SOCIEDAD GEOGRÁFICA Y DE HISTORIA "SUCRE"


OCTAVIO CAMPERO ECHAZÚ (TARIJA, 1900 - COCHABAMBA, 1970);
EL SEÑOR DE LA ÉGLOGA

 

José Paz Garzón
Presidente de la Sociedad Geográfica y de Historia “Tarija”.

 

Octavio Campero Echazú (Tarija, 1900 - Cochabamba, 1970), a quién bautice “el Señor de la Égloga”[1], sobresalió nítidamente por su talento artístico y estilo poético impregnado de gran amor a su tierra Tarija, con eco en habla hispana.  Fue laureado con una medalla y guirnalda de oro como poeta de la naturaleza en Manila, Filipinas (1967); por la Unión Internacional recibió el Gran Premio Nacional de Literatura; y por Ministerio de Educación y Cultura de Bolivia, (1970) recibió el Premio Nacional de Poesía (1961).  Fue declarado Hijo Ilustre de Tarija (1961); y se le otorgó el Premio Violeta de Oro en los Juegos Florales de Sucre (1938), con su magnífico Canto a la ciudad de los cuatro nombres.  Fue Premio Flor Natural y Banda del Gay Saber, Cochabamba (1942); Maestro de la Juventud (1961), Universidad de Tarija y recibió el Cóndor de Plata (1967) del Congreso Médico de Bolivia. 

Sus recitales e intervenciones en ateneos de Sucre y Cochabamba fueron magistrales.  Su definida vocación literaria y conocimiento esencial de la cultura, el lenguaje y la música, coadyuvaron a desarrollar y armonizar su poesía con el ámbito geográfico del valle de Tarija.  Para Edgar Ávila Echazú, su poesía es una búsqueda rigurosa de la valorización estilística de toda vivencia hondamente sentida. 

La obra poética de Octavio Campero Echazú está contenida en sus libros: 

·         Arias sentimentales (1918), La Paz, escrita en su tierna edad de la secundaria, tuvo influencia rubendariana y de descendientes franceses; (1938).

·         Amancayas (1942),. Sucre, fue la expresión del romancero chapaco que destila zumo jovial del folclore tarijeño. Sin perder los perfiles propios, se consubstancia de la onda lorquiana.  Ha sabido infundir un cariz matiz, típicamente folclórico, a sus motivos regionales en lo que refleja algo del alma española.

·         Voces (1950, 1960)), Tarija.  Sus versos reflejan los encantos de la tierra tarijeña.

·         Al Borde de la Sombra (1961), (1968)0 . Primer Premio Nacional de Poesía.

·         Poemas (1963), La Paz.  Lo ratifican como el intérprete lírico del terruño

·         Obras Completas(1991), Tarija;

·         Cantares de Nostalgia (2000),Tarija.  Selección de poemas inéditos, conservados por su culta esposa Delia Zabalaga: “Retrato”, “El Amor que Pasa”, “Celosa”, “Otoño”. “Algo de prosa”;

·         Vida y obra de Gustavo Adolfo Bécquer y otros.

·         Composiciones inéditas, entre estas un poema cosmogónico.

En mérito a su notable obra poética y pedagógica fue condecorado en el Grado de Oficial con el Cóndor de Los Andes (1969) y la Gran Orden Boliviana de la Educación (1967).

En Sucre, presidió El Ateneo Carolino, (1921, 1923 y 1924) y la Federación de Estudiantes (1925); fue Profesor del Colegio Nacional Junín; y Catedrático de Castellano y Literatura de la Escuela Normal de Maestros.  Luego de titularse de abogado en la Universidad  Mayor San Francisco Xavier volvió a Tarija, donde durante muchos años fue Profesor y Director del célebre Colegio Nacional San Luis (1937 a 1948); Catedrático de Derecho Constitucional de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Juan Misael Saracho (1950 a 1970); dilecto Socio de la Sociedad de Historia y Geografía y del Rotary Club Tarija.


[1] Égloga es una composición poética de género bucólico, caracterizada generalmente por una visión idealizada del campo. Note del Editor.

Octavio Campero Echazú nació en Tarija el 21 de noviembre de 1900. Sus padres fueron el Dr. Manuel Campero, abogado y poeta, y doña Mercedes Echazú Suárez. El año 1937 contrajo matrimonio con doña Delia Zabalaga Canelas, culta y distinguida pedagoga cochabambina, de cuya unión nacieron sus hijos, Hugo Marcel y Jaime. Falleció en la ciudad de Cochabamba el año 1970.

Tuvo entrañable amistad con el famoso poeta salteño Manuel J. Castilla, con el musicólogo Mario Estenssoro Vásquez y el bardo nativo Franz Ávila del Carpio, ambos tarijeños.

A continuación trascribo fragmentos de sus versos que trasuntan su fina sensibilidad.


ANILLO CHAPACO

Con la plata de mis pagos,
hazme platero, un anillo
que me encadene a mi moza
fragante a sol y membrillo.

CANTO DEL HOMBRE–ÁRBOL

Amada, no me digas
que me vaya del pueblo.
Me quedaré en el último
recodo del sendero
por donde se marcharon
los que jamás volvieron.

DE CAMINO

Y me fui por el camino
de tus pagos,
desgrane que te desgrane
una mazorca de cánticos…
Camine todo aquel día
Camine diez años largos;
y aún me encuentro en el camino,
caminando, caminando

EL COPLERO ANÓNIMO

¡Ese sí que fue un coplero
concebido por el valle:
verbo de la Hispania en la rústica
tonada de nuestra sangre!

EN EL ALBA DE REYES

Con las manos juntas, digamos ahora
las mejores preces
por la tierra tatuada de surcos
y henchida de gérmenes;
por la fresca sonrisa del agua
sobre el campo verde;
por el sol que pinta las uvas de enero
y grana las mieses;
por el pan nativo
con lunares de anises silvestres;
por todos los dones,
por todos los bienes:
la paz de estos valles
y la vida que Dios nos concede.

LA VIEJA CASA

Alguien llora: en sus ruinosos techos
hay goteras de lágrimas
y el carcomido barro de los muros
Retorna a la quebrada.

MARTIRIOS DEL TRIGO CHAPACO

Siembra
¡Nacido de tantas muertes,
va a morir por nuevas vidas!
Hermano buey: cava el surco,
y que el Señor lo bendiga.

MIENTRAS CAE LA LLUVIA

Tú coses, y la sombra de tus dedos
pasa como una fuga
de pájaros nocturnos
sobre ropas de luna.


SEQUÍA

¡San Juan, el río de tu nombre
ya sólo es un charco!
Se lo ha bebido el sol de este verano
en la copa de arena de las playas.

SONAJA DE NOCHE BUENA

Canasmoreña morena,
Canasmoreña moruna:
¡Hila el vellón de tu pena
en la rueca de la luna