SOCIEDAD GEOGRÁFICA Y DE HISTORIA "SUCRE"


MAYO EN CHARCAS

Paola Revilla Orías[1]

Mientras hace algunos años los diferentes países de América del Sur se aprestaban a conmemorar el bicentenario de las revoluciones que abrieron camino a su independencia política en el siglo XIX, en Bolivia, los ánimos se mostraban profundamente divididos. Imperó en los festejos una lógica tendenciosamente localista por demás problemática para la comprensión cabal de los hechos y de los móviles, convicciones y pasiones profundas que alentaron a los revolucionarios de 1809.

Me encontraba por aquel entonces en Sucre afinando una investigación que comencé el año 2006 sobre el fenómeno revolucionario gestado en Charcas, tema que había escogido para la tesis de licenciatura. Llegué de Europa donde había estado viviendo y estudiando varios años, ansiosa por hundirme en el placer de la pesquisa de archivo. Recuerdo que Marcela Inch, entonces Directora del Archivo y Bibliotecas Nacionales de Bolivia, y Mario Linares, custodio de la Casa de la Libertad que resguarda importante material documental de la Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre”, me recibieron muy amablemente, y a esa apertura e interés por apoyar la investigación es que se debe el fruto de la misma, publicado el año 2010: La autonomía revolucionaria de la Real Audiencia de Charcas. Cimientos de un Estado independiente.

En un inicio, algunos investigadores me alentaban en el proyecto mientras otros me habían dicho que el que escogí era un tema sobre el que habían pocas cosas más que decir, pocas fuentes nuevas que dar a conocer, que había sido ya “muy trabajado”. Quise comprobarlo. Al poco tiempo, mi experiencia de trabajo en archivo me hizo notar que más allá de la bibliografía secundaria tradicional, la documentación dejaba ver claramente que este proceso reformista y revolucionario había sido ajeno a cualquier división localista. Me di entonces cuenta que la lectura errada era intencional, era un problema de interpretación y que provenía de discursos académicos posteriores que se habían ido repitiendo y que nos dividieron durante décadas.

Fue entonces, en medio de estas reflexiones, cuando conocí en la sala del Archivo Nacional al doctor José Luis Roca García. Por aquel entonces todavía no había sido publicado su libro Ni con Lima ni con Buenos Aires, pero su notable producción en torno a la revolución de 1809 en Charcas había atrapado mi interés por sus sólidas y tan críticas reflexiones respaldadas por una vasta documentación revisada en diferentes archivos del mundo. Me presenté con los nervios y la ansiedad de cualquier joven estudiante egresada de historia; cargada de preguntas y entre temerosa y contenta le fui contando mis experiencias en archivo y mis conflictos con la bibliografía de postura más regionalista. El doctor Roca, cálido y ameno, comprendió mis cuitas y me instó a hacer una lectura del fenómeno revolucionario en Charcas en tanto proceso de conjunto, considerando la larga etapa previa de propuestas y voluntades reformistas de todos los sectores, así como las rencillas  particulares de las autoridades charqueñas con las sedes virreinales.  A partir de ese momento, José Luis se convirtió en un maestro y un amigo entrañable que no solo se dio el tiempo desinteresado de leer varias veces el manuscrito final de la tesis que yo le hacía llegar hasta Santa Cruz, La Paz o donde él estuviese, sino que quiso hacer el prólogo del libro


[1] Candidata a Doctora en Historia. Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile. Este texto fue leído el 21 de mayo de 2012 en la Biblioteca Pública Gunnar Mendoza, en Sucre, con motivo del “Coloquio sobre el 25 de Mayo de 1809. Libros a debate” organizado por el ABNB.

Lamentablemente, la noticia súbita del quebranto de su salud impidió que el proyecto se concretara, así como tampoco vio el día aquella intención de encontrarnos para tomar otro trimate y seguir “conflagrando” sobre la revolución.  El tiempo pasó y con el apoyo de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, de la que fui becaria, salió La autonomía revolucionaria.(2010), libro sobre cuya gestación y contenido les refiero hoy y que me mueve a recordar a personas de la talla del doctor José Luis Roca, cuya grandeza descubrí en su disposición desinteresada y feliz de escuchar a los jóvenes investigadores y de apoyar las lecturas críticas de la historia política más tradicional, tal cual nos la cuentan desde la escuela[2].  

Nuestro país, regiones, ciudades, comunidades no necesitan más banderas ni monumentos, somos cada uno de nosotros, actores sociales vivos, quienes necesitamos conocernos mejor, dar cuerpo a ideales renovados y ánimos suficientes para llevar adelante cambios que nazcan de la intuición de que generándolos, la vida en conjunto será mejor, para todos.  Un primer paso, reitero, es la lectura y escritura renovada de la historia oficial.  Una historia capaz de presentar a todos sus participantes, con sus preocupaciones, intereses, anhelos y propuestas.  En este sentido, el análisis de la complejidad del fenómeno revolucionario charqueño amerita aún nuevas lecturas desde el enfