Ecuador; miembro de Comisiones Codificadoras; Gobernador de Rotary Internacional del Distrito 469; Conjuez de la Corte Suprema de Justicia por muchos períodos; y Ministro del más Alto Tribunal de Justicia de la Nación, funciones en las que siempre se destacó por su honestidad, laboriosidad y responsabilidad, lo que le valió que la Excelentísima Corte Suprema de Justicia le confiriera la Medalla al Mérito “Pantaleón Dalence”, presea de un inestimable valor para un abogado por ser el máximo galardón.

El Supremo Gobierno de Bolivia le otorgó la “Medalla al Codificar”, y también mereció sendos homenajes por parte del Colegio Nacional de Abogados de Bolivia, que le confirió una medalla, y por parte del Ilustre Colegio de Abogados de Chuquisaca la presea “Manuel Durán Padilla”, como al mejor abogado. Ejerció la docencia en la más que tricentenaria Facultad de Derecho de la Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca por más de treinta años en la Cátedra de Derecho Civil, habiendo por ello sido distinguido con el Título de Profesor Emérito. También formó parte de la Comisión Codificadora del nuevo Código de Derecho Civil, hoy vigente. Es autor de numerosos artículos sobre temas jurídicos y ha dejado a la posteridad su conocido libro El Recurso de Casación en Bolivia.

Ortiz Mattos fue todo eso, pero sobre todo fue un hombre de bien, sencillo, generoso, que despertaba simpatías y sembraba amistades, incapaz de hacer daño a nadie. Estuvo casado con doña Ada Torricos Romero, de conocida ascendencia chuquisaqueña, formando una familia feliz con sus cinco hijos: Ramiro, Ana Rosa, Leticia, Ximena y Marcela.

También ejerció las funciones de docente en la cátedra de Derecho Civil en la Universidad “Juan Misael Saracho” de la ciudad de Tarija, donde dictó conferencias, así como fue elegido por la Asamblea Docente delegado ante el Tercer Congreso de Finanzas reunido en Potosí el año 1950. Fue igualmente Oficial Mayor del Segundo Congreso de Universidades de Bolivia, reunido en Sucre, en el mes de octubre de 1958. Presidente de la Mesa Redonda convocada por la Facultad de Derecho para considerar el anteproyecto sobre Código Boliviano de Familia del Dr. Hugo Sandoval Saavedra, en 1967. Fue también designado Munícipe del Concejo Deliberante de Chuquisaca en 1950.

El 29 de septiembre de 1972, cuando el Gral. Hugo Banzer Suárez era Presidente, se organizó la Comisión Redactora del Código Civil, conformada por los doctores Hugo Sandoval Saavedra, Pastor Ortiz Mattos, Raúl Romero Linares y Oscar Frerking Salas. De esta manera, en un gobierno de facto se recurrió a los más esclarecidos jurisconsultos para elaborar una nueva y moderna legislación, tendente a mejorar la administración de justicia y tratar de poner a Bolivia al nivel o por encima de los países más adelantados del continente americano en materia jurídica, cuyo aporte para su época fue muy importante. En vista de que en el pasado reciente se había confiado esta labor codificadora a expertos profesores extranjeros como Manuel López Rey y Ángel Ossorio y Gallardo, se reivindica así ante el foro nacional de haberse entregado antes la tarea codificadora a profesionales que no conocían nuestra realidad, en algún caso ni siquiera Bolivia, habiendo como hay en nuestro país abogados capaces de realizar esta tarea con indudable ventaja.

Entre otros trabajos, ha publicado los siguientes relativos a su especialidad: Informe sobre el Código Civil Boliviano, Lecciones de Derecho Civil, obligaciones; y Derecho Civil, contratos. Se ha publicado, además, su conferencia “La Transferencia Contractual de la Propiedad en el nuevo Código Civil”.

PALABRAS FINALES

Al recordar la vida ejemplar de estos abogados notables podemos percibir, cómo cada una de las metas que alcanzaron estaba respaldada por valores y principios sólidos de los que su alma se alimentaba. Es que los tres tenían mucha más paciencia, sabiduría, misericordia y amor de lo que hoy tenemos. Pese a haber disfrutado de grandes éxitos en lo profesional, como abogados, consejeros, docentes y filántropos, percibieron que la sociedad se encontraba al borde del abismo, y que el hombre que se creía dueño de su destino, estaba ya en decadencia, porque por su ignorancia y descreimiento se veía arrastrado por fuerzas superiores por el colectivismo de nuestros días, que niegan su existencia.

Así de sencillos y humanos eran los doctores Romero Linares, Frerking Salas y Ortiz Mattos, quienes creían en el hombre moderno imbuido por su espíritu humanitario, él que en todos los tiempos se ve confrontado con el dilema de escoger los caminos que ha de seguir con paciencia y amor. Pese a estas tribulaciones, nos asiste la convicción de que fueron hombres de bien que buscaron cosechar éxitos no solo para su propio beneficio, sino también para el beneficio de los demás; es que veían con claridad los valores y virtudes que les ayudaron a vivir una vida pletórica de felicidad y paz. A tiempo de exaltar sus virtudes, muy merecidas por cierto, como a probos magistrados, leales abogados y nobles amigos, pretendemos honrar su memoria.

FUENTES CONSULTADAS

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Corte Suprema de Justicia, Excelentísima Corte Suprema de Justicia de la Nación, Edición de lujo a cargo del Dr. C. Castro R., R. Miranda N., J. Arancibia y N. Avilés, Sucre, 2001.
Miranda Noya, Rudy, Periódicos de Chuquisaca, 1825 – 1990, Festival Internacional de la Cultura, Sucre, 1990.
Miranda Noya Rudy La Corte Suprema de Justicia en el siglo XX, (Inédito).
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