SOCIEDAD GEOGRÁFICA Y DE HISTORIA "sucre"


III.- ENSAYOS ORIGINALES


“SER CHUQUISAQUEÑO”; LA HERENCIA ESPIRITUAL
DE UN PUEBLO HISTÓRICO
[1]

Ronald Gantier Lemoine
 

I.- EL GENTILICIO (INTRODUCCIÓN)

El uso del gentilicio chuquisaqueño aplicado a los habitantes de nuestra ciudad frente al alternativo o yuxtapuesto sucrense, nos obliga a iniciar esta disertación justificando la primera opción no como mera digresión, sino, como un acápite preliminar de real significación en el tema. Las tribus de la confederación de los Charcas y los moradores de su poblado principal Choque-Chacka -- luego Chuquisaca -- legaron los nombres de sus territorios, respectivamente, a la extensa región de lo que después fuera la Audiencia colonial de la Provincia de Charcas, como al de su propia ciudad capital o sede administrativa La Plata o Chuquisaca. Esto no fue algo casual porque los españoles, durante y aún después de la conquista, convalidaron con o sin modificaciones algunos topónimos correspondientes a los nombres originales de los territorios de los señoríos o reinos indígenas que habitaban esta parte de la América, sobre todo, manteniendo los nombres de los lugares donde señoreaban aquellos con quienes establecieron pactos o alianzas de convivencia.

La capital de la Audiencia de Charcas se fundó como la Villa de La Plata (1538) sobre un antiguo poblado de indígenas originarios yamparas denominado Choque-Chakca; rebautizada por los españoles como Chuquisaca, primero por defecto fonético de pronunciación y posteriormente de escritura de las voces quechuas Chocke que significa oro y Chackca puente. Chuquisaca fue la capital y residencia de los más prestigiosos caciques, jampiris, hechiceros, sacerdotes y capitanes de las tribus charcas, siendo considerada por todos sus habitantes como Wiñaypacha o ciudad eterna.

Desde 1538, tanto los españoles como los indígenas aplicaron simultáneamente los dos nombres de Chuquisaca y La Plata a nuestra ciudad, hecho que prueba la voluntad de un primer encuentro de convivencia pacífica y el inicio de la simbiosis étnica de ambas culturas. A partir de entonces, en todo el periodo colonial, prosiguió llamándose por sus sucesores criollos, mestizos e indígenas Chuquisaca o La Plata; como resultado de una especie de convención no escrita y fuertemente arraigada por el uso y la costumbre.


[1] El título: se ha utilizado como título la frase “…Ser Chuquisaqueño”  en sentido metafórico, donde la palabra “ser” se aplica como el término genérico de un modo de existir o de vivir; o en el sentido del modo infinitivo simple de una cualidad permanente o no transitoria (Ragucci, Rodolfo M.: El habla de mi tierra. Buenos Aires, Don Bosco, 1983, páginas 333-407).  El término “ser”, dice Ferrater Mora  (Ferrater Mora, José: Diccionario de Filosofía. Buenos Aires, Sudamericana, 1966,T-II, página 652), puede tomarse como un verbo o como un sustantivo.  En el primer caso puede considerarse como expresión de la cópula que une un sujeto con un atributo o, como equivalente a “haber” o “existir”.  En el presente artículo – siguiendo al filósofo -- nos referiremos principalmente también a lo que “ser” designa en tanto que sustantivo o en tanto que verbo intransitivo.
[2]
Jáuregui Rosquellas, Alfredo: La Ciudad de los Cuatro NombresSucre, Imprenta La Glorieta, 1924, página 94.

Desde 1825 los constituyentes republicanos usaron el nombre de Chuquisaca con cierta preferencia al de La Plata, quizá por tratar de evitar que se asociara el denominativo platense del régimen colonial y dependiente del pasado, con el de la ciudad capital de la nueva República independiente. Lo que no sucedió con ninguna de las otras ciudades pertenecientes a la antigua Audiencia de Charcas, que al tiempo de transformarse en un nuevo Estado y careciendo ellas de la vocación capitalina de Chuquisaca, no tuvieron la necesidad de adicionar como ésta al intangible patrimonio de sus nombres tradicionales uno nuevo republicano. Remarcamos este aspecto, porque denota incuestionablemente la voluntad de los constituyentes o fundadores de Bolivia de conservar, reconocer y ratificar a Chuquisaca como su Capital, sin emulación alguna por las demás capitales de la nueva República.

Las pretensiones paceñas emergieron algún tiempo después de aquel momento fundacional. Más, no siendo él de la capitalidad el tema del presente estudio, solo reiteramos que ninguna ciudad boliviana como Chuquisaca tuvo que adicionar a su original denominativo -- tan profundamente evocativo y sonoro -- el nuevo nombre de Sucre, aprobado por el Congreso Constituyente de Bolivia mediante la ley de 12 de julio del año 1839.

A partir de 1839, y por efecto de la aplicación de esta ley, se hizo menos frecuente el uso de La Plata, nombre castellano con el que se había fundado nuestra ciudad; pero no así el tradicional yampara y de dicción quechua-española Chuquisaca, que siguió usándose paralelamente a su nuevo denominativo Sucre.

Es que los legisladores que emitieron la ley de 12 de julio de 1839 nunca tuvieron la intención de mutilar o cambiar a nuestra ciudad sus nombres tradicionales e históricos de Chuquisaca, La Plata o Charcas por el de Sucre, sino, simplemente, la de adicionarla formalmente este uno más, a fin de cumplir la ley constituyente de 11 de agosto de 1825 que determinaba la aplicación de nombres pre asignados tanto para la nueva República – Bolívar -- como para su Capital – Sucre -- en homenaje a estos dos grandes libertadores americanos
(2). De otra manera -- que no fuera la de cumplir con esta obligación legal de ciudad Capital -- jamás sucediera el hecho de tener que adoptar Chuquisaca- Charcas-La Plata, su cuarto nombre, Sucre.

