SOCIEDAD GEOGRÁFICA Y DE HISTORIA "SUCRE"


EL 25 DE MAYO Y LA AUDIENCIA GOBERNADORA DE CHUQUISACA: EL PRIMER GOBIERNO AUTÓNOMO DE CHARCAS EN 1809

Norberto Benjamín Torres

1. ANTECEDENTES

La Revolución del 25 mayo de 1809 en Chuquisaca fue un hecho crucial en la historia boliviana.  No se trata de un acontecimiento aislado, sino que forma parte de un proceso de transformación más amplio.  Entonces los sucesos ocurridos son actos cívicos de mucha importancia y políticamente, mucho más.  Analizar el antes, durante y el después, nos permite entender su vinculación lógica en el tiempo. 

1.1  Situación política en España

La rivalidad militar entre España e Inglaterra se combinaba con la económica.  Inglaterra estaba en pleno proceso de revolución industrial, y las colonias españolas en América eran un mercado deseado por los comerciantes ingleses.  La guerra con Inglaterra separó a España de sus colonias, ya que dejó a los españoles sin recursos económicos para protegerlas militarmente y para abastecerlas de mercancías.  Asimismo, los conflictos bélicos en los que España se vio involucrada agudizaron la grave crisis económica que este país atravesaba desde mucho tiempo atrás. 

En el marco del enfrentamiento con Inglaterra, el emperador francés Napoleón Bonaparte decretó un bloqueo continental; una especie de zona de vigilancia para que los británicos no pudieran comerciar con otros países del continente europeo.  Para aislar totalmente a Inglaterra, Napoleón necesitaba conquistar Portugal, único punto de apoyo que les quedaba en Europa a los barcos comerciales ingleses.  Para llegar a Portugal, Napoleón solicitó permiso a las autoridades españolas, sus aliadas, para atravesar el territorio. 

El permiso fue concedido por Manuel Godoy, ministro del rey Carlos IV.  Godoy era una figura odiada por muchos sectores de la población española.  Consideraban que la lucha contra Inglaterra, que había sido impulsada por Godoy, había causado la crisis económica y que el ministro estaba preparando, en realidad, una entrega de España a Francia para lograr beneficios personales.  Al difundirse la noticia de que Godoy había aceptado la propuesta de Napoleón, el ministro apareció ante la opinión pública como un traidor y comenzó a organizarse un movimiento en su contra, encabezado por el hijo del rey, Fernando, que era muy querido por el pueblo. 

En marzo de 1808 los opositores llevaron a cabo un levantamiento denominado el Motín de Aranjuez.  Como consecuencia, Godoy fue destituido y Carlos IV abdicó a favor de su hijo Fernando, quien ocupó así el trono de España como Fernando VII.  Pocos días después, cuando los franceses ingresaron en España con destino a Portugal, no aceptaron a Fernando VII.  El rey y la familia real se trasladaron a la ciudad gala de Bayona (en la frontera entre España y Francia) para reunirse con Napoleón y lograr su reconocimiento.  En el encuentro de Bayona, Napoleón hizo públicos sus objetivos con respecto a España: consideraba a los Borbones como una dinastía corrupta y quería poner en el trono a un miembro de su propia familia.  Sin ofrecer resistencia, Fernando VII firmó su renuncia incondicional a la corona española, y su padre, Carlos IV, la transfirió a Napoleón, quien nombró rey de España a su hermano José.  España quedó así en manos de los franceses.  El 2 de mayo de 1808 hubo una gran agitación en las calles de la capital española. El pueblo de Madrid se levantó contra las tropas francesas y fue brutalmente reprimido por éstas.  Los levantamientos se extendieron en el interior del territorio español, en las zonas donde el dominio francés era más débil.  En muchos pueblos y ciudades se formaron juntas de gobierno, que fueron llamadas por muchos historiadores "juntas revolucionarias".  Los movimientos populares tomaron a Fernando VII como símbolo de su lucha.  En septiembre de 1808 se formó la Suprema Junta Central Gubernativa del Reino que gobernó en nombre de Fernando VII, como depositaria de la soberanía que las distintas juntas le habían delegado.  El objetivo de la junta era unificar la lucha contra los franceses. 

En esas circunstancias, en Chuquisaca, y luego en muchas otras ciudades americanas bajo el dominio del Imperio Español, se detonó una crisis política a causa de la crisis institucional en la metrópoli y de las tensiones revolucionarias que venían madurando en las sociedades coloniales. 

1.2  La misión de José Manuel de Goyeneche

Según Real Decreto expedido por la Suprema Junta de Sevilla en fecha 17 de junio de 1808, a José Manuel de Goyeneche y Barreda, militar arequipeño, fue  comisionado como representante plenipotenciario de la Junta Suprema Central de Sevilla para la proclamación del rey Fernando VII en el del Río de la Plata y en el Virreinato del Perú.  El 24 de julio de 1808, la Junta de Sevilla le confiere los despachos de Brigadier.  El 19 de agosto llegó al puerto de Montevideo, y cuatro días más tarde pasó a Buenos Aires. 

La controversia y polémica rodean a la figura de Goyeneche.  Hay una serie de interrogantes que aún hoy permanecen sin responder: ¿Goyeneche fue un agente de Napoleón?; ¿fue un agente de Carlota Joaquina?; ¿fue fiel a la Junta y al rey?; ¿o fue fiel a sus propios intereses? 

Llegó a Buenos Aires dos días después que se realizó el juramento de fidelidad a Fernando VII, en medio de un recibimiento público y ruidoso.  En seguida se declaró partidario del virrey Liniers, en la disputa que mantenía éste con el gobernador de Montevideo.  Esta es la evidencia en su Informe reservado en honor y conciencia: [1]            

[. . .] Don Santiago Liniers tiene el carácter siguiente, honrado y lleno de honor, no conoce el miedo, su cabeza fecunda en proyectos [. . .] 

 El día 20 de septiembre, salí de Buenos Aires después de haber llenado  completamente el alto encargo de mi comisión en los términos que avisé a Vuestra Alteza por la Goleta

Liniers y por el duplicado que se remitirá en el primer buque que se expida.  Hoy me hallo en Córdoba, capital de la provincia de Tucumán, promoviendo el espíritu público a favor de donativos y de respeto y sumisión a las autoridades que Vuestra Alteza ha ratificado en sus destinos a nombre del Señor Fernando VII, cuya Jura y proclamación se hizo con gran pompa [. . .][2].


[1] Informe de Goyeneche al Presidente de la Suprema Junta de Sevilla. Buenos Aires, 15.9.1808. en Archivo Histórico Nacional en Madrid, España en adelante AHN, Estado 55, C.

Siguiendo su itinerario, Goyeneche llegó a Salta, según lo menciona la siguiente acta capitular:               

En la ciudad de Salta a 20 de octubre de 1808.  Estando los señores que componen este Ilustre Cabildo congregados a efectos de conducir a ella desde su posada al Señor D. José M. Goyeneche, Brigadier de los Reales Ejércitos, etc.  Y comisionado por la Junta Suprema de Sevilla para asuntos interesantes a la corona, en las actuales críticas circunstancias que se haya nuestra España, verificada su entrada en dicha sala, hizo una prolija narración de lo acaecido en Madrid, traición de Napoleón, estado de nuestro soberano Fernando 7º y que el objeto de su comisión era pedir donativos voluntarios, para auxilio de la península; que cantidad de numerario que se recolecte se remita al Excmo. Señor Virrey para que la remita a la Suprema Junta, y se le de aviso al citado Señor Brigadier a la capital de Lima adonde se dirige.  De todo lo cual impuesto este Ilustre Ayuntamiento, gustoso a participar cuantas diligencias sean posibles a su consecución, lo firma, doy fe. José Manuel de Goyeneche – Lino Rosales – Juan José Nevares – José V. Toledo – Hermenegildo G. Hoyos – Francisco Araoz – Francisco G. Sanmillán – José C. Sansetenea. Francisco A. Valdez – Marcelino M. Silva, Escribano.[3]

Luego llegó a Potosí el 6 de noviembre, donde se ocupó principalmente del problema de la carestía del azogue y del estado de los mitayos.  Cuando llegó a Chuquisaca, sede de la Real Audiencia de Charcas, las noticias de su entrevista con Carlota de Brasil despertaron alarma en la población.  A mediados del siglo XVIII la provincia de Chiquitos, en los llanos al oriente de Chuquisaca, había sido alcanzada por las incursiones de bandeirantes brasileños, quienes secuestraron para esclavizar a la población aborigen, recuerdo que despertó suspicacias en la población de la ciudad.

Las diligencias de Goyeneche fueron cortas; se entrevistó en varias ocasiones con el Presidente Intendente García de León y Pizarro y con el arzobispo de Charcas, Benito María Moxó y Francolí.  Ambos tenían previamente conflictos con los oidores de la Real Audiencia y con el cabildo eclesiástico respectivamente, quienes rechazaron la carta de Carlota Joaquina que Goyeneche había traído.  En la siguiente acta consta lo ocurrido en la reunión de Goyeneche con las principales autoridades de la ciudad:

En la ciudad de La Plata, a doce de noviembre de mil ochocientos y ocho años.  El Excmo. Señor Presidente Don Ramón García de León y Pizarro, habiendo convocado a su posada por medio de los correspondientes oficios al Muy Reverendo Arzobispo Doctor Don Benito María Moxó y Francolí, a los señores Doctores Don Antonio Boeto, Don José de la Iglesia, Don José Agustín de Ussoz y Mozi, Don José Vásquez Ballesteros y Don Miguel López Andreu, Regente, Oidores y Fiscal de esta Real Audiencia y a los alcaldes ordinarios: Don  Pedro Díaz de Larrazábal y Don Antonio Real de Azua, diputados del Ilustre Ayuntamiento , juntos y congregados a las cuatro de la tarde, hora señalada para la concurrencia en presencia de todos, manifestó el Señor Brigadier Don José Manuel de Goyeneche haber llegado a este pueblo de enviado por la Suprema Junta de la Nación formada y residente en la ciudad de Sevilla para entregar un pliego cuyo contenido aparece de los documentos adjuntos, y resultado de un examen serían despachos librados por dicha suprema Junta a los fines que en él se expresan.


