SOCIEDAD GEOGRAFÍA Y DE HISTORIA "SUCRE"


LA MEDICINA EN TIEMPOS DE LA AUDIENCIA DE CHARCAS (1)

José Luis Baptista Morales


Señor Presidente y señores miembros del Directorio de la Academia Boliviana de Historia de la Medicina, y participantes de todas las entidades de nuestro país afiliadas a dicha prestigiosa institución:

Me siento muy honrado por el hecho de representar a la Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre” en este evento, que brinda a esa entidad una valiosa oportunidad para estrechar vínculos originados en la inquietud común de profundizar y difundir conocimientos propios del campo de la Historia.

Motivados por una idea de información que abarque acciones en todas las áreas, algunos historiadores han abierto una senda en ese sentido. Tienen ese carácter tanto el libro de Historia de Bolivia, escrito por Augusto Guzmán, como el presentado con el mismo título y en forma conjunta por José de Mesa y por su hijo Carlos Diego, los cuales dan noticia sobre el aporte de estudiosos bolivianos y extranjeros en todos los campos.

Como no es fácil una publicación de Historia multidisciplinaria, son valiosos los estudios específicos sobre determinadas actividades. Todas las inquietudes vinculadas con la Historia han sido siempre profundamente apreciadas por la Sociedad de Geografía y de Historia “Sucre”, que se fundó en 1887 para fines de estudio y difusión de diversas disciplinas con especial énfasis en los temas históricos.

La importante labor desplegada en ese sentido por la Academia Boliviana de Historia de la Medicina en un plano estrictamente concerniente a las Ciencias Médicas, repercute en determinados casos, con efectos adicionales, hacia el campo histórico propio de otras áreas. Tal es el caso de los estudios de orden histórico sobre la fundación y desenvolvimiento de Facultades de Medicina en la Universidad de San Francisco Xavier y en la Universidad de San Simón, cuyos autores son, respectivamente, el doctor Pedro Ledezma Miranda, ilustre Presidente de esta Academia Boliviana de Historia de la Medicina, y el respetado doctor Augusto Morales Asúa que fue Rector de la indicada Universidad de San Simón. Esos trabajos están estrechamente vinculados con la Historia de la Educación Superior en Bolivia a partir del periodo republicano.

Se puede apreciar que, así como queda expresado respecto a ese caso, es posible percibir diversos temas de interés en el campo de Historia de la Medicina que están igualmente vinculados a otras áreas de conocimiento. A modo de ejemplo, cabe señalar que existen puntos convergentes entre la Historia del Derecho y la Historia de la Medicina. Un tema de ese carácter es, sin duda, el estudio de los requisitos exigidos para ejercicio de la Medicina durante el periodo en que nuestro país dependía de la Monarquía Española.


[1] Disertación pronunciada en representación de la Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre” el 18 de mayo de 2012 en la Academia Boliviana de Historia de la Medicina, en ocasión de celebrarse el XII Congreso Nacional de Historia de la Medicina.

Para conocimiento de esos requisitos son fuente primordial:

• La Recopilación de las Leyes de España promulgada en 1567 por el Rey Felipe II que compiló todas las disposiciones legales emitidas hasta entonces desde 1255 en tiempos de Alfonso X el Sabio;
• La Recopilación de las Leyes de los Reinos de las Indias promulgada en 1680 por Carlos II; y
• la Novísima Recopilación promulgada en 1806 por Carlos IV.

En el Libro Quinto del Título Sexto de la Recopilación de las Leyes de los Reinos de las Indias constan las disposiciones concernientes a esa materia, las cuales se encuentran también transcritas en la Novísima Recopilación.

Según esas disposiciones, las licencias para el ejercicio de las funciones correspondientes a Médicos, Cirujanos y Boticarios se estableció una institución denominada “Tribunal de Protomedicato”. Se dio la denominación de “protomédicos” a cada uno de los médicos que componían el Tribunal de Protomedicato. Dicho Tribunal, formado por los protomédicos y examinadores, reconocía la suficiencia de los que aspiraban a ser médicos, y concedía las licencias necesarias para el ejercicio de dicha facultad.

En 1680, durante el reinado del Rey Carlos II, se promulgó la Recopilación de las Leyes de los Reinos de las Indias, que contiene nueve Libros sobre una gran variedad de materias. En el Libro Quinto del Título 6° de la Recopilación de las Leyes de los Reinos de las Indias se encuentran las disposiciones concernientes al Protomedicato. Se aplicaron también las disposiciones contenidas en el Cuerpo de Leyes denominado “Novísima Recopilación” que se promulgó en 1806 por Carlos IV.

La admisión de exámenes de Médicos y Cirujanos era propia y privativa del Protomedicato, sin apelación ni recurso a ningún Tribunal. Procedía únicamente la suplicación al mismo Protomedicato el que debía proceder con parecer de su Asesor. El examen y aprobación de los requisitos que piden las Leyes antes de recibirse los Médicos, Cirujanos, Boticarios y los demás que se emplean en la curación de las enfermedades, como los grados, pasantía y fe, fue único y privativo al conocimiento del Protomedicato sin apelación ni de oficio, ni de querella de parte.

También es una privativa la jurisdicción del Protomedicato en todo los respectivo a los delitos y excesos que por razón de oficio cometiesen los médicos, cirujanos, boticarios a quien se despachó títulos para la curación de las enfermedades y de los que sin ellos se introdujeren a curar y recetar remedios mayores; y de las sentencias y determinaciones que en todas estas causas diere el Protomedicato con parecer de su asesor, no ha lugar a apelación, ni recurso a la apelación para ante el mismo Tribunal.

Según disposiciones contenidas en la Ley 4, Título 12, Libro 8 de la Novísima Recopilación, nadie podía desempeñar la profesión de cirujano en ningún pueblo de la monarquía sin presentar primero ante la justicia el título correspondiente despachado por el Tribunal de Protomedicato, bajo las penas que hemos visto arriba.

Antes de las pruebas respectivas, los postulantes debían someterse a un juicio informativo sobre “Limpieza de Sangre”, a fin de que se demuestre que no eran judíos ni musulmanes. Se sabe que tal exigencia quedó en desuso en el Siglo XVII. Las decisiones respectivas se adoptaban sin posibilidad de apelación ni recurso ante ningún Tribunal. Procedía únicamente la denominada “suplicación” planteada al mismo Protomedicato, el que debía proceder con parecer de su Asesor. Como excepción, mientras estuvo vigente el juicio informativo sobre Limpieza de Sangre, sólo para ese caso se permitía apelación.

Se otorgaba el calificativo de Médico “al que ha estudiado y profesa la Medicina, estos es, la ciencia de precaver y curar las enfermedades del cuerpo humano”. Algunos tenían doble autorización para ejercer como “Médico-Cirujano”. Una disposición de la Novísima Recopilación señala que cualquiera que ejerza esa facultad sin título incurre por primera vez en multa; por segunda vez en multa y destierro, y por la tercera en multa y presidio. Otra dice: “Cuando muriere cualquier profesor de estas ciencias, es obligación de la justicia recoger inmediatamente el título para su cancelación, a fin de evitar el abuso que pudiera hacer de él alguna otra persona”.

Se dio la denominación de Cirujano “al que profesa la cirugía, la cual es una parte de la medicina práctica, que según la etimología griega del nombre consiste en el arte de curar por medio de operaciones hechas con las manos, o bien solas, o ya con ayuda de instrumento, las enfermedades del cuerpo humano”. Los Cirujanos estaban clasificados entre “Latinos” y “Romancistas”. Cirujanos Latinos eran los que podían hablar y escribir en latín. Cirujanos Romancistas eran los que, ignorando el latín, sólo podían expresarse en idioma castellano. Éstos, aunque tenían autorización para actuar con operaciones respecto a las llamadas “enfermedades externas” aplicando inclusive la sangría, no podían recetar en los casos de las calificadas como “enfermedades mixtas” (externas e internas) ni en las puramente internas, pues correspondían privativamente las primeras a los Cirujanos Latinos y las segundas a los denominados “Facultativos de Medicina”.

Se imponían a los contraventores las mismas penas establecidas para sancionar a los que ejercían sin título. Nadie podía desempeñar la profesión de cirujano en ningún pueblo sin presentar primero ante la justicia el título correspondiente despachado por el Tribunal de Protomedicato, bajo pena de multa por la primera vez, multa y además destierro del pueblo de su residencia por la segunda vez, y pena de presidio por la tercera.

Los cirujanos, excepto aquellos que tenían la condición de médico-cirujano, estaban prohibidos de ejercer la medicina salvo en los casos mixtos, y los romancistas ni aún en esos. Tampoco podían ser boticarios.

Debido a que era usual que los cirujanos se desempeñaban, además, como barberos, la Novísima Recopilación dispuso que los cirujanos no podían tener barbería, “por ser incompatible este ejercicio mecánico con las tareas literarias y trabajos mentales de su noble profesión”, ni podían tampoco hacer medicamentos para venderlos, bajo pena de multa por la primera y por la segunda vez, y multa más pena de destierro de su pueblo por la tercera vez.

Entre las disposiciones más antiguas, que consta en una de las “Siete Partidas” de Alfonso X el Sabio, figura una que señala que el cirujano que abandonare la curación que hubiere tomado a su cargo, o errare en ella por su culpa o falta de instrucción, queda responsable del daño que se siguiere.

Los cirujanos, después de curar, aplicando los remedios de primera intención a los heridos de mano violenta o de casualidad que los llamaban, debían avisar inmediatamente a la justicia, bajo pena de multa por la primera vez; pena de multa y destierro por cuatro años por la segunda vez, y seis años de presidio por la tercera.

Se daba la denominación de Boticario “al que ejerce aquella parte de la medicina que consiste en la preparación de los remedios o medicamentos para la curación de los enfermos”. Sólo eran admitidos a examen para ejercicio de esa “facultad de farmacia” los que sabían latín y habían practicado con boticarios aprobados. No se podía ejercer al mismo tiempo la función de boticario junto con las funciones que correspondían a médico o a cirujano. Le estaba prohibido despachar medicina alguna sin que les sea pedida expresamente por receta de médico o de cirujano, según sus respectivas facultades.

También competía en exclusiva al Tribunal del Protomedicato todo lo concerniente a conocimiento y resolución de querellas o denuncias por comisión de delitos atribuidos a médicos, cirujanos y boticarios en ejercicio de sus facultades. Para la sustanciación de causas de esa naturaleza, se incorporaba al Tribunal de Protomedicato un Oidor de la Audiencia en esta ciudad, y se incorporaban en otros lugares los respectivos Gobernadores, Alcaldes o Corregidores. Las resoluciones concernientes a esos casos no daban lugar a “suplicación” ante el mismo Tribunal, ni había tampoco posibilidad de apelación o recurso ante ningún otro Tribunal.
La Cédula Real de 5 de mayo de 1795 dispuso que las Audiencias tenían atribuciones para conocer en grado de apelación en las causas contra los que ejercen como médicos, cirujanos o boticarios sin licencia, pero no estaban facultadas para conocer en lo concerniente a exámenes para ejercicio de esas funciones por ninguna causa ni razón, ni de admitir recusaciones de los individuos del Tribunal del Protomedicato.

De conformidad a disposiciones contenidas en la Novísima Recopilación, los llamados “curanderos y charlatanes” que, con transgresión de las normas vigentes, elaboraban, vendían y aplicaban diversos remedios, “bajo el colorido de específicos y secretos con que abruman al vulgo”, incurrían en las mismas penas prescritas contra los que ejercían sin título el “arte de curar”. Una de esas disposiciones señala que:

Si alguna persona presumiere tener algún específico o secreto para la curación de enfermedades, debe manifestarlos con su composición al Tribunal de Protomedicato, para que, examinándolo, y comprobada la utilidad o perjuicio de su uso, lo adopte o proscriba; debiendo hacerse la elaboración y venta en su caso por profesor de farmacia.

Está demostrado que en esa época eran corrientemente solicitados y utilizados los servicios de curanderos indígenas, no solamente por los de ese sector, sino también por españoles y criollos. En atención a la valiosa documentación de esa época que se conserva en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia, establecido en esta ciudad de Sucre, convendría una investigación minuciosa para determinar si se aplicaban o no a ellos las disposiciones entonces existentes para sancionar a quienes ejercían la medicina sin título.