Quizá es por ello que en la suscripción de aquella misma ley constituyente (11 de agosto de 1825), los asambleístas reconocieron que lo hacían desde el “Palacio de Gobierno en Chuquisaca”. Es más, leyes posteriores votadas después del periodo legislativo de la Asamblea Constituyente de 1839 que aplicara por vez primera el nombre de Sucre a nuestra ciudad, aparecen suscritas indistintamente en Sucre o Chuquisaca, Capital de la República de Bolivia.
(3)
Hace pocos años, por una malhadada ordenanza del Concejo de la Honorable Alcaldía Municipal de Chuquisaca – que así se designaba secularmente -- pasó a denominarse


[2] Nota del Editor: La intención de la Asamblea Constituyente de 1825 fue la de crear una ciudad nueva – el Mariscal de Ayacucho favoreció un lugar en el valle de Cochabamba – pero como esto nunca ocurrió, se optó por agregar Sucre a los tres nombres que ha tenido la capital colonial y republicana de Charcas.
[3]
Gaceta Oficial de Bolivia: Constitución Política del Estado-1967.  La Paz, Corte Nacional Electoral, 2008, página 16-Art. 46-II.

Honorable Alcaldía Municipal de Sucre, menoscabándose implícitamente, junto al de Chuquisaca, sus otros dos nombres tradicionales de La Plata y Charcas, con los absurdos argumentos de tener que diferenciarse legalmente el nombre del municipio de Sucre del correspondiente al Departamento de Chuquisaca, y el de no tener que afectar el carácter constitucional de su capitalidad.

Respecto al primer falso argumento: ¿Cuál el problema o conflicto legal de que los municipios de Oruro, Cochabamba, Tarija, La Paz, Santa Cruz o Potosí, como Capitales Departamentales, continúen manteniendo sus nombres originales, extensivos a sus respectivos Departamentos?  Respecto al segundo: ¿Es que alguien se atrevería a proponer siquiera el desconocimiento del primer mandato constituyente de 1825 y de la tradición constitucional de la capitalidad de Chuquisaca desde 1826 al 2009[4] últimamente ratificada por el Art. 6° de la Constitución Política del Estado del año 2009, respaldándose en que ésta norma por solo mencionar el nombre de Sucre obligaría jurídicamente a mutilarle los otros tres?

Los toponímicos Charcas y Chuquisaca, son, incuestionablemente, los antecedentes históricos, políticos y jurídicos inmediatos de Bolivia y de su Capital respectivamente.  Charcas era el nombre con el que se conocía a la Audiencia que se fundó en nuestra ciudad en 1561, con el formal o legal nombre de Audiencia de La Plata de los Charcas, pero, singularmente, por el uso y la costumbre fue más conocida como Audiencia de Charcas; en primera instancia por darse más importancia al poder que ejercía éste Tribunal sobre toda su gran jurisdicción territorial que al de su sede.  Pero, con el paso del tiempo, llegó a confundirse la designación del territorio administrativo y jurisdiccional de esta entidad, con el tercer nombre de su sede.

En consecuencia, la sucesión cronológica de la aplicación acumulativa de los tres nombres de nuestra ciudad hasta el 12 de julio 1839 fue: Chuquisaca, Charcas y La Plata, aunque éstos dos últimos apelativos, desde el año de 1825, en menor medida de uso en un orden sucesivo y decreciente.  Muchos estudiosos de este tema sostienen que la idea de Chuquisaca se asocia más con el nombre de nuestra ciudad; la mención de La Plata con el nombre de la ciudad sede del Arzobispado y; la de Charcas con la jurisdicción territorial de la Audiencia. La Universidad de San Francisco Xavier fue también identificada, por quienes conocen su significación histórica nacional, como “Universidad de Charcas”.

Sea como fuere dicha sucesión nominativa, hasta en la relación de causalidad histórica de la elección de sus nombres, nuestra ciudad denota su temperamento y vocación de capitalidad de la nación boliviana.  Así Choque-Chacka fue a la Confederación Charca en la época pre- hispánica, como La Plata a la Audiencia de Charcas durante la etapa colonial, y como Chuquisaca o Sucre –sede, al menos, del órgano judicial supremo del Estado- es hoy a Bolivia desde su fundación.


[4] Salinas Mariaca, Ramón: Las Constituciones de BoliviaLa Paz, Don Bosco, 1989, páginas 37-Art. 157; 64-Art. 18; 81-Art. 167; 84-Art. 20; 105-Art. 167; 109-Art. 15; 140-Art 23; 156-Art. 32; 174-Art. 40; 185-Art. 105 (in fine); 192-Art. 40; 207-Art. Transitorio 1°; 216-Art. 40; y 322-Art. 46).

 La Constitución actual, en su artículo 6º, ratificando la capitalía solo usa el nombre de Sucre.  Pero en los hechos y por fuerza de la tradición, del sentimiento colectivo y de la historia, la mayoría de los habitantes de ésta ciudad continuamos llamándonos chuquisaqueños.

 Es que el nombre de la ciudad Chuquisaca desde 1538 fue de uso paralelo al de La Plata durante tres siglos en la época colonial, manteniéndose esta tradición inalterable por nuestro pueblo hasta el presente.  Desde su remota fundación, y por un periodo tan dilatado que se acerca ya a cumplir el medio milenio, Chuquisaca no ha dejado de ser el nombre de nuestra ciudad y chuquisaqueño el gentilicio preferido por los habitantes de nuestra Capital, aun reconociéndosela generalmente con su nombre republicano de Sucre.  

La mayoría de los nacidos en Sucre, los hijos de chuquisaqueños, o los habitantes enraizados en esta ciudad Capital nos identificamos como chuquisaqueños, y sólo algunos pocos como sucrenses; pero todos sin dejar de sentir un especial afecto cívico por la figura del Gran Mariscal de Ayacucho, ni menos por nuestra entrañable ciudad de Sucre.  A la pregunta sobre nuestro lugar de origen, es muy frecuente que respondamos diciendo que somos “Chuquisaqueños de Sucre” o, ante a las diversas afectaciones contra los derechos de nuestra ciudad, manifestarnos como “pueblo de Chuquisaca”, lanzando a grito herido la consigna ¡Sucre se respeta…!  En la música, en la poesía o en otras expresiones artísticas en general, solemos cantar o rendir homenajes a la ciudad de Chuquisaca o Sucre, pero cuando la referencia es al hombre y no a la ciudad, decimos chuquisaqueño cual lo hicieran nuestros padres.  El nomen juris de muchas instituciones republicanas sucrenses hacía o hace referencia a su sede o domicilio legal Chuquisaca; como por ejemplos citamos los casos de la actual Federación Universitaria Local-FUL, que antes se denominada Federación de Estudiantes de Chuquisaca-FECH, así como el de la propia universidad de San Francisco Xavier que siempre fue de Chuquisaca. 

Es el caso extraordinariamente paradójico de que frente al gran afecto que sentimos por el nombre de nuestra querida ciudad de Sucre, sintamos con mayor intensidad espiritual nuestro gentilicio de chuquisaqueños.  Justificada así nuestra opción denominativa de chuquisaqueños, no como digresión, sino como un acápite preliminar de real significación en la temática que nos ocupa, continuamos con el desarrollo de la misma.

 II.- CULTURA, HISTORIA E IDENTIDAD CHUQUISAQUEÑA 

El presente trabajo resume una visión general de la personalidad del habitante chuquisaqueño o sucrense, reflejada en los que consideramos que son los cuatro rasgos más importantes de su perfil psicosocial histórico y cívico: la libertad, la dignidad, la identidad y el destino histórico.

Más que el producto de un estudio especializado, lo es de la experiencia vivencial con un enfoque multidisciplinario y reflexiones del autor, cuya autoridad la deriva del derecho que reconocen las ciudades históricas como la nuestra, a quienes con pasión tratamos de rescatar su grandioso pasado; sin vacilaciones defendemos sus inviolables derechos; y con lealtad luchamos por la reafirmación de su destino.  Los conceptos de aquellos que consideramos como los cuatro valores fundamentales que hacen al carácter o arquetipo psicosocial del hombre chuquisaqueño, son formulados a partir de su innegable atributo de identificación con el principio-valor de la libertad, desde una visión preeminentemente espiritualista y cristiana.

Solo las más arraigadas concepciones de la vida y del universo pudieron motivar en los hombres la creación o su adhesión a determinados valores, principios, usos o costumbres perdurables, impulsándoles a las actividades básicas de su organización grupal, y sirviéndoles tanto para reconocerse en su condición humana, como para conservar, dominar o transformar la naturaleza en su favor.  Y siempre que el referido acervo de bienes espirituales y materiales resultó apropiado por una determinada agrupación humana, -- habiendo sido transmitido por cada una de sus sucesivas generaciones a la siguiente, sin que el transcurso del tiempo hubiera logrado desarraigar esta tradición -- dicha sociedad humana constituyó eso que llamamos cultura.[6]

 Desde sus orígenes históricos, la ciudad de Chuquisaca ascendió a la jerarquía conceptual de “cultura” en su faceta consubstancialmente más humana y superior, como lo es la de la libertad.  Su tradicional apego y preferente valoración de la libertad se reveló luego en todo el decurso de su singular historia, hasta el presente.  En este sentido podemos decir que la herencia cultural de Chuquisaca es paradigmática y gloriosa, porque fue su “cultura de la libertad” la que la hizo forjadora del molde espiritual y constructora de las bases sociopolíticas del pueblo boliviano.  Nuestra ciudad fue siempre heroica, en todo tiempo en que en Bolivia la libertad individual o social reclamara heroísmo.  

Si no es fácil configurar el perfil del ser individual, lo es más aun el hacerlo con relación al ser colectivo.  Antes de que la psicología social tomara carta de ciudadanía (1960 aproximadamente), cuando los estudiosos de los fenómenos sociales querían establecer las particularidades de un grupo o de una colectividad humana determinada, hablaban por extensión de la personalidad, del carácter, o simplemente del modo de ser de un pueblo, sin el riesgo actual de confundirse en algunas de las galimatías del moderno lenguaje técnico de la antropología social o de la psicología de las masas.  Sin embargo, resulta muy claro que sus formulaciones y principios son imprescindibles a tiempo de estudiar una temática como la presente, obligándonos a usar de mucha mesura para no enfangarnos en sus movedizos terrenos.
Adhiriéndonos al enfoque analítico – opuesto al tipológico del estudio de la personalidad- del conocido tratadista catalán Dr. Enrique Cerdá
[6], entendemos que: 

La personalidad es la integración de todos los rasgos y características del individuo que determinan una forma propia de comportarse [y que un] rasgo es cualquier aspecto de la


[5] Linton, Ralph: The Cultural Background of Personality, Nueva York, Columbia University Press, 1945. Nuestra definición es muy coincidente con la del autor citado, aunque no nos adscribamos absolutamente a su teoría sobre la cultura.
[6] Cerdá, Enrique: Una psicología de hoy, Barcelona, Herder, 1978, página 438.

personalidad que tenga la propiedad de ser suficientemente característico y distintivo, constituyendo el medio más adecuado para caracterizar a una persona.[7]

Para Cerdá la identificación de los rasgos que verdaderamente pueden considerarse dimensiones fundamentales del comportamiento, es la que nos permite describir la personalidad.  Los rasgos tienen que ser, por lo tanto, unidades de comportamiento verificables.  

Primer Rasgo: La Libertad

 En cuanto a la personalidad o arquetipo del ser colectivo chuquisaqueño, afirmamos en consecuencia, sin temor de duda alguna, que siendo la libertad el valor o dimensión fundamental de su comportamiento social – por extensión -- ésta corresponde a la gran categoría de las necesidades de autodeterminación tan objetivamente esquematizada por nuestro autor.[8]

La libertad fue, es, y será hasta el fin de los siglos, el valor eterno que establece el pueblo de Chuquisaca como la base y el principio vital de su existencia.  Y aun en el plano trascendental de lo religioso, afirmamos que Dios, la verdad suprema, ha otorgado al hombre la potestad de elección entre la condenación o la gracia, con absoluta libertad, por haberle creado a su imagen y semejanza: Ubi spiritus Dómini, ibi libertas (1ª. Corintios, Capítulo 3º).[9]

 El llanto de todo humano recién nacido es siempre el primer grito de la vida saludando a la libertad.  La historia del hombre puede reducirse al concepto del ser racional, por cuya característica exclusiva, su existencia está determinada a una lucha permanente e indefinida por la libertad.  Es que ésta lid, para preservar la vida desde y en todos sus conceptos, empieza con la simple concepción, siendo la vida misma; no cesa en instante alguno del humano devenir, y solo concluye con el último hálito vital de cada ser mortal. 