[2] Carta de Goyeneche al Presidente y vocales de la Suprema Junta de Sevilla. Córdoba del Tucumán, 2.10.1808 en AHN, Estado 57, A.
[3] ZORROGUIETA, Mariano. Apuntes históricos de la Provincia de Salta en la época del coloniaje, p. 206

Con tres impresos indicativos de las causas que han motivado la organización de ésta y varias disposiciones y providencias que ha tomado para subvenir a la defensa del Rey, de la Religión y de la Patria, contra los designios del Emperador de los franceses, después de enterados de todo lo relatado de la comisión del citado señor Goyeneche, acordaron seguir como hasta aquí sin la menor novedad [. . .][4]

Sin embargo, un testimonio privado emanado de la Audiencia describe de la siguiente manera el incidente que dio el cariz especial a ese acto:

El señor Antonio Boeto, tomando como Regente la voz del tribunal, indicó en los términos más atentos y expresivos, que en materia de tanta gravedad era preciso estar a la observancia puntual de las reglas legales, apoyado en cualquier resolución y remedio precaucional de toda mala resulta y que por lo mismo no debía extrañar al Señor Brigadier que el tribunal ante todo quisiere enterarse a fondo de las credenciales de su comisión: que a esto levantándose de su asiento el Señor Brigadier contestó acaloradísimamente al Señor Regente: no estábamos en el caso de guardar semejantes formalidades y que en requerirlas el tribunal daría la última prueba de su infidencia al Soberano, concluyendo que de no reconocerse de plano, y sin otro requisito la Suprema Junta de Sevilla en calidad de soberana de la Nación tenía ordenes reservadas de mandar preso a Buenos Aires al mismo Señor Regente y demás Ministros que lo impugnasen, y porque este digno Magistrado electrizado exigía por vía de satisfacción oír los motivos o fundamentos de la injuria que acababa de arrojarse a uno de los tribunales más acreditados de la corona, por su constante fidelidad y entereza, pedía a gritos y con la mayor descompostura dicho Señor Brigadier al Señor Presidente auxilio, mereciendo de su Excelencia la contestación inesperada de que contase desde luego con cuanto pudiese de las facultades del gobierno; que en tales circunstancias llenos de sorpresa todos los señores Ministros al ver la conducta forzada, que se ponía en práctica en vez de aquella que en semejantes lances proscribe la prudencia, se levantaron de improviso de sus respectivos asientos [. . .]  Que habiendo mudado de estilo el Señor Brigadier se contentó el acuerdo de que nada se innovare y se siguiese el orden prescripto por las leyes para el gobierno y administración de justicia, por ser lo que siempre inspira a mantener la integridad y dependencia de estos dominios bajo el suave yugo del Señor Fernando 7º a quien se acababa de jurar en esta capital por Rey y Señor natural.  [. . .] últimamente que después de concluido este acto sacó otros pliegos el Señor Brigadier, diciendo haberlos recibidos del capitán de un buque inglés procedente de Brasil para ponerlos en manos de los señores Presidente y Arzobispo, y como expresare que esta diligencia de puro comedimiento suyo era ajena de su comisión, verificada la entrega a los interesados que publicaron ser de los Serenísimos Señores Infantes de España Don Pedro y Doña Carlota Joaquina, quien parece escribía de su puño al Prelado.  Se disolvió la junta.  Y para que conste y obre los efectos que haya lugar en cumplimiento de mandato verbal de esta Real Audiencia.  Lo certifico nuevamente en La Plata a veinte de octubre de mil ochocientos nueve años. José Vázquez Ballesteros.[5]


[4] La Plata, 12.11.1808. en Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia, en adelante  ABNB Mss GRM 46, fs. 95 r.-96 v.

No obstante este enfrentamiento acalorado, consta que el Cabildo Eclesiástico realizó un donativo de 3.000 pesos anuales para gastos de guerra, recogidos por el Presidenmte Ramón García de León y Pizarro.[6]

Luego Goyeneche siguió su camino hacia Lima, y el 27 de noviembre estuvo en Oruro, donde volvió a plantear el problema del azogue, imprescindible para la explotación argentífera.

1.3  ¿Qué sucedía en la ciudad de La Plata?

El asunto de los pliegos de la corte de Brasil comienza en Buenos Aires, con las negativas respuestas del Virrey Liniers a una carta (27 de agosto de 1808) de la Infanta Carlota invitándole a continuar con su fidelidad a la familia real española. 

Como hemos visto, en la famosa junta del 12 de noviembre de 1808 en La Plata, Goyeneche expuso ante los Oidores los alcances de su misión, entregando al Presidente y Arzobispo pliegos de la corte del Brasil que él había recibido en Buenos Aires y traído con autorización de Liniers.  Charcas era reclamada por la hermana del rey Fernando VII, Carlota Joaquina.  Pocos días después se recibió en la ciudad, del Ministro de Asuntos Exteriores de la corte de Brasil, don Rodrigo de Souza Coutinho, una serie de cartas dirigidas a diferentes instituciones, que adjuntaban los citados manifiestos, así como de otros impresos con noticias de los sucesos de las tropas españolas que luchaban en la metrópoli contra el invasor Bonaparte.[7]

El 26 de diciembre de 1808, Manuel Gil, Rector interino de la universidad, solicitó al Presidente la autorización para celebrar el claustro general donde se leerían los impresos recibidos del Brasil.  Conseguido el permiso, se convocó al claustro de doctores para el 12 de enero a fin de conocer el contenido de los impresos y obrar en consecuencia.  El claustro universitario acordó no contestar las cartas recibidas de la Infanta; dar cuenta de todo lo obrado a la Audiencia; y solicitar a García Pizarro y al Virrey la prohibición de la circulación por el distrito de aquellos pliegos.  El acta fue aprobada por todos los asistentes, y otros que no estuvieron luego estamparon su firma como adhesión a la causa.

Para contener el afán revolucionarios de los jóvenes doctores de Charcas, García León y Pizarro organizó unas milicias urbanas para la defensa de la patria, con el propósito de controlar directamente a los agitadores chuquisaqueños.  Los doctores desbarataron el proyecto, enviando un oficio al Presidente de la Real Audiencia, con copia a la Junta central de España, recordando que los abogados no cumplían con el servicio militar según las leyes vigentes en la época.


[5] ABNB, Mss GRM 46, fs. 97 - 98
[6]. La Plata, 28.10.1808 en el Archivo y Biblioteca Arquidiocesanos Sucre en adelante ABAS, AC, Correspondencias vol. 11, fs. 97-98
[7]JUST LLEÓ, Estanislao. Comienzo de la independencia en el Alto Perú: los sucesos de Chuquisaca, 1809,
págs. 73-74

1.4  La testadura del acta universitaria 

El 27 de febrero de 1809 dirigió el Virrey Liniers a García Pizarro un oficio en que le mandaba “por justas y graves consideraciones” se testase [tachar, borrar] y cancelase el acta del claustro universitario.  La razón que le había movido a dar tan grave orden fue, “que el Gremio y claustro se ha avanzado a formar Acuerdos sobre materias muy graves de Estado que no son de su incumbencia, sino que como lo han ejecutado todos los Jefes y Cuerpos del Virreynato, debía reservarlos a la decisión de esta Superioridad”. 

Pero en realidad había algo más profundo.  Liniers había comprendido el posible alcance de aquellos manifiestos, y su probable repercusión entre las gentes del virreinato.  No quería que ningún cuerpo interviniese de manera oficial en el asunto, y mucho menos un claustro universitario que tantas ideas nuevas encerraba en las mentes de sus doctores, y eran bien conocidas.  La única solución viable era hacer desaparecer el acta del libro en el que había sido escrita. 

Tan pronto como recibió García Pizarro el oficio de Liniers, mandándole testar el acta universitaria, pasó un oficio reservado al rector ordenándole trasladarse a su casa con el libro de actas y los papeles recibidos del Brasil.  Una vez allí se borró sencillamente lo escrito en el libro de actas recomendando el presidente al rector y secretario, el máximo sigilo para “evitar bullas y alborotos que podrían haberse originado, si llegase a noticia de todos los Doctores que componen el Claustro [. . .]”  Un mes más tarde, el 20 de mayo, ya en vísperas de la revolución, el procurador de la Universidad (Manuel Zudáñez) conoció lo obrado.  Como es de suponer la denuncia fue inmediata, y el alboroto y bulla que tanto quería evitarse, se produjo.

1.5  Entre pasquines y reuniones secretas

Ramón García Pizarro hizo redoblar las patrullas nocturnas, conocía ya de las “habladurías sediciosas”, “murmuraciones indecentes” y de los “pasquines violentos” que circulaban en la ciudad, pero continuaban las reuniones clandestinas en las casas de Cuellar, Lemoine y otros.  Quiénes asistieron a estas reuniones eran Manuel y Jaime de Zudáñez, Mariano Michel, José Francisco Xavier de Orihuela, Matías Terrazas, Pedro Ignacio de Rivera, el procurador Patricio Malavia y el cirujano Manuel de Corcuera.  En una de las reuniones se acordó la deposición del presidente Pizarro y se habló de la formación de una “Junta Tuitiva”.  Según Monteagudo, la idea fracasó por timidez de Buenaventura Salinas.

Se supo que el 29 de abril que el intendente de Potosí, don Francisco de Paula Sanz, había llegado repentinamente a Chuquisaca para visitar al arzobispo en su palacio.  En realidad tenía la misión de averiguar quienes eran los autores del pasquín que insultaba al virrey Liniers, a García Pizarro, al arzobispo Moxó y Francolí y a su persona.

El casual descubrimiento que hizo el Síndico procurador de la universidad, Manuel de Zudáñez, el 20 de mayo, de que el acta de la reunión del claustro universitario de enero de 1809, en la que discutieron los documentos del Brasil, había sido retirada del libro en que se copió, le dio motivo para agitar mas el ambiente.  Era una prueba más de la confabulación internacional del Virrey, el Presidente de la Real Audiencia y el Arzobispo a favor de la corona portuguesa.

2.  LA REVOLUCION EN CHARCAS

 Por encima de todas estas posibles causas, la revolución del 25 de mayo de 1809 se vio favorecida por la coyuntura política, bélica e ideológica por la que atravesó España.  La supresión de la dinastía de Borbón y la invasión de la península ibérica por las tropas de Napoleón Bonaparte, que dieron origen a la guerra de la Independencia española (1808-1814), posibilitaron la aparición de juntas que se constituyeron en las principales ciudades americanas.  Las juntas empezaron, en general, reconociendo la autoridad real en la persona de Fernando VII, pero propiciaron el comienzo del proceso independentista.  Las Cortes de Cádiz y la Constitución liberal de 1812 dieron paso al restablecimiento de la autoridad española en la mayoría de las regiones peninsulares (creación de la Junta Central, en septiembre de 1808) y a la moderación en las actuaciones de los independentistas más radicales, al abrirse camino las posibilidades de un nuevo régimen en España que conllevara una nueva organización política, social y económica de los territorios americanos. 

2.1  Causas internas y causas externas 

Pueden ser consideradas como causas internas aquéllas que se originaron en el interior de la sociedad hispanoamericana como resultado de su propio desarrollo histórico, y que se caracterizan por destacar algunos aspectos negativos de la acción colonizadora española.  En general, todos estos posibles motivos fueron señalados desde los primeros momentos del proceso independentista, a veces por los mismos protagonistas de los acontecimientos, por lo que suelen tener una intención más justificativa que explicativa.  Mayor importancia tuvieron las siguientes causas: 

a) La concepción patrimonial del Estado, toda vez que las Indias estaban vinculadas a España a través de la persona del monarca.  Las abdicaciones forzadas de Carlos IV y Fernando VII, en 1808, rompieron la legitimidad establecida e interrumpieron los vínculos existentes entre la Corona y los territorios hispanoamericanos, que se vieron en la necesidad de atender a su propio gobierno.

 b) La difusión de doctrinas populistas.  Desde Santo Tomás de Aquino hasta el español Francisco Suárez, la tradición escolástica había mantenido la teoría de que la soberanía revierte al pueblo cuando falta la figura del rey.  Esta doctrina de la soberanía popular, vigente en España, debió de influir en los independentistas tanto como las emanadas del pensamiento ilustrado del siglo XVIII.

 c) La labor de los jesuitas.  Las críticas dirigidas por los miembros de la Compañía de Jesús a la actuación española en América, después de su expulsión de España en 1767, plasmadas en abundantes publicaciones, tuvieron gran importancia en la generación de un clima de oposición al dominio español entre la burguesía criolla. 

d) Las enseñanzas impartidas por las universidades y el papel desarrollado por las academias literarias -- por ejemplo la Universidad y la Academia Carolina -- las sociedades económicas y políticas.  La difusión de ideas liberales y revolucionarias contrarias a la actuación de España en América ejerció una gran influencia en la formación de algunos de los principales líderes de la revolución. 

Pueden ser consideradas como causas externas aquellas que actuaron sobre el proceso independentista desde fuera de los dominios imperiales españoles, en especial desde Europa y Estados Unidos.  Algunas de estas causas, como la Declaración de Independencia estadounidense o la Revolución Francesa, cuya influencia en la historia mundial es evidente, actuaron más como modelos que como causas directas del proceso.  Mayor importancia tuvieron las ideas enciclopedistas y liberales procedentes de Francia, que llegaron a estas tierras en su idioma original y que fueron profusamente leídas por los doctores de Charcas.  Ello les permitió equiparse ideológicamente. 

2.2  El silogismo altoperuano

 El argumento para oponerse al reconocimiento y sumisión de los virreinatos a la Junta de Sevilla, fue lo mismo en Buenos Aires y en Charcas, dónde se había fundamentado el rechazo que se basaba en la igualdad de los reinos ante la ausencia de un rey que gobernara.  En Charcas este concepto fue complementado a través de lo que Gabriel René Moreno llamó el “silogismo altoperuano”.  Según él, América no era un colonia de España, sino una propiedad del heredero de la corona de Castilla, quien al estar impedido de reinar, dejaba a los americanos en libertad para decidir su destino.  

El clásico silogismo tal como lo conocemos en Bolivia no es ciertamente una invención de Gabriel René Moreno, pues es el mismo razonamiento que se usó para justificar la formación de juntas de gobierno en América. 

El mismo hecho de la inexistencia de un Principe de Asturias, lgítimamente jurado, supone que no se ha dado la anuencia del pueblo para la existencia de un sucesor, por consiguiente América podrá hacer ahora la elección que mas le convenga a su bienestar.  La elección no ha de ser otra que la propia independencia.  Estamos, ante una aplicación práctica del “pactum translations” del P. Francisco Suárez S.J. 

El 24 de mayo fue un día lleno de nerviosismo.  El presidente García  Pizarro había pasado  revista a la tropa y mandado preparar toda la artillería.  Se decía también que había dormido con guardia y gente armada.  Llegada la noche se duplicaron las rondas para vigilar la tranquilidad ciudadana.

 2.3  Cronología de la revolución 

La imprescindible investigación del P. Estanislao Just Lleó S.J., basada en fuentes primarias, permite elaborarla siguiente cronología.  La  mañana del 25 de mayo de 1809 en Chuquisaca fue atareadísima, tanto para el Presidente García Pizarro, como para el Real Acuerdo.  El Presidente, por la mañana, había tomado algunas decisiones de índole política  y particular.  Así, por ejemplo, había llamado al tesorero de las Cajas Reales y le había pedido le llevase una fuerte cantidad de onzas de oro que le guardaba en aquellas.

 Como a las  once, se había reforzado la guardia de la presidencia.  El  presidente partió hacia la casa del doctor Manuel Antonio Castro, que le había mandado llamar sigilosamente, donde le dio la orden de que enviase a su hijo Agapito a Potosí con un oficio  reservado para el Intendente Francisco de Paula Sanz.

 Los oidores se reunían en el Acuerdo para conocer la vista fiscal a la sumaria instruida por la Audiencia el 18 de ese mismo mes.  Se acordó una nueva reunión extraordinaria para esa misma noche, en la casa del oidor decano de la Iglesia, alegando como motivo, “el  tratar de asegurar la tranquilidad pública, alterada por la irregular conducta de su Excelencia”.

El fiscal, apoyado en una interpretación más o menos fácil del artículo tercero de la Real  Cédula de 11 de enero de 1790, solicitó al Tribunal que advirtiera al presidente que “deje el mando político y militar a cargo del Tribunal, como sucedería en el caso de efectiva vacante”.

A las tres de la tarde el presidente mandó llamar a los abogados Esteban Gascón y José Eugenio Portillo, para que sin réplica ni demora se presentasen en su casa.  Allí, ante su secretario Manuel Antonio Castro, les volvió a plantear el problema  de su  deposición. Quería  su  asesoramiento. Necesitaba un documento legal para detener a los oidores José Vicente Ussoz y José Vásquez Ballesteros, el fiscal Miguel López Andreu, los regidores de cabildo Manuel Zudáñez y Domingo de Aníbarro, y el abogado Jaime de Zudáñez.  No se incluía en la orden de detención al decano José de la Iglesia, por su edad avanzada, ni al recién llegado Conde de San Xavier.  Las dudas y discusiones se fueron prolongando hasta las cinco de la tarde.  

Los últimos instantes de la tarde, el presidente no dejó salir de su despacho a los dos abogados, fue a su gabinete y trajo papel diciendo se extendiesen las órdenes y luego que vinieron todos los comisionados, su Excelencia les entregó a cada uno su orden encargándoles y recomendándoles que se manejasen con la mayor prudencia, decoro, moderación y sagacidad, todos a un tiempo, sin dar lugar a la más mínima desazón. 

De todos los comisionados, solamente uno pudo cumplir con lo que se le había ordenado. Pedro Real de Asúa había logrado detener en su domicilio al abogado Jaime de Zudáñez quien se encontraba conversando amigablemente con el Procurador Patricio Malavía, mientras tomaban “unos  pocillos de chocolate”.  Al enterarse de este suceso, los oidores procuraron ponerse a salvo, refugiándose en todas partes.  El único apresado fue Jaime de Zudáñez, que al momento tenía 37 años de edad.

 En la actual Plaza Cochabamba (Colón esquina J. J. Pérez) un numeroso gentío esperaba a esa hora el comienzo de los juegos artificiales que se acostumbraban en vísperas de San Felipe Neri.  El oficial Azúa llevó escoltado a Zudáñez por la actual calle Nicolás Ortiz, pero como en la esquina de la Catedral Metropolitana ya se había reunido otro grupo de gente, ordenó continuar por las actuales calles Dalence y Bolívar.  El doctor Zudáñez fue llevado a la antigua mansión de Torre Tagle (frente a la iglesia de Santo Domingo, calle Bolívar esquina Calvo), pero como el viejo edificio no ofrecía ninguna seguridad, lo llevaron finalmente a una pieza de la Casa Pretorial (actual calle Audiencia). 

El gentío aumentaba y el desconcierto también, así la muchedumbre se encaminó al palacio arzobispal para solicitar de Moxó su intercesión ante el presidente en favor de la persona de Zudáñez.  El arzobispo, ante los gritos del gentío, accedió a la petición y, acompañado por el oidor Conde San Xavier, marchó a la presidencia.  Una vez allí, y mientras afuera arreciaban los gritos y el número de piedras arrojadas contra las puertas y ventanas de la casa aumentaba.  “Era tanta la piedra que tiraban que no se podía  entender”, dirá García Pizarro.  Se consiguió del presidente la libertad del abogado Zudáñez.  Una descarga hecha desde los altos de la presidencia acabó de exasperar los ánimos de los revoltosos.  

Mientras todo esto ocurría en los alrededores de la presidencia, los oidores ya repuestos del pánico que les había invadido al principio, fueron apareciendo por la calle.  Los patricios y españoles inquietos, informados de la prisión de Zudáñez, se lanzaron a tomar parte en él.  El primer objeto de su actuación fue los campanarios de la ciudad, para convocar a toda la población a la subversión contra la autoridad, y a la defensa, según decían, de los derechos del monarca. 

La salida de Zudáñez, por la puerta falsa de la presidencia sobre la actual calle Bolívar no pareció sosegar los grupos de los allí presentes.  La multitud acompañó en triunfo por la calle al abogado hasta darse cuenta de la salida del arzobispo de su palacio.  Este momento fue aprovechado por los revolucionarios para incitar a la plebe a que pidiesen la soltura de los demás detenidos, aunque en realidad no había ninguno, y de una manera especial la del fiscal López Andreu. 

El arzobispo tuvo que refugiarse en casa de doña Juana Quiroga y desde el balcón explicar al pueblo la inexistencia de más presos.  No escucharon sus palabras, y gritos e insultos fueron dirigidos contra su persona. Mientras tanto, en la plaza los gritos de “traición”, y vivas a la república acompañaban a los insultos al Presidente. La plebe amotinada dirigida por un grupo de criollos, entre los que se podían señalar a los Zudáñez, los Lemoine, Malavía, Monteagudo, Toro, Miranda y el saboyano José Sivilat, se enardecía cada vez más, gracias al aguardiente que mezclado con pólvora circulaba entre ellos, y al dinero que recibían de algunos de aquellos dirigentes por dar gritos y vivas a Fernando VII, y mueras al mal gobierno.

La conmoción había llegado a su punto álgido, cuando desde la presidencia se hizo una descarga de fusilería para amedrentar a las gentes que intentaban echar abajo las puertas de la Casa Pretorial. Se volvieron a reunir los oidores con Manuel Zudáñez y Aníbarro, y varios vecinos cualificados para reclamar del Tribunal una actuación decidida.

Ante los reclamos airados de los manifestantes, el Tribunal, que estaba realmente confundido, delegó al oidor Vásquez Ballesteros para que se trasladase a la presidencia y solicitase a García Pizarro la entrega de la artillería, con la promesa de que sería resguardado en la Casas Consistoriales, y que cesaría la conmoción. García Pizarro accedió
a la solicitud, y entregó al oidor siete u ocho de los diez cañones disponibles que se guardaban allí.

El resultado de esta concesión no pudo haber sido más deplorable. Abiertas las puertas principales del palacio, invadió la casa presidencial hasta el segundo patio una muchedumbre de cerca de 300 cholos que, con insultos y vejámenes al presidente, se hicieron cargo de la artillería. Los esfuerzos de Ramón García Pizarro por contenerlos y hacerles comprender lo inaudito de su actuación sólo aumentó el griterío y los insultos.

Empiezan los tiroteos de ambos lados. El ruido era ensordecedor. Campanas, tiros, gritos, carreras, era el fondo sobre el que se estaba tejiendo la revolución. Ante las repetidas peticiones de la plebe, que dirigida por José Joaquín Lemoine se había ido congregando en casa del decano La Iglesia, el Tribunal accedió a que se verificase la deposición de García Pizarro.

La actitud del gentío era amenazante, apoyando con gritos ensordecedores la demanda de los delegados, reveló a García Pizarro el peligro que enfrentaba, y considerándose impotente para dominar el tumulto, cedió. Más cuando se realizaba la entrega de los cañones, se suscitó un ruidoso altercado, los representantes del pueblo exigían energéticamente el cumplimiento de lo convenido, y por toda respuesta la guardia volvió a descargar sus armas sobre la muchedumbre indefensa.

Este nuevo y cobarde atentado hizo numerosas victimas, y el furor popular no reconoció entonces límites. En un instante se montaron las pocas piezas de artillería que recién se instalaban en el patio del Cabildo, y arrastradas por los más impetuosos, se las emplazó en las esquinas próximas al Palacio presidencial, mientras otras bandas de exaltados vaciaban los almacenes de pólvora y municiones de los suburbios.

2.4 Renuncia y detención de Ramón García Pizarro
El fuego, iniciado vigorosamente por ambas partes, sólo cesó al saberse que el Presidente, accediendo a las reiteradas instancias de la Audiencia y del Cabildo secular, consentía en dimitir a su cargo. La renuncia, que presentó a las tres de la madrugada del viernes 26 de mayo, fue aceptada en el acto, asumiendo la Audiencia el mando político y militar. El día 26 de mayo, la Audiencia gobernadora invitó al Arzobispo Moxó, para que regrese y reasuma la jefatura eclesiástica del distrito.

Una de las primeras acciones de la Audiencia Gobernadora fue dictar el apresamiento de los colaboradores de García Pizarro y tomar declaración jurada a los oficiales García Pérez y a Vianqui que fueron detenidos en la víspera.

El día sábado 27 de mayo a la una de la tarde, por decisión de la Audiencia, García Pizarro fue llevado preso al edificio de la Universidad. Por delante iba el comandante Álvarez de Arenales, con su bastón de mando, a su lado el oidor Ussoz y Mozi, y atrás el escribano Ángel Mariano Toro. Eran acompañados por el capitán de las milicias recién organizadas Joaquín Lemoine y diez milicianos uniformados y armados con fusiles. El ex presidente fue insultado en el trayecto. Se le tomó declaración, realizaron el embargo e inventario de sus bienes. Permaneciendo recluido por cinco meses en un ambiente de la Universidad (hoy Museo Casa de la Libertad).

3. LA AUDIENCIA GOBERNADORA
Inmediatamente después de recibir la renuncia de Ramón García Pizarro al cargo de Presidente de la Audiencia de Charcas, los oidores emitieron un decreto declarando que ellos reasumieron el mando de la presidencia:

Decreto de la Audiencia declarando reasumido el mando en la Presidencia de Charcas.

Plata, veintiséis de mayo a las cuatro de la mañana de mil ochocientos nueve. Declárese en virtud de la antecedente contestación reasumido el mando Político y Militar en esta Real Audiencia quien para contener las graves ocurrencias que han ocasionado las mal dirigidas providencias del Excelentísimo Señor Don Ramón García de León y Pizarro, en la noche anterior, pone las Armas por ahora y a virtud de la satisfacción que tiene el Juez Real Subdelegado del Partido de Yamparáez a disposición de este y siempre a las órdenes de esta Real Audiencia, y para que todos los oficiales así veteranos como de milicias con su respectiva tropa lo reconozcan y obedezcan, cíteseles y llámeseles inmediatamente de comparendo ante este Superior Tribunal por el Escribano de Cámara actuario, encomendándose a dicho Subdelegado la custodia de la persona y posada de su Excelencia a quien se le hará saber esta Providencia por medio del correspondiente oficio, sin perjuicio de lo que deberán pasarse a los juzgados y oficinas que corresponden y del bando por el que se hará pública esta resolución, que se ampliará oportunamente en lo que convenga.
Cuatro rúbricas.

La Real Audiencia Gobernadora se organizó. Asumió el mando político, administrativo y militar, en cumplimiento de las previsiones establecidas para tales casos en la Cédula Real de 11 de enero de 1790. La Cédula Real fue cumplida al pie de la letra puesto que, de hecho y de derecho, se produjo una efectiva vacancia en la gobernación. La Audiencia entregó el comando político y militar al entonces Teniente Coronel Juan Antonio Álvarez de Arenales, quien formó nueve compañías de infantería: 1ª de Veteranos, 2ª de Académicos, 3ª de Plateros, 4ª de Tejedores, 5ª de Sastres, 6ª de Sombrereros, 7ª de Zapateros, 8ª de Pintores y 9ª de otros gremios. El cuerpo tuvo 39 oficiales, cuatro cadetes, 142 suboficiales y 807 soldados, a cuya cabeza puso a José Joaquín de Lemoine, Manuel Zudáñez, Juan Manuel de Lemoine, al capitán Pedro Carvajal, Toribio Salinas, Manuel Entrambasaguas, Miguel Monteagudo (padre de Bernardo), Diego Ruiz y Manuel de la Corcuera.

Los oidores Agustín de Ussoz y Mozi y José Vásquez Ballesteros, junto al Fiscal Miguel López Andreu, se convertirían a partir de ese momento en los referentes del despótico poder local. La Audiencia Gobernadora, con el afán de lograr adhesión a sus propósitos, envió oficios a las instituciones de la ciudad de La Plata, insinuándoles su colaboración en ese sentido. El siguiente documento es un ejemplo de esa solicitud:

 


[8] Véase, TORRES, Norberto Benjamín. Ramón García Pizarro (1738-1815). Su labor progresista en Guayaquil, Salta, San Ramón de la Nueva Orán y Chuquisaca”.

[9] AHN, Consejos 21342, 2  f. 2

Pásese el corriente oficio al Venerable Deán y Cabildo con ruego y encargo de que inmediatamente ordene a los seminaristas y colegiales del Conciliar de San Cristóbal se reúnan en esta Casa de Ayuntamiento para guardar a esta Real Audiencia Gobernadora a imitación del Colegio Azul, disponiendo al propio tipo que las llaves de la caja se entreguen al comisionado regidor Don Manuel Zudáñez, por convenir así al servicio se S. M. el Señor Don Fernando Séptimo y su puntual cumplimiento será la más relevante prueba de amor y lealtad a su Real Persona y conservación de su soberanía, insertándose esta Providencia en dicho oficio.  Plata y mayo 28 de 1809. Cuatro rúbricas. Ante mí Doctor Manuel Sánchez de Velazco (firma y rúbrica)”.[10]

El Arzobispo Benito María Moxó y Francolí, desde la localidad de Moro-moro (hoy Ravelo, departamento de Potosí), remitió a la Audiencia la siguiente nota informando sobre su vivencia personal en la noche del 25 de mayo:

Muy Poderoso Señor. Obedezco la Superior Orden de Vuestra Alteza no sólo con el debido respeto sino con la mas viva complacencia he recibido al Comisionado con un tierno abrazo y le he bañado las mejillas con mis paternales lágrimas. La noche del 25 practiqué cuantas diligencias me fueron dables para sosegar el tumulto y para impedir que se derrame ni una sola gota de sangre. A este fin me metí varias veces por entre las pedradas y fusiles y viendo que iban a disparar un cañón con metralla, tapé su boca con mi cuerpo, y a voces que no hicieren fuego, junté luego a todos los paisanos en la Plazuela de San Agustín: me subí a un balcón y desde allí les pedí con el mayor encarecimiento y por las entrañas de Jesucristo que se retirasen: que yo les prometía por la Cruz que llevaba en mi pecho, que ejecutándolo así nadie padecería por este asunto y yo me iría y dejaría la mitra. Contestaron a esto desde la plazuela con un general Viva; pero que bajase que iríamos a buscar al Señor Fiscal. Lo buscamos efectivamente en varias casas, y no hallándolo les hice presente que era muy probable que el expresado señor se había retirado al principio de la conmoción y que no tuvieran cuidado, que luego que supiera que el pueblo estaba tranquilo y lo buscaba se presentaría sin perder un momento. Les pregunté si quedaban contentos. Dijeron que sí, y me acompañaron hasta dejarme en la puerta, pero antes un hombre muy oscuro me amenazó, como era yo ahijado del infame Godoy, y otro me dio a entender que estaba yo coligado para entregar esta provincia a disposición de la señora Princesa Carlota, y finalmente otros me prohibieron con palabras que significaban lo mismo. Llegado a mi cuarto di gracias a mis clérigos que habían contribuido a restablecer el buen orden, despaché a varios de ellos a la torre de la Catedral, a pedir en mi nombre que no tocaren más y logré que para entonces cesare el espantoso ruido. Al propio fin llamé al Reverendo Padre Guardián con la Comunidad de San Francisco y al Reverendo Padre Comendador con la de la Merced. Y no puedo ocultar que ambas comunidades desempeñaron mi encargo con ardiente y edificante celo. Cuando pues me lisonjeaba yo, que todo estaba apaciguado, volvieron a oírse las campanas y un vecino vino a avisarme que había oído como una cuadrilla de mal contentos se exhortaban unos a otros a pegar fuego a la puerta de mi casa y que ya juntaban leña porque no parecía el señor Fiscal. Otro a quien tampoco conozco, me aseguró que iban a acercar un cañón para derribar mi puerta. A este tiempo volvió el Padre Guardián diciendo que venía de la presidencia. Que la plebe se había apoderado de la artillería, y de la sala de armas, que se decía había varias muertes y que habían sacado los presos de la cárcel. Confieso, Muy Poderoso Señor que entonces me consterné, se me representó que como había corrido por el pueblo que yo era una hechura de Godoy y que estaba en ánimo de cooperar a que se encargase esta provincia a la Princesa Carlota, algunos de los muchos ebrios que andaban en el tropel, podía arrojarse a matarme y con  este principio poner el colmo a las desgracias de mi amada capital. Esta reflexión cayó sobre mí con la violencia de un rayo. No temía morir, pues siempre he estado muy dispuesto a dar mi sangre en defensa de mis queridas ovejas. Solo temía morir con la opinión de alevoso e infiel, pues hubiera quedado mi memoria manchada para siempre con un feo borrón, de lo que hubiera tenido hasta que llorar, mi esposa la Iglesia de Chuquisaca, todas las iglesias, mi sufragáneas y aun toda la Iglesia Católica. Con parecer pues de algunos sacerdotes determine rápidamente meterme por aquella noche en el Convento de San Francisco, y no pudiendo entrar en él, ni en la Casa del Cura de San Sebastián, me salí a la loma, donde aguardé hasta las tres de la mañana a ver si apaciguaba la gritería, oyendo todavía los tiros de cañón, me fui hasta Siccha con los dos clérigos que me acompañaban. Mi ánimo era dar un rodeo por esos curatos y volver a entrar en la ciudad. En Moro-moro me ha encontrado de Vuestra Alteza y habiéndome enterado por su relación que las desgracias no habían sido tantas como yo temía he levantado los ojos al cielo, le he dado gracias por tan insigne beneficio, y le he pedido con gemidos y suspiros que pronto restableciera en mi rebaño una tranquila paz. Y aunque estaba muy postrado de fuerzas me hubiera dirigido al instante a esa metrópoli sino es por querer antes anticipar a Vuestra Alteza esta sincerísima contestación y suplicarle muy rendidamente, se digne consolar a mi pueblo y a toda la Diócesis, desimpresionándolas de las siniestras voces que han corrido de que yo era un traidor y asegurándoles antes bien en mi nombre que muy pronto a morir en defensa de la última de mis ovejas. Este paso sería muy digno de Vuestra Alteza y redundará ciertamente en servicio de ambas Majestades. Dios guarde a Vuestra Alteza muchos años y nos llene a todos de su dulce bendición. Moromoro, veintiocho de mayo de 1809. Benito María, Arzobispo
(11).


[11]AHN, Consejos 21342, 1
[12] Informe de Monteagudo a la Audiencia Gobernadora, 17.7.1809. Ibídem

3.1 Los comisionados

Preocupados los revolucionarios en difundir sus ideales, y los oidores de legitimar sus acciones ante el resto del distrito, salieron sus comisionados en diversos rumbos. En busca de armas y municiones salió a Cochabamba el regidor Manuel Zudáñez, Pedro Téllez a Cinti, y José Joaquín de Lemoine a Tomina. Bernardo Monteagudo fue comisionado hacia Tupiza para interceptar el correo oficial que venía desde Buenos Aires. Otros, con fines proselitistas, como Mariano Michel y Manuel Toro se dirigieron a La Paz y José Joaquín Lemoine a Santa Cruz de la Sierra.

Los subdelegados y los intendentes vecinos se pusieron susceptibles y cautelosos ante el desarrollo de los sucesos. Tal es el caso del Intendente de Potosí, Francisco de Paula Sanz, que con su accionar contribuyó al debilitamiento del proceso revolucionario.

Algunas de las medidas tomadas, como la que se le encargó a Bernardo Monteagudo para el secuestro de la correspondencia dirigida a Charcas, fueron contraproducentes. Las tropas de Potosí, según informe de Monteagudo , lo toman prisionero y el miliciano que lo acompañaba (Manuel Ramos) retornó a la ciudad de La Plata: por “ese motivo me fue preciso el pasar por Puna para pedir al Subdelegado Don Manuel Coton cien pesos, que efectivamente me los franqueó en obsequio de V.A. y que he invertido en los extraordinarios gastos que me han sido precisos e inevitables en la imprevista prisión que he tolerado”.

A estas alturas ya existía descontento con la marcha de la revolución.  Es el Dr. Monteagudo, citado en la declaración de don José L. Ruiz de Villegas realizada en Potosí el 5 de agosto de 1809, que había dicho:  

Si hubiera efectuado el que ellos hubiesen sofocado a los europeos, estuviese mejor aquel gobierno, que si el Tribunal hubiese tomado Providencia contra alguno de ellos hubiesen sido víctimas del furor del pueblo, pues no hubiera hecho otra cosa que poner las manos en unas personas a quien venera el pueblo y cuyas órdenes seguiría sin embarazo.  

3.2  Comunicación Virrey-Audiencia 

A mediados de 1809 don Baltazar Hidalgo de Cisneros se posesionó como nuevo virrey del Virreinato del Río de la Plata, habiendo sido nombrado en febrero por la Junta Central, en remplazo del renunciante Santiago Liniers y Bremond.  La primera comunicación que tiene la nueva autoridad virreinal con la Audiencia Gobernadora es un oficio enviado desde Colonia del Sacramento[13], autorizando a la Audiencia de Charcas a continuar en el mando de la Presidencia: 

Informado de lo ocurrido en esa ciudad la noche del veinticinco de mayo de este año, y de la consecutiva dimisión que parece hizo de esa Presidencia el Excelentísimo Señor D. Ramón García Pizarro en cuya virtud reasumió V.A. en sí todas las funciones de aquel empleo según resulta de informe dado por ese Muy Ilustre Cabildo con fecha dos de junio que en Testimonio autorizado por el Escribano Juan Francisco Navarro, remitido al Excelentísimo Cabildo de Buenos Aires tengo en mi poder, he resuelto que con calidad de por ahora continúe V.A. con el ejercicio de dichas funciones dándome cuenta a la mayor brevedad posible con la Sumaria Original que se haya actuado de que quedará Testimonio en esa Escribanía de Cámara, para proveer yo lo mas conveniente al servicio de Su Majestad en ejercicio de mis altas facultades, encargando a V.A. cele con la mayor vigilancia en la manutención del Orden Público y tranquilidades de esos pueblos muy amados del Soberano por su acreditada lealtad y honor.

Dios guarde a V.A. muchos años. Colonia del Sacramento, diecisiete de julio de mil ochocientos nueve.

Baltazar Hidalgo de Cisneros.

Señores Regente y Oidores de la Real Audiencia Pretorial de los Charcas.[2]

 3.3  La construcción de fuertes 

Álvarez de Arenales justificó como necesaria la construcción de fuertes: 

En el cerro nombrado de la Recoleta se necesita una torre redonda de ocho varas de diámetro y doce de alto y en el de Garcilazo otra de la mitad menor de diámetro y diez varas de alto e igualmente las dos más, una en la loma del Gallinero y otra a la parte de la caja de agua en el camino del alto para Yotala.  Todas ellas respectivamente deberán ser más corpulentas al pie, a fin de que con la declaración necesaria hacia el centro terminen en su altura y para el menor costo y mayor brevedad podrán ser de adobe terraplenando bien el interior, de modo que encima pueda asegurarse la artillería y gente destacada en sus puntos como los más interesantes para resguardo de la ciudad.[15]

 

[13] Está ubicada en el suroeste de Uruguay, sobre la ribera del Río de la Plata, frente a Buenos Aires.  Fundada en 1680 por los portugueses, recién en 1828 pasó a soberanía uruguaya.  El centro histórico de la ciudad fue declarado, en 1995, Patrimonio cultural de la Humanidad.
[14] AHN, Consejos 21391, 22  f. 77v.
 

Más adelante, el 2 de septiembre, reitera la necesidad de continuar con la construcción de dichos fuertes, pero en esta ocasión los sugiere de esta manera: “uno en el cerro que domina sobre El Tejar a la parte del pueblo, y otro del que llaman de Labitero frente a Alalaypata”.  Justifica esta solicitud por la evidente aparición de “las proclamas del Gobierno de Potosí, en que se declara a hostilizar e invadir a este pueblo fiel”.

 Arenales, mediante oficio fechado el 16 de septiembre de 1809, solicitó apoyo económico al Ilustre Cabildo, Justicia y Regimiento de La Plata.  Esta institución, en sala plena, responde que el cabildo y “la ciudad se hallan sin la menor proporción por sus conocidos atrasos y no pudiendo deliberar cosa alguna pasa a V.A. el citado oficio para que atendida la urgencia y utilidad que expone la Comandancia determine el Superior Juicio de V.A. lo mas conveniente”.  Firmas y rúbricas al pie del documento de Juan Antonio Fernández, Manuel Zudáñez, Joaquín Prudencio Pérez y de Pedro Ignacio de Rivera. 