Entendemos por tanto que la libertad es el derecho natural o inherente a la condición original del  ser humano, identificada como  la voluntad instintiva de disposición autónoma y plena de sí mismo, para la acción o la inacción, en todas las manifestaciones de alteridad de sus potencialidades; sin más límites que los deberes de cumplimiento de las leyes de Dios, de la conservación de la naturaleza, y de respeto a la atribución y al ejercicio de este mismo derecho por sus semejantes.[10].

 Chuquisaca, al exaltar a la libertad como el primer valor natural y social del ser humano, lo hizo siempre desde la afirmación categórica de que ella es inherente y absolutamente


[7] Cerdá, Enrique: Ob. Cit. página 441.
[8]
Cerdá, Enrique: Ob. Cit. página 446.
[9] Granado, Francisco María del: Sermón en la Misa de Gracias que en Celebridad del Aniversario de la Independencia…[. . .], Cochabamba, Imprenta de Arrázola, 1878, página 5.  En éste documento se lee: “[. . .] “El Doctor de las Gentes ha dicho: que donde reside el espíritu del Señor, allí se encuentra la libertad, ubi spíritus Dómini, ibi libertas (1ª. Corintios, Capítulo 3º.
[10] Galemoine: Canto a la Libertad, Sucre, inédito, 2012, página 1.

 inseparable del derecho natural a la vida. No puede concebirse la existencia humana para los chuquisaqueños sin su atributo esencial que es la libertad; ambos derechos naturales debieran declararse política y jurídicamente en el Estatuto Autonómico de Chuquisaca, en prioridad jerárquica normativa, como un solo derecho.

Segundo Rasgo: La Dignidad.-

El pueblo de Chuquisaca exalta el valor de la dignidad, como otro de los grandes atributos del ser humano. La dignidad para el chuquisaqueño consiste en la convicción de que se es más digno en cuanto que más se respeten los valores de la vida en sociedad; en cuanto que cada ciudadano o conjunto de ciudadanos busquen en el respeto a la personalidad individual y al ser social colectivo la realización del grado superior de la convivencia humana denominado sociedad civilizada. En este último caso, Chuquisaca es digna del respeto de los bolivianos, por ser una comunidad que históricamente ha buscado ser paradigma en la defensa del valor humano más trascendental, el de la libertad.

El chuquisaqueño ha sido reconocido y calificado siempre como hombre culto, no solo por los grandes exponentes intelectuales que en los diferentes campos de la cultura en todo tiempo destacaron, sino, principalmente, por el alto nivel de educación social demostrada en todas sus relaciones humanas; por sus usos y costumbres de cortesía; de trato fino o delicado; de respeto por los mayores; de consideración con las mujeres y los niños; por su pulcritud generalizada que calificara a nuestra ciudad como la más limpia de Bolivia; porque el honor o la dignidad se defienden a ultranza, siendo preferible el auto destierro que soportar la descalificación moral pública; porque se respetan los límites de la tolerancia sin sacrificio de los principios y valores heredados de nuestros mayores; en fin, porque casi todas sus pautas educativas y sociales las ha recibido en el hogar cristiano más que en la escuela laica, y porque fueron patrimonio general de todas sus estratos sociales.

La dignidad se traduce en la consciencia del respeto superior y prioritario que se debe a sí misma cada persona humana, y al que debe otorgar en igual medida a sus semejantes, por ser todos los humanos -- intrínseca y naturalmente -- portadores de una cualidad superior frente a las demás categorías de la creación divina, o, si se prefiere, de los “reinos” de la naturaleza. La dignidad se entiende como la autoestima universal de lo humano, que racionalmente concluye en la convicción de que el hombre es la más alta expresión espiritual y material del cosmos; sea su origen natural concebido como producto de la voluntad divina -- que es nuestro credo mayoritario -- o como resultado de un proceso casual, causal, o evolutivo. Dignidad es pues, para el chuquisaqueño, en última instancia, individual o socialmente, el respeto a la condición humana.

Tercer Rasgo: La Identidad.-


El encuentro del blanco ibérico europeo con el broncíneo indígena americano durante los periodos de la conquista y de la colonia, produjo el mestizaje de los habitantes del antiguo territorio de Charcas, hoy Bolivia; en grados, variedad de tipos étnicos, ámbitos geográficos e intensidades diversas, sin posibilidad de sobre vivencia de ninguna comunidad indígena originaria con total pureza étnica o racial.

Nuestras comunidades indígenas o rurales chuquisaqueñas existen y conservan muchas tradiciones culturales de nuestros comunes aborígenes, pero enormemente confundidas con las del conquistador europeo. Es más: religión, uso de la lengua, costumbres, vestimenta, alimentación, tecnología, ciencia, vivienda, salud y educación indígenas comunitarias o campesinas, denotan hoy más componentes de la civilización occidental, con persistentes resabios del pasado europeo, confundidos en su asimilación con lo actual, más que con unos ingredientes culturales típicamente “indígena originarios”, casi ya desaparecidos.

Tómese además en cuenta que ni conquistadores, ni conquistados, representaron durante aquel choque cultural histórico, cada uno, un solo tipo de identidad cultural, aunque los europeos contaron con más fuertes factores de cohesión y consiguiente sedimentación. Y así, como en todas las latitudes de la tierra, se cumplió el designio fatal de las conquistas, en las que los conquistadores acaban imponiendo su impronta cultural a los conquistados. Es interesante observar que cada región de la península europea heredó algunas de sus peculiaridades culturales a determinadas comunidades étnicas, muchas de las que hasta hoy se mantienen inalterables, como es el caso de los resabios regionales ibéricos de sus vestimentas confundidas como típica o puramente originarias.

En nuestra herencia social antropológica, es la simbiosis étnica-cultural o el mestizaje integral él que perfila el prototipo del individuo boliviano, y aún aceptándose que nuestra doble herencia genética-biológica pudiera considerarse como un proceso interrumpido o algo muy relativo para el indígena-originario, el factor de la integración cultural ibero-charquense -- realidad presente en todo el extenso periodo de casi tres siglos coloniales -- fue feliz o fatalmente irreversible y determinante. Todo dependerá de la afirmación o negación de ser, del nuevo hombre boliviano.

De esta manera es como se conforma y resuelve el origen de una nueva identidad étnica y cultural americana, que justa y orgullosamente denominamos boliviana, correspondiente a los actuales habitantes de nuestro país. Esta identificación es la que sostenemos mayoritariamente los chuquisaqueños. Es también la que por no corresponderse con la visión negativa “de resentimiento o negación parcial de origen”, ha dado lugar muchas veces a que injustamente se nos tilde de racistas.

Es pues el mestizaje integral, iniciado en la conquista, desarrollado en el largo periodo de la colonia en todos los ámbitos geográficos urbanos o rurales -- en el amplio espectro de nuestra tradición cultural, durante todo aquel proceso histórico de la formación de nuestra nacionalidad ibero-charquense, sin mayores aportes migratorios posteriores, y en diversos grados o intensidades -- el sello de origen en la identidad del ser nacional boliviano.

Esta visión es retrospectiva y futurista al mismo tiempo, porque los chuquisaqueños nunca hemos visto que pueda construirse el futuro de la nación, negando o renegando de nuestro pasado. El chuquisaqueño singulariza su interpretación sobre el nuevo hombre boliviano, identificándose con el pueblo insurgente que desde el 25 de Mayo de 1809 busca la realización de un Estado Nacional, sin desconocer sus orígenes indígenas preincaicos, y luego incaicos del imperio quechua; como tampoco nuestros orígenes europeos desde la conquista española. Basados más bien en esta triple dimensión cultural, sin negar ni renegar de ninguno de estos tres principales factores culturales y biológicos de nuestra realidad existencial, y aspirando reafirmarnos en la principal virtud de todos nuestros mayores, los chuquisaqueños somos fieles a nuestra pasión común y eterna por la libertad.

Por ello es que solo los que interpretan nuestra historia parcialmente como una “leyenda negra” o como un “pasado dorado” y mutilan la realidad integral del ser boliviano, renegando ya sea de sus ancestros indígenas o del aporte ibérico en nuestro doble origen biológico cultural, nos atribuyen injustamente una imposible identificación racial puramente criolla o k´ara y, peor aún, una pretensión de superioridad étnica “sangre azulada”.

Cuarto Rasgo: El Destino Histórico


El chuquisaqueño se sabe y siente heredero de un pasado glorioso, por su origen yampara, gran nación o señorío que en el punto geográfico más estratégico de la federación de los Charcas hizo de Choque-Chaca su ancestral Capital. Este pueblo tuvo una organización social y una cultura más avanzadas que otras tribus de sus vecinos Collas. Adoraban en religión al Tanga Tanga, waca que representaba la deidad de ser una en tres y tres es en una, y que según el historiador Abecia
11 se asemeja mucho a la Trinidad India llamada Trimurti, revelando una idea religiosa superior a la común adoración al sol.

Los charcas resistieron heroicamente primero, y pactaron inteligentemente después en términos de dignidad con el conquistador Inca Roca, que hizo de Chuqui Chaca – del quechua chocke-puente y chackca-principal u oro: Puente de Oro o Puente Principal
12 un punto geopolítico estratégico desde el cual se extendiera el Imperio Quechua hasta los confines del Tucumán, proveyéndole de sabios consejeros o ancianos amautas, y de sus mejores guerreros o capitanes para sus huestes imperiales.

Posteriormente, los charcas, en un primer momento, a la cabeza de sus valientes caudillos indígenas como Titu
13 , resistieron heroicamente al conquistador ibérico, que apenas salvó sus vanguardias sobre el poblado de Chuquisaca, por el auxilio divino y el humano recibido desde el Cuzco. . Pero comprendiendo pronto que una alianza con el extraño y poderoso conquistador les era más favorable para garantizar su libertad y pervivencia, fueron los primeros en pactar con él en los términos de una nueva alianza.

Nació la ciudad de La Plata en 29 de septiembre de 1538, como cabeza de la provincia de Charcas, sobre el mismo caserío de Chuquisaca, cual símbolo de unidad y fusión eterna de dos grandes culturas. Se la denominó por los españoles La Plata, por fundarse como centro urbano, político, administrativo y económico de un entorno territorial pletórico de argentífera riqueza.


[11] Abecia, Valentín: Historia de Chuquisaca,  Sucre, Charcas, 1939, página 8.
 [12]
Jáuregui Rosquellas, Alfredo: La Ciudad de los Cuatro Nombres,  Sucre, Imprenta La Glorieta, 1924, página 94. [13] Ibid., p. 95.
[14]
Abecia, Valentín: op. cit., página 13.

La primera victoria militar de los platenses se dio en la batalla de Chupas, el 16 de septiembre de 1542, en que unidos en torno a los derechos de los conquistadores Pizarro contra los invocados por Almagro “el mozo”, triunfaron sobre éste pregonando lealtad a la causa de su majestad el Rey. Antes de cumplirse un lustro desde su fundación, La Plata demostraba tempranamente una significación social, y una capacidad económica y militar de vanguardia, en la organización y consolidación política administrativa del territorio de Charcas.

Los Villarroél, Centeno, Santandía, Cotamito y otros principales poseedores o titulares de las dotaciones mineras más ricas de Charcas -- como las minas de Porco, Potosí y otras de menor riqueza -- eran conquistadores de la primera generación, fundadores y primeros pobladores de la ciudad de La Plata, a la que tuvieron siempre por principal capital, domicilio particular, asiento empresarial y centro político administrativo. Desde esta ciudad, 75 platenses fueron los primeros pobladores o fundadores de la luego opulenta Villa de Potosí, que llegó a constituirse en la “ratio summa” de los conquistadores y colonizadores de América.

En la inaudita y audaz rebeldía de Gonzalo Pizarro y sus seguidores como Francisco de Almendras y Francisco de Carvajal, o en la lealtad heroica de los Capitanes Diego de Centeno y Luís de Rivera, entre los años 1543 y 1544, observamos gestos que originariamente expresaron, aún desde intereses encontrados, la vocación de autodeterminación política que el poder económico procuraba a los Platenses, hijos de la colonial e indo americana capital de la Provincia de Los Charcas.

España instaló en Chuquisaca o La Plata, ciudad principal del territorio de Charcas, las sedes de un Arzobispado (1552); de una Audiencia Real (1559-61); y de una Universidad Mayor, Real y Pontificia (1624), con el mismo rango académico, preeminencias y títulos que la de Salamanca. La primera fue centro de expansión de la espiritualidad religiosa y de la unidad moral de la nueva sociedad; la segunda como entidad política y jurisdiccional, rectora de una enorme unidad territorial americana; y la tercera como foco de irradiación de la cultura iberoamericana charquense. Estas tres instituciones históricas constituyen los fundamentos o soportes estructurales que determinaron la creación – vía transformación de Charcas en un nuevo Estado -- de la República de Bolivia.

Nuestra patria comenzó a edificarse en Chuquisaca desde su fundación el 29 de septiembre de 1538, y por casi tres siglos de vida colonial, ésta ciudad fue el centro político administrativo del dilatado territorio de la Audiencia de Charcas sobre la que se erigió Bolivia. Por el potencial económico, población, y autonomía política administrativa que de hecho y de derecho practicó la Audiencia de Charcas en el largo periodo colonial, puede considerarse que, aunque dependiente de la corona española y de sus órganos administrativos peninsulares o americanos -- el Consejo de Indias, el Virreinato del Perú, y el Virreinato de Buenos Aires -- logró configurar en los hechos un Estado al que solo le faltaba independizarse y adoptar la formalidad jurídica de su propia constitución.

Es que la Audiencia de Charcas representaba una sociedad humana política y jurídicamente organizada; asentada en un territorio geográficamente extenso y bien delimitado, sobre el que ejercía un virtual monopolio de la coacción pública jurisdiccional y administrativa, a la que solo le restaba la conquista de su soberanía plena para reunir los elementos constitutivos del concepto moderno del Estado.   

Y Chuquisaca, en la búsqueda de aquella soberanía, tuvo la osadía de levantar al pueblo de Charcas contra el poderoso imperio español un glorioso 25 de Mayo de 1809; habiendo logrado, a sus instancias y ejemplo, ser casi inmediatamente secundada por el glorioso pueblo paceño, el 16 de julio de aquel mismo año.  

Es aquel el año inmortal del primer grito libertario de la gran patria sudamericana, y después de 16 años de una legendaria lucha librada, principalmente, en las regiones más próximas a la ciudad de La Plata, sede del “Regio Tribunal Revolucionario”.[31] . El Comandante guerrillero Manuel Ascencio Padilla, llamado justamente el “comandante Padilla”, hizo del pueblo de La Laguna[32] -- a solo 30 leguas de La Plata -- el centro de las operaciones bélicas de sus gloriosas partidas de guerrilleros hasta su muerte en 1816, hostigando heroica y permanentemente junto a su esposa doña Juana Azurduy de Padilla sobre aquella Capital colonial.  En ésta misma se formalizaría su existencia y constitución como Estado independiente un 6 de agosto del año1825. 

Por ello y más es que el mayor drama histórico registrado en la memoria y en el sentimiento colectivo de los chuquisaqueños, ha sido el representado en 1899 por el violento y fratricida despojo que la región altiplánica de La Paz cometiera contra los derechos de nuestra Capital, arrebatándola los de ser sede de los poderes Legislativo y Ejecutivo.  Perdida su cualidad de Capital Plena de la República de Bolivia, si bien se la mantuvo como sede del órgano Judicial y se la estableció constitucionalmente como “Capital de Bolivia”, ello solo ha significado durante los últimos 114 años, hasta hoy, solo un formal reconocimiento del Estado Boliviano a la cuna de su nacimiento.
En Chuquisaca se dio inicio a la acción fundadora de la conquista española en Charcas, hoy Bolivia; en ella se instalaron inmediatamente los órganos políticos y administrativos centrales de la colonial Nueva Toledo.  Chuquisaca pasó posteriormente a ser el centro gestor de las ideas revolucionarias fundamentales de la libertad americana, pues en ella se dio el primer grito libertario y en su territorio se libraron casi todas las batallas más importantes de la independencia.  Pero el dolor también une a los hermanos, y los chuquisaqueños tenemos en la reivindicación histórica de la capitalía, uno de los factores de cohesión más poderosos para marchar juntos en la dramática historia patria.


[31]- Los Oidores de la Real Audiencia de Charcas de 1809 fueron revolucionarios aun sin proponérselo, así lo sostienen varios autores, entre ellos el historiador Joaquín Gantier que denomina a este tribunal “La Audiencia Revolucionaria”.  Fueron instrumentos dóciles del primer momento de la revolución independentista, puesto que encabezaron o secundaron la acción de quebrantamiento definitivo de la unidad del gobierno colonial español, alternativamente, junto a los revolucionarios de Charcas.  El poder político de esta audiencia, sede jurisdiccional y administrativa de la corona europea, se resquebrajó dramáticamente el 25 de mayo de 1809, con el desconocimiento y pedido de renuncia a su cargo, violentamente exigida y lograda por algunos Oidores del Regio Tribunal de Charcas a su Presidente el Gral. Ramón García Pizarro.  Y, aunque justificando sus conductas en una real o aparente lealtad al joven Rey Fernando VII, contra las pretensiones usurpadoras de doña Carlota Joaquina de Borbón, no dejaron de conmover históricamente el orden político y administrativo monárquico de las colonias españolas, aportando eficazmente a la primera acción independentista americana.  Todo aquello en contra de la necesaria unidad de la nación española invadida por fuerzas enemigas, con las “agravantes” de haberlo hecho invocando derechos de un rey que, junto a su real familia, era cautivo de una potencia extranjera; monarca abdicado y suplantado por un representante de la nación invasora; en una prisión fuera del territorio de su reino, y en un lugar distante a miles de leguas terrestres y millas marinas de la sede de la Real Audiencia.
[32] Hoy ciudad de Padilla, Capital de la Provincia Tomina del Departamento de Chuquisaca.

 Chuquisaca, a lo largo de 340 años -- transcurridos entre 1559, el de creación de la Real Audiencia de Charcas; y 1899, el del despojo de su capitalidad plena -- fue innegablemente la capital y el centro político más importante del territorio de la Audiencia Charcas, que después se transformara en la que hoy se conoce como Estado Plurinacional de Bolivia.