3.4  Intentos de radicalizar la revolución 

El motivo para el intento de conmoción en La Plata que ocurrió el 10 de septiembre de 1809 fue la llegada del correo extraordinario desde Buenos Aires con la orden del Virrey Cisneros de poner en libertad a los apresados por el 25 de mayo, así como el cese de la construcción de los fuertes.  Según el testimonio de una vecina de la ciudad, quien escuchó decir que “porque habían de llevar vivo al presidente, mas bien matémoslo y acabemos con los chapetones que porque nos mandan ellos”.[16] 

Estos rumores intranquilizaron a los vecinos, y algunos abandonaron la ciudad por ese motivo, como fue el caso del Oidor Campoblanco.  El Comandante Álvarez de Arenales con mucho esfuerzo dominó la situación y llevó a los grupos más exaltados hacia la zona de San Roque, donde se fueron dispersando.  La conmoción parecía controlada.  Sin embargo, era evidente la reducción de popularidad de algunos revolucionarios, como por ejemplo de los Zudáñez, de quienes se pedía la cabeza y del gobierno de los oidores, a quienes se les acusaba de traición. 

Lo que pasó en octubre inició de la misma manera.  Pero en esa ocasión, las sospechas recayeron en Mariano Michel, quien pudo demostrar mediante testigos, que había estado durante esos días en Chaca, una hacienda de propiedad de Lemoine, “a darse los baños”. Esto fue un antecedente para que Vicente Nieto lo procesara, por ser uno de los más peligrosos revolucionarios.  De alguna manera, tanto a los habitantes como a las instituciones les tocó vivir el desarrollo de la revolución y sus efectos.  Por ejemplo, los frailes agustinos, en el siguiente oficio, ofrecían toda la plata labrada de su convento para que sea vendida, y el dinero cobrado sea utilizado por la Audiencia:


[15] La Plata, 29.8.1809 en AHN, Consejo 21342, Exp. 1
[16] Declaración de Isabel Ayala. La Plata, 11.9.1809 en  AHN, Consejos 21391, 7 f.19

M[uy] P[oderoso] S[eñor].  Cerciorado de los preparativos hostiles y amenazas insultantes del Gobernador Intendente Don Francisco de Paula Sanz contra la mas fiel y leal ciudad de este hemisferio, juzgo imprescindible de mis obligaciones al mejor de los Monarcas el Señor Don Fernando 7º cuyos sagrados derechos se atacan directamente, y a la Patria, ofrezco a la integridad de V.A. en obsequio de una causa tan sagrada toda la plata labrada de mi Iglesia para que expendida su producto sirva a los gastos precisos de la vigorosa defensa de esta ciudad, que ya se hace indispensable en las actuales circunstancias y las campanas de la torre de dicha mi iglesia por si fuera necesario su material para la construcción de algunas piezas de artillería asegurando a la Soberanía de V.A. que una causa de tanto interés a la Religión y al Estado y aun sacrificar mi propia existencia.  Dios guie la Católica Real Persona de V.A. los muchos años que la cristiandad ha menester.  Plata, 23 de septiembre de 1809.
Fray José Indalecio Salazar (firma y rúbrica)
Vicario Prior de San Agustín.
[17] 

El Coronel Arenales convocó a Manuel Ascencio Padilla, Alcalde Pedáneo de la doctrina de Moro-moro, para que “impidiera que el ataque de los realistas de Potosí al mando del Gobernador Sanz se materializara”.  Padilla levantó en armas a los indígenas de Chayanta y con los efectivos que logró reunir organizó un cuerpo de milicias populares, atacando al Cacique realista Chairari, famoso por su crueldad; lo tomó preso y lo hizo ejecutar. 

3.5  Las cartas interceptadas 

El 26 de septiembre de 1809, Arenales comunicó a la Audiencia Gobernadora de unas veintiocho cartas que fueron interceptadas, indicando sus remitentes y destinatarios según este detalle: 

  1.  Para don Manuel Delgado firmada por don Feliciano del Corte.  Para don Felipe Iriarte.  Para don Pedro Vargas.
  2. Para don Manuel Delgado, firmada por don Juan José Vianqui.  Para doña Petita Lemoine.
  3. Para el contador don Manuel Delgado, firmada por el Dr. Lorenzo Córdova.
  4. Para Mariano Rodríguez Olmedo.
  5. Para Petrona Lemoine de Estévez.
  6. Para Juan José Ortiz de Rosas.  Para Don Miguel Miranda.  Para Bartolomé Mexía. Para don José Fonseca.  Para doña Manuela Aldecoa.  Para don Tomás Villanueva.  don Joaquín Ibáñez y para don José Manuel Oja.
  7. Para don Manuel Aldecoa y Puch y don José Fonseca.
  8. Para doña Mercedes Araujo del Dr. Pedro Antonio.  Para el contador Delgado de parte de don José Sermeño.  Para el Arzobispo.
  9. Para doña Margarita Segovia de don Feliz Mendieta.
  10. A Manuel Fernández Alonso.
  11. De Juan José Vianqui a don José Aedo.  A Nicolasa Aedo.  A José Antonio Gandárias.
  12. A don Martin Navarro y Mariano Liendo.  A Agustín Ponce y a Pedro Vargas.
 

[17] Fray José I. Salazar a la Audiencia Gobernadora. La Plata, 23.9.1809  en  AHN, Consejo 21342, Exp. 1
 

  1. De Francisco Medeiros a doña Manuela Segovia.
  2. A Mercedes Escobar.

Las restantes catorce cartas se quedaron cerradas y se pasaron a la Administración de Correos.  Y para constancia de todo lo obrado, firmaron al pie del documento Vicente Rodríguez Romano y Manuel Sánchez de Velazco. 

3.6  Correspondencias al Virrey de Buenos Aires 

El Ministro Tesorero de La Plata, don Feliciano del Corte, desde Potosí le escribió al Virrey Cisneros informándole de la difícil coyuntura que se estaba atravesando: 

Excelentísimo Señor.  Desde el 30 de junio que llegué a tomar asilo y protección real en esta Villa, tengo representado a esa Superioridad que mi salida de la ciudad de La Plata, no fue efecto del miedo al calabozo que aquella Real Audiencia tenía resuelta contra los Ministros de Real Hacienda, por las abiertas contradicciones puestas a sus hostiles y revolucionarios libramientos y últimamente contra mi sólo, por las públicas exclamaciones que dirigía contra la escandalosa conducta de los Señores Oidores diametralmente perniciosas a la Religión de aquel vecindario y a la Patria; sino que representar libremente el estado peligroso del Reino de aquel vecindario, y los reales intereses. 

En este supuesto y a la estrechísima obligación de cristiano, fiel vasallo y Ministro del Monarcas más amado me constituyen de presentar sumisamente a la rectitud de V.E. las críticas circunstancias en que se halla todo el Perú alto y tal vez todo el Reino; si la penetración de V.E. no concurre próvidamente con armas y jefes, retrotrayendo la Providencia de 30 de agosto, que por extraordinario comunicó esa Superioridad para que este Gobernador sobreseyera en todo genero de armamentos contra La Plata en el entretanto llega el Mariscal de Campo el Señor Don Vicente Nieto, quien procederá en todas las cosas del 25 de mayo, con los sabios consejos del Tribunal, la que se recibió por los Oidores con repique de campanas, iluminaciones y por bando que se transmitió luego a todo el Reino.  

Es cierto Excelentísimo Señor, y está plenamente justificado que la ocurrencia tumultuaria de aquella aciaga noche con otros antecedentes y posteriores, son suscitadas por los Oidores Iglesias, Ussoz, Ballesteros y el Fiscal López unidos al Cabildo Secular (excepto Don Bonifacio Vizcarra alcalde, Don Pedro Larrazábal, Don Vicente Oliveros, Don Antonio Real de Azua y el Doctor Don Manuel Antonio de Castro, regidores, procuradores y asesor) con otros varios secuaces criollos europeos y franceses.  Los males que ocasionaron se van reagravando por momentos contra los justos derechos de su legítimo dueño el Señor Fernando Séptimo, siendo su sistema actual la independencia y República.  

No creo que puedan presentársele a V.E. y la serie de su digno mando asuntos más arduos para que con su feliz éxito, sea el servicio más relevante en obsequio de ambas Majestades.  Aquellos Ministros Oidores, se emplearon la noche del 25, unos en repartir aguardiente a la plebe, otros plata y los demás animo contra la imaginaria traición, con dicterios infames a la Sagrada Persona de la Princesa del Brasil Doña Carlota Joaquina hermana de nuestro Rey, por las sugestiones de ellos fue sublevada la ciudad de La Paz y hubiera sido todo el Reino, si la Divina Providencia no lo hubiese embarazado poniendo de parapeto y baluarte las dos gloriosas provincias de Potosí y Cochabamba con sus dignos jefes.
V.E. puede estar cierto que la Ciudad de La Plata no obedece sus superiores órdenes, a menos que no sean con la fuerza, o injerir a los Oidores probando claramente con la inobservancia de las mandadas sobre la remisión de los Autos, poner en libertad al Excelentísimo Señor Pizarro, Doctor Portillo, Dr. Gascón, Capitán Ramón García y el Sargento Nicolás Carneiro, con la entrega de sus bienes embargados; disolver las tropas que crearon para resistir a las que fueran de esta villa, o viniesen de Buenos Aires y demoler las fortalezas y todo género de armamento. 

Todo lo expuesto se halla plenamente justificado, y lo comprueban la multitud de vecinos honrados y empleados que emigran todos los días de aquella ciudad huyendo de las tropelías que se han cometido y cometen con todos nosotros, solo por no querer entrar ni tomar partido en sus iniquidades; así lo ha ejecutado últimamente el Señor Oidor Campoblanco refugiado en Luje con destino a asilarse de esta Villa, y lo hubiera hecho  el Señor Conde de San Xavier si la fuerza no se lo hubiera embarazado y deseando se penetre de ello la alta consideración de V.E. para que como tan decidido en la causa mas justa y mas sagrada, a favor de nuestro amado Soberano, se sirva hacer en se consecuencia el uso que le dicte su ciego amor y profundo talento.  Dios guarde a V.E. muchos años.  Potosí y septiembre 27 de 1809.
Feliciano del Corte (firma y rúbrica).
Excelentísimo Señor Virrey Don Baltazar Hidalgo de Cisneros.
[18]

 Desde la localidad de Puna, el Oidor José Félix de Campoblanco le escribió al Virrey Cisneros, comentándole de sus problemas personales y actualizando la información sobre el desarrollo de los hechos en la ciudad de La Plata.  Incluyó detalles como el siguiente:  

Cuando viene un oficio de V.E. que interpretan favorable entonces sale la tropa, se ve el interés de sostenerlo y con el mas pueril partido se cruzan las músicas y retretas de casa de Ussoz a la de Ballesteros, de la de este a la del Fiscal, corriendo después todas las de los de la facción, y como si se hubiera ganado la plaza se hacen las demostraciones mas vivas de júbilo siendo la primera, y consiguiente ir a las prisiones de los oprimidos para cantarles coplas insultantes y toleran otros desdenes, que solo siendo notorios podría exponerlos a V.E.. 