Representan casi tres siglos y medio de funcionamiento de todos los órganos superiores del poder del Estado en una sede reconocida por todos, y lo fue no por el azar o la simple casualidad, sino, por poderosos factores geopolíticos, económicos e históricos. De no ser así, nunca habría alcanzado, por tan largo periodo de tiempo, la permanencia y estabilidad como centro del poder político de un enorme territorio colonial y, luego, de una nueva República Sudamericana.

Desde Chuquisaca se buscó originalmente la unidad del destino histórico de toda la patria Sudamericana, porque la patria libre e independiente por la que lucharon los Hombres de Mayo jamás se circunscribió al “Alto Perú” de la fase o período final de la Colonia.

América del Sur fue la patria por la que lucharon nuestros antepasados; sea como Doctores de Charcas del primer grito libertario; como guerrilleros de la independencia en la guerra de 15 años; y a nombre de ambos, en la generación de 1825 que fundó a Bolivia. Porque casi todos los Doctores supieron empuñar la pluma tan bien como la espada, enfrentando al enemigo en todas las latitudes de nuestro continente sudamericano.
 

Chuquisaca ratificó en todo tiempo esta vocación conductora aún después de la frustración del gran proyecto sudamericano. En todas las etapas de la vida de la República, puntualmente durante los trágicos acontecimientos de la mal llamada Guerra Federal de 1898; en ocasión de las celebraciones del centenario de la República; en todos los procesos revolucionarios del siglo XX; y en el último de la Asamblea Constituyente, rematada en los trágicos y gloriosos sucesos de La Calancha, nuestra ciudad selló con sangre el testimonio de la defensa de sus derechos de Capital de Bolivia. 

El destino histórico de Chuquisaca es y fue siempre el de ser “társica o atársicamente” – en el sabio lenguaje de Don Guillermo Francovich,[17] que es el más grande entre los últimos grandes chuquisaqueños -- el punto geográfico desde el que invariablemente emergen las primeras ideas y las iniciales acciones políticas de verdadera gravitación histórica.  Por fatal o venturosa predestinación, por voluntad propia o aún contra su voluntad, desde Sucre o Chuquisaca se han lanzado siempre las señales de los grandes cambios políticos o sociales en Bolivia.  Los chuquisaqueños reconocen un especial instinto social, una percepción natural o intuición colectiva respecto de los momentos estelares o extremos críticos de la historia patria, y es en el ámbito de nuestra ciudad donde siempre se han producido los primeros síntomas de todo futuro y decisivo acontecimiento histórico.


[17] Francovich, Guillermo: Los tipos humanos y la historia, México, Cajica, 1970, página 302.
 

III.- LA PSICOLOGÍA SOCIAL DEL CHUQUISAQUEÑO (CONCLUSIÓN)

La Psicología Social es una disciplina originada en dos vertientes científicas: la psicología y la sociología, por lo que unas veces se confunde como sinónima y otras es muy afín a nuestras ideas sobre lo que conocemos como “espíritu social”, “fuerza social”, “psicología colectiva”, “psicología de las masas”, “carácter o personalidad de un pueblo”, y otros conceptos ambivalentes.  Su convalidación como disciplina científica se remonta a la década de los años 1960 con autores sociólogos o psicólogos como Durkheim o Wundth.  En una definición simple podemos recoger la que expresa que es el estudio de la socialización y de sus consecuencias.[18]  ¿Qué es la socialización?  La Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales la define como el proceso por medio del cual todo individuo asimila las creencias y valores de su grupo social y aprende a ajustar su conducta de acuerdo con las expectativas de los otros miembros de su grupo.[19]

El Diccionario de Psicología de Warren, a su vez, define a la psicología social como al “estudio de la conducta y la consciencia de grupos”.  De la cita de estas dos importantes fuentes bibliográficas sobre el concepto de la psicología social es fácil observar que los sociólogos hacen énfasis en los procesos sociales de la integración grupal humana, en cuanto que los psicólogos en el estudio de la conducta y de la consciencia humanas y, así, cada quien pretende llevar las aguas a su propio molino.  Por su parte la moderna Enciclopedia Británica define a la psicología social como a “la disciplina que combina los conocimientos y las técnicas de la psicología y de la sociología para estudiar la interacción entre los individuos, de éstos con los grupos y de los grupos entre sí”,[20] siendo ésta la que preferimos adoptar tanto por su claridad y simpleza, como por su descripción imparcial.

Desarrollando un poco más las anteriores definiciones, a objeto de mejor precisión del objeto de estudio de la psicología social en el presente trabajo, transcribimos la de la referida enciclopedia de las ciencias sociales en la que se dice que es:  

[. . .] el método general de estudio del comportamiento humano, que se apoya, por una parte, en ciertos hechos fundamentales de la percepción, cognición, motivación, y aprendizaje, y, por otra, en determinados hechos esenciales que se refieren al contexto social que determina las condiciones límites de la conducta en forma de expectativas por parte de los otros.   

Por tanto, la psicología social está en una situación que puede acudir tanto a la psicología tradicional como a la sociología tradicional.[21]


[18] Sills, David L.: Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales, Madrid, Aguilar, 1976, página 738.
[19]
Howard, Warren C., Diccionario de Psicología, México, Fondo de Cultura Económica, 1948, página 291.
[20]
Encyclopaedia Britannica: Encyclopaedia Britannica: Micropedia, Volumen II, Kentucky, Encyclopaedia Britannica Publishers, Inc., página 256.
[21]
Cit ídem., página 739.