3.7  Al encuentro del Mariscal Vicente Nieto 

Desde que partió de Buenos Aires hacia Charcas, por comisión del Virrey Cisneros, el Mariscal Vicente Nieto envió y recibió correspondencia a la Audiencia Gobernadora.  Mientras tanto, el Gobernador Intendente de Potosí, don Francisco de Paula Sanz, le ponía al tanto de lo obrado por su autoridad en relación a lo ocurrido en La Plata el 25 de mayo de 1809, y de la crítica situación que vivía los que se habían refugiado en la Villa Imperial escapando del autoritarismo.  Para ir al encuentro de Nieto se conformó una delegación, para lo cual la Audiencia Gobernadora mediante oficio, pidió a cada institución un representante.  Esta es la respuesta del Arzobispo: 

Con fecha del día de hoy, he proveído el Auto del tenor siguiente: Visto con el Auto de trece del corriente proveído por el Superior Tribunal de esta Real Audiencia y deseando contribuir por nuestra parte al laudable objeto que en él se ha propuesto su Alteza y que un párroco de acreditada opinión y concepto pueda acompañar al comisionado de dicho Supremo Tribunal: recayendo como recaen estas calidades en el Doctor Don Vicente de Berecohechea, cura de Porosa, decano de su cuerpo con residencia en esta capital  legalmente autorizado, desde luego le nombramos, reputamos y elegimos para que con los


[18] Feliciano del Corte al Virrey Cisneros. Potosí, 27.9.1809 en AHN, Consejo 21342, Exp. 1

demás que señalasen las autoridades representativas de esta ciudad, se dirija a encontrar al Señor Mariscal de Campo Don Vicente Nieto, Presidente electo de la expresada Real Audiencia y le signifique el universal deseo de su pronto arribo a esta capital, y posesión en el mando. Y contesté al Señor Decano Regente a la mayor brevedad, para los fines que indica en oficio de ayer.
Lo traslado a V.S. en contestación del que como encargado del Superior Tribunal se ha servido pasarme con fecha de ayer. Dios guíe a V.S. muchos años. Plata, 15 de noviembre de 1809.
Benito María Arzobispo (firma y rúbrica)”
(19)

Por su parte, la Sala Capitular del Cabildo secular respondió a la solicitud de la Audiencia Gobernadora que “se ha dado el debido lleno a sus sabias disposiciones, nombrando al Regidor Don Joaquín Prudencio Pérez y a Don Joaquín Artachu, por la entera confianza que le tiene el cuerpo de ellos”.[20]

La Comandancia de Armas respondió de la siguiente manera: “se procedió en Junta de Capitanes que se acaba de celebrar a nombrar el diputado que debe ir en representación de dicho cuerpo y habiéndose elegido de común consentimiento al Capitán Don Toribio Salinas para el desempeño de la indicada diputación.” [21]

La Universidad de San Francisco Xavier, también se pronuncia al respecto y responde que: “el día de hoy se ha celebrado el Claustro, y por el se ha nombrado para el efecto al Doctor Don Pedro Joaquín de Brito y Ledo, Rector del Real Convictorio de San Juan Bautista, sujeto de todas las circunstancias para el desempeño de este dicho Claustro. Lo participo a V.S. en obsequio de mi obediencia”.
[22]

La respuesta del prior del Oratorio de San Felipe Neri excusaba a cada uno de los religiosos: Miguel Enríquez, Clemente Enríquez, Agustín de Otondo, Mariano de Cabrera y el Prepósito de la Congregación dijo que “no puedo hacerlo por mi avanzada edad y mis males habituales”. Pedía disculpas por no poder cumplir con el pedido de integrar la delegación.
[23]

En otra comunicación a la Audiencia el nuevo presidente anunció su próxima llegada a la población de Cotagaita:

En oficio del 18 del corriente que acabo de recibir me avisa la Real Audiencia de la Plata haber acordado para cumplimentarme la Diputación, compuesta por V.S.S. Y aunque me es de muy justa estimación y aprecio esta demostración me es igualmente sensible que tan honradas y distinguidas personas se graven en la prolija incomodidad de venir a una tan


[19] Moxó al Regente Ussoz y Mozi. La Plata, 15.11.1809 en  AHN, Consejo 23142, Exp. 1
[20]
Cabildo secular a la Audiencia. Ibídem
[21]
Álvarez de Arenales a Ussoz y Mozi. Ibídem
[22
Manuel Gil al Oidor Ussoz y Mozi. La Plata, 16.11.1809. ídem anterior
[23]
Manuel de la Fuente a Ussoz y Mozi. La Plata, 17.11.1809. ídem anterior

grande distancia por caminos los más escabrosos y desprovistos; siendo cierto que esa noble y leal ciudad, y las honorables corporaciones que la constituyen, nunca ha debido dudar de mi palabra y de las intenciones pacificas y deseos cordiales de su felicidad, manifestando por ella que he protestado repetidamente en mis oficios, sin embargo supuesto que ya se hallan V.S.S. en marcha y que al encuentro de este lo tendrán más avanzada, me veo en la necesidad de convenir en ella y dando a V.S.S. desde ahora las más expresivas gracias, tendré en el pueblo de Santiago de Cotagaita (donde según el itinerario que llevo dispuesto estaré el 4 del siguiente mes) la satisfacción de manifestar a V.S.S. mis sentimientos y ofrecerles mi persona. Dios guíe a V.S.S. muchos años. Campamento de Humaguaca, 25 de noviembre de 1809.Vicente Nieto (firma y rúbrica).[24]

La delegación partió al encuentro de la nueva autoridad.  Desde el pueblo de San Lucas de Padcollo, partido de Cinti, el 25 de noviembre de 1809 le remitieron a Nieto una extensa carta donde los firmantes son: Vicente Rodríguez Romano, Juan de Dios Balanza, Joaquín Prudencio Pérez, Pedro Joaquín de Brito y Ledo, Pedro Nolasco del Valle, José Indalecio Salazar, Joaquín de Artachu y Toribio Salinas.  Faltaron de los confirmados en la delegación, el Prior de Santo Domingo, el Guardián de San Francisco y el Cura de Poroma.

 3.8  La revolución en crisis

 El retorno, desde Potosí, de algunos emigrados puso en alerta a Pedro Carbajal, Capitán de la Segunda de Granaderos, quien envió una comunicación al Comandante General, fechada el 14 de diciembre de 1809, manifestando la necesidad de reforzar la cantidad de soldados para una guardia más efectiva.  Álvarez de Arenales derivó el oficio a la Audiencia Gobernadora para que tomen una decisión al respecto. 

El ambiente revolucionario de Charcas había llegado a ser caótico.  La obra revolucionaria, sin un programa definido que llenar, dejaba más bien a la improvisación del momento, no podía solucionar los problemas que tanto en la ciudad revolucionaria y su intendencia, como en el resto del territorio del distrito, se iban planteando.  Además, la Audiencia Gobernadora, sufrió una escisión entre los oidores.  Por un lado Ballesteros, Ussoz y Mozi y López Andreu, y por el otro Gaspar Ramírez de Laredo (conocido como el Conde de San Xavier y Casa Laredo) y Campoblanco.  Estos últimos, los oidores disidentes, enviaron en sus oficios al Virrey, toda su posición respecto a lo acontecido el 25 de mayo.  Obviamente estaban en desacuerdo con muchas de las determinaciones de la Audiencia Gobernadora. 

Las Compañías militares comienzan a disolverse, como lo afirma el siguiente documento: 

M[uy] P[oderoso] S[eñor].  Con puntual y exacta observancia de la orden comunicada por el Señor Presidente Comandante General Don Vicente Nieto, mandada guardar y cumplir por V.A. acaba la Compañía de Granaderos Provinciales de mi mando, [de] entregar en la sala de ellas, las armas con que hacía el servicio de esta guarnición, retirándose del Cuartel los individuos que la componen a sus casas.  Como no pueden los Ministros de Real Hacienda proceder al ajuste del haber de dicha mi Compañía hasta el día, sin tener el documento que acredite el cese, se ha de servir V.A. mandar se les pase testimonio de este oficio y providencia se sirviese dictar.  Nuestro Señor guarde a V.A. muchos años.  Plata, 19 de diciembre de 1809.
José Joaquín Lemoine
.[25]


[24] Vicente Nieto a los diputados de La Plata. Campamento de Humaguaca, 25.11.1809. Ibídem.

4.  VICENTE NIETO LLEGA A CHUQUISACA 

La proximidad de Vicente Nieto originaba diferentes repercusiones en los habitantes de Chuquisaca.  Sus aliados se pronunciaban y le hacían conocer sus opiniones y sugerencias.  Tal es el caso del Brigadier arequipeño José Manuel de Goyeneche, que desde la ciudad de La Paz, donde había instalado su cuartel general, el 20 de diciembre de 1809 le escribió a Vicente Nieto insinuándole que debe tomar medidas ejemplares para que sean un antecedente.  También le comunicó que interceptaron una correspondencia que iba dirigida desde La Plata hacia la ciudad de La Paz, rotulado a Basilio Catacora, uno de los insurgentes promotores de la Junta Tuitiva paceña.  En dicho envío encontraron una copia del manuscrito anónimo “Diálogo de Atahuallpa y Fernando VII en los Campos Elíseos”.  Esto confirma que el documento, atribuido a Bernardo Monteagudo, fue redactado en la ciudad de La Plata.[25]

La inminente llegada de Nieto a La Plata suscitó la siguiente comunicación:  

Por haber pasado el oficio a esta Real Audiencia el Muy Ilustre Señor Presidente Don Vicente Nieto, de que el 23 del corriente estará en el pueblo real de Yotala para entrar al día siguiente en esta ciudad, se ha mandado por dicha Real Audiencia se pasen por mí, las correspondientes oficios a todos los cuerpos de esta Corte a fin de que quedando inteligenciados diputen sujetos que a nombre de ellos pasen a cumplimentar a su Señoría, los que deberán esta para el efecto en dicho pueblo la mañana del 24 del que rige.  Dios guíe a Vuestra Señoría muchos años. Plata, 23 de diciembre de 1809.[26] 

El 24 de diciembre llegó al pueblo de Yotala, donde fue recibido por una delegación eclesiástica y civil que lo acompañó en el ingreso a la ciudad de La Plata.  El pueblo, como ocurre siempre en estos casos, recibió al presidente con las mayores muestras de alegría y entre “aplausos y con la solemnidad del vecindario que es notoria”, según las palabras de Rodríguez Romano.

 4.1  Bandos de buen gobierno 

Una de las primeras actuaciones del presidente Nieto fue la destitución del Teniente Asesor de la Presidencia.  Mediante la promulgación de un Auto, el 3 de enero removió de su cargo a Rodríguez Romano, debido a que quedaba implicado en los sucesos de mayo.  En su lugar, fue nombrado asesor de su comisión don Felipe de Molina.[27]  Acto seguido hizo detener a Mariano Michel, pues tenía referencias de las actividades de Michel por los informes que le había enviado Goyeneche.  El 10 de enero de 1810, Vicente Nieto le escribió al Virrey Cisneros un oficio para comunicarle, entre otras cosas, que ya se había posesionado como gobernante de la Audiencia y de la Intendencia


[25] Lemoine a la Audiencia Gobernadora. La Plata, 19.12.1809 en  ABNB, Mss GRM 27, f. 129
[26]
Véase TORRES, Norberto Benjamín. Documentos de la Revolución del jueves 25 de mayo de 1809, 2ªedición, 2011
[27]
Ángel Mariano Toro al Deán y Cabildo Eclesiástico, La Plata, 23.12.1809 en  ABAS, AC, Correspondencia vol. 11, f. 269
[28]
Vicente Nieto a Ministros de la Real Hacienda. La Plata, 3.1.1810 en  ABNB, Mss GRM 164, f. 35

4.2  Arresto y detención de los revolucionarios 

El 11 de febrero de 1810 por la mañana se mandó detener a los ministros Rodríguez Romano, Juan Antonio Fernández, Ángel Gutiérrez, Aníbarro, Ángel Mariano Toro, Manuel y Jaime de Zudáñez, Joaquín y Manuel Lemoine, Corcuera, Álvarez de Arenales, Amaya, Miranda, Sivilat, así como el secuestro de sus papeles y el embargo de sus bienes.  Enterados de que serían detenidos, Corchera y Manuel Lemoine huyeron.  Álvarez de Arenales ya había marchado hacia Buenos Aires con libre pasaporte.  Sin embargo, igualmente fue detenido, sus papeles decomisados y sufrió el embargo de sus bienes.  El 12 de abril se publicó un decreto donde se mandaba detener a Buenaventura Salinas, Benito Alzérreca, Arce, Ponce y Cuellar, encargándose de todo al Alguacil Mayor de Corte. 

4.3  Las confesiones y el envío de prisioneros al Perú 

Vicente Nieto destituyó a Álvarez de Arenales de la Subdelegación de Yamparáez el 8 de mayo.[29]  Cumpliendo todo el procedimiento judicial, el presidente Nieto tomó declaración a los principales detenidos: Ussoz, Vázquez Ballesteros y el fiscal Miguel López Andreu.  El 23 de junio terminaron las confesiones.  Nieto publicó un auto donde indicaba que los interrogados deberían salir a cumplir sus destierros en el plazo de dos días.  Vicente Nieto comunica al virrey de Lima, don José Fernando de Abascal[30], según oficio fechado el 31 de julio de 1810, la salida de Rodríguez Romano a la villa de Tacna del gobierno de Arequipa, y el viaje hacia Lima bajo escolta de Jaime de Zudáñez, Marcos Miranda y el saboyano José Sivilat, mientras que el Dr. Manuel de Zudáñez se quedaba en la celda en La Plata, gravemente enfermo, sin fuerza y en el último aliento.  Para el transporte y subsistencia de Rodríguez Romano a Tacna se le asignó 50 pesos mensuales.  En el caso de Jaime Zudáñez, “absolutamente pobre” sin bienes y Miranda y Sivilat, tuvieron la asignación de seis pesos diarios para sus alimentos y estipendio. 

Según palabras de Vicente Nieto dirigidas al Virrey Abascal: “El oficial encargado de la partida es mi ayudante de órdenes y por lo mismo de mi satisfacción y confianza, lleva dieciséis soldados, un cabo, un sargento y la correspondiente instrucción para el percibo de los bagajes en su tránsito y su comportamiento en casos ocurrentes.”

 CONSIDERACIONES FINALES 

El 25 de mayo de 1809 es una fecha emblemática en la historia boliviana.  Lo que ocurrió aquel día forma parte de nuestra identidad y forma parte de una conciencia colectiva vinculada al patriotismo, y al legado común de una nación que siempre ha querido identificarse con el amor a la libertad.
 


[29] Vicente Nieto a Ministros de la Real Hacienda. La Plata, 8.5.1810 en  ABNB, Mss GRM 164, f. 36
[30]
En su afán de anexar más territorio a su jurisdicción virreinal, el Virrey Abascal publicó un bando el 13 de julio de 1810, agregando la provincia de Charcas y Córdoba del Tucumán al Virreinato del Perú. 

La nueva forma de gobierno que ellos propugnaban tenía un lógico fundamento jurídico que había que conocer.  Este no era otro que la desaparición del rey de España, con la consecuencia inmediata de su capacidad para la autodeterminación política.  Se había construido un gobierno revolucionario un año antes que el resto de América.  Esta será la gloria chuquisaqueña y de su revolución del 25 de mayo de 1809. 

La decisión de autogobierno en ausencia del monarca fue una expresión de patriotismo hispánico frente a una posible dominación extranjera, de manera que el término “independencia” se concebía en referencia a Francia y a los españoles simpatizantes con esta nación o con otras, como Portugal, que hubieran amenazado tradicionalmente los territorios de ultramar.  En la lectura del Acta de la Junta General celebrada en la Universidad con motivo de la recepción de los pliegos de la corte del Brasil, se detecta la argumentación con un silogismo netamente suarista (Tomado del “Pactum Translactionis”): 

“Mayor: el vasallaje americano es tributo debido no a España sino a la persona del legítimo rey de la dinastía de los Borbones. 

Menor: así que el legítimo y recién jurado rey de España, Don Fernando VII, señor natural, ha abdicado con toda su familia y ya no volverá. 

Consecuencia: por lo tanto, la monarquía está acéfala, el trono vacante, está extinta la autoridad soberana, el rey Bonaparte o cualquier otro que en España quiera darse es un usurpador no debe ser obedecido y las provincias Altas deben elegir su propio gobierno supremo, que será provisional siempre y cuando no sea evidente lo que se dice de la muerte del rey Don Fernando y se presente su legítimo sucesor al “señorío de estas Américas”. 

A fin de evitar que cada cabildo de otras urbes charqueñas asumiese la representación de su territorio urbano-rural y se constituyera en una unidad política autónoma, la Junta de La Plata desarrolló una estrategia de propaganda a la que le correspondieron dos acciones.  Por un lado, la Audiencia como gobierno autónomo de las cuatro intendencias - Chuquisaca, La Paz, Potosí y Cochabamba debía ejercer su autoridad.  El paso inicial de confirmación de la misma fue la notificación de lo sucedido a la Suprema Junta Central y al virrey, dando ello lugar a un conjunto de oficios y vistas entre éste, el intendente de Potosí y los oidores a través de los que quedaba subrayada la potestad del tribunal.

Por otro lado, la Audiencia determinó el envío de delegados a varias ciudades para que explicasen lo sucedido en la capital e informasen de su reasunción del mando político y militar y, así, lograr la adhesión de otras ciudades capaces de reasumir soberanía y evitar que los carlotistas comenzasen un movimiento reaccionario.  La Audiencia Gobernadora de Chuquisaca se había erguido como la alta autoridad del Virreinato.  Era el primer gobierno autónomo de Charcas en 1809. 

FUENTES

Archivo y Biblioteca Arquidiocesanos “Mons. Taborga” (ABAS)
Archivo Capitular, Correspondencias vol. 11

Archivo Histórico Nacional (AHN) Madrid, España
Consejos 21342, 1
Consejos 21342, 2
Estado 55, C.
Estado 57

Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (ABNB)
Mss GRM 27
Mss GRM 33
Mss GRM 46

Bibliografía

IRUROZQUI, Marta
2010 “El azar de la violencia. Juntismo, soberanía y represión en la audiencia de
Charcas, 1808-1810”, en Anuario del ABNB. Sucre.
JUST LLEÓ S.J., Estanislao
1994 Comienzo de la independencia en el Alto Perú: los sucesos de Chuquisaca, 1809. Imprenta Judicial. Sucre.
LOFSTROM, William
2009 “En pos del palacio perdido; las casas de la Real Audiencia de los Charcas”, en Anuario del ABNB, Sucre.
REVILLA ORIAS, Paola
2009 La autonomía revolucionaria de la Real Audiencia de Charcas hacia 1809:
cimientos de un Estado independiente. Ediciones F.C.B.C.B, Sucre.
ROCA, José Luis
1998 1809, La revolución de la Audiencia de Charcas en Chuquisaca y La Paz. Plural Editores, La Paz.
SOUX, María Luisa
2009 “El tema de la soberanía en el discurso de los movimientos juntistas de La Plata y La Paz en 1809”, en Revista UCB 22-23, pág. 18, La Paz.
TORRES, Norberto Benjamín
2011a Documentos de la revolución del jueves 25 de mayo de 1809. Segunda edición, Consejo Editorial U.S.F.X.CH. Sucre.
2001b Ramón García Pizarro (1738-1815). Su labor progresista en Guayaquil, Salta, San Ramón de la Nueva Orán y Chuquisaca. Sucre.
ZORROGUIETA, Mariano.
1872 Apuntes históricos de la Provincia de Salta en la época del coloniaje, Salta.