Si en la definición del carácter de un pueblo intervienen factores que van consolidándose en estructuras intrapsíquicas y comportamientos manifiestos que originan un verdadero rasgo, podemos decir que Chuquisaca ha desarrollado un modelo de cultura fundado en el afecto permanente e intemporal a la libertad, y éste es su inconfundible y principal rasgo característico.  La identidad psicosocial de los chuquisaqueños se perfila básicamente en su entrañable amor al ideal de la libertad.  El chuquisaqueño se ha sentido siempre heredero legítimo – cultural, histórico y legal -- del grupo de referencia que inició la construcción de la independencia y libertad de América, y este sentimiento tan tradicional en sus generaciones, lo ha puesto de manifiesto cuantas veces en la historia patria ha tenido que enfrentar a distintos dictaduras y a diversas formas de amenaza a la libertad.  Los chuquisaqueños reaccionan, interactúan y se manifiestan de manera instintiva, impulsiva y directa cuando se trata de graves y extremos atentados contra sus libertades, dignidad o derechos ciudadanos fundamentales.  En estos casos su espontaneidad es proverbial, y los ejemplos se han dado en toda ocasión de importancia o significación histórica desde la época temprana de la fundación de la Villa de La Plata: 

  • en el periodo de consolidación de la conquista española y de las luchas entre conquistadores por sus posesiones en el territorio de Charcas;

  • en diversos episodios históricos de la Audiencia de Charcas, de su famoso Tribunal o de otras corporaciones seculares o clericales, e incluso en el protagonismo de personajes de importante rango público, social o económico en el largo periodo colonial;

  • estelarmente desde el primer grito libertario de América del año 1809, y durante todo el periodo la guerra de la independencia;

  • en todas las etapas de la vida de la República, puntualmente durante los trágicos acontecimientos de la mal llamada Guerra Federal de 1889; en ocasión de las celebraciones del centenario de la República;

  • en todos los procesos revolucionarios del siglo XX; y

  • en el último de la Asamblea Constituyente, rematada en los trágicos y gloriosos sucesos de La Calancha en que un pueblo indómito supo doblegar militarmente a las milicias de un Estado. 

Ningún valor ha podido constituirse en mejor factor de cohesión social de los chuquisaqueños después del religioso – su principal fuente -- que el ideal de la libertad.  Nuestra ciudad nació con una auténtica vocación política-administrativa, que no la ha perdido, ni perderla puede, sin riesgo de la integridad futura de la Patria porque fue su origen y es el eje concéntrico de la rueda de su historia.  Sin el restablecimiento de los equilibrios norte-sur y oriente-occidente, cuyo centro geopolítico es Chuquisaca, nuestro pacto social original de 1825 podría revocarse y su reedición “plurinacional”, en lugar de fortalecer nuestra unidad, propiciará la futuro desintegración de Bolivia.  Esto, si al menos en lo inmediato no se designa a Chuquisaca como sede del Poder Electoral y de otros órganos con competencias nacionales, hecho que garantizaría los equilibrios regionales con el nacional en el ejercicio del poder público del Estado Boliviano.

 SER CHUQUISAQUEÑO.
(A CRISTO EL NAZARENO, DIVINO MAESTRO DE LA LIBERTAD)


¡OH! Libertad…
Imagen y semejanza de Dios sellada al hombre
Divino inserto eterno en su mortal naturaleza,
espiritual esencia que nos conduce a la certeza,
de ser o morir con gloria. ¡Por su bendito nombre!

Ser chuquisaqueño es sentir la libertad:
en las entrañas, en la piel, en los cabellos;
en el aire, en el agua, en el sol y en las estrellas,
como sustancia vital para las cosas todas.

Sentir la libertad es buscarla dilatada…
perentoria, universal, equitativa y ética;
como conquista fatal, tan necesaria y épica,
cual si la vida misma sin ella fuera nada.

De Choque Cháka y La Plata derivase Chuquisaca
Charcas e Iberos mineros fueron sus hijos primeros.
Puente de Oro y Blanco Metal ricos signos agoreros
de la ciudad que por libre, la historia grande destaca.

Ser libre o no digno de la vida, es el lema de La Plata,
porque un existir engrillado es vivencia ignominiosa.
Vida, libertad y dignidad; triada fue que hizo grandiosa
¡flamear tu roja cruz en aspa, alba bandera de Chuquisaca!

Ser chuquisaqueño es defender la genética herencia
de las indómitas tribus de la federación de los Charcas:
Yamaparas, Suras y Quilas; Chuis, Porcos o Kara Karas
al ibérico reino injertados, con dicotómica conciencia.

Audaces conquistadores o evangelizadores sublimes
con espíritu de aventura o por ventura espiritual,
codiciando la fortuna o en busca de almas perdidas;
con la espada cruel sangrante o con la cruz redentora.

Pactaron nuestros mayores sobre el Reino Incaico caído.
Indios Charcas y Rey de España, en actas de convivencia;
gestando nuevo tipo étnico, de un nuevo mundo surgido
para ventura o desventura… ¡librado a la providencia!

En Chuquisaca o La plata de aquella Audiencia Imperial
los hijos del cacique indio junto a los del capitán hispano
en tres siglos de un gran pacto ya amistoso o ya inhumano
fundiéronse en nueva estirpe, en la Charcas colonial.

¡OH! Libertad…
Gesta chuquisaqueña que se acunó en la Universidad
en el Clero, en el Cabildo y hasta en el Regio Tribunal.
Doctores, curas y regidores; con inspiración genial
formularon el silogismo que implantaría una verdad.

Criollos, mestizos, indígenas…juntos en hermandad
heroicos se revelaron contra la España imperial
y convocaron a la América, al grito de libertad
echando al vuelo campanas, en mensaje inmaterial.

Zudañez, Michél, Lemoine, Monteagudo y Arenales;
primeros en la acción fueron de la gesta americana
que iniciada en Chuquisaca incendiara a los mortales
en trascendentes ideales, contra la esclavitud humana.

Manuel Ascencio Padilla y Juana la Guerrillera
El caudillo y su amazona, combate y Republiqueta
Camargo fiel compañero, Wallparrimachi el poeta
Cueto, Carrillo y Zárate, la patriótica montonera.

¿Y qué entendéis chuquisaqueños que sea la libertad?
Preguntó un godo ignorante a un doctorado de verdad
“La libertad, hombre inculto, ensayo es de eternidad”
respondióle con gran tino, con valor y dignidad.

Ser chuquisaqueño es creer con absoluta conciencia
que el mayor riesgo en la vida, es querer la libertad.
Que buscarla y conquistarla no es cosa de prudencia
y que la muerte por ella… ¡es feliz fatalidad!

¿Locura es la libertad? ¡Es chuquisaqueña locura…!
Pues solo en el inteligente produce su desvarío
que en la animal condición no necesita de cura,
por no ser bruto atributo, sino del humano crío.

Lector de cosas de antaño, de las de hoy y del mañana
si quieres tú pregonar sobre el “ser chuquisaqueño”
sube allá alto, aún más alto…al pico de la montaña;
¡y grita que la libertad, fue siempre su heroico ensueño!

Chuquisaca, Mayo del 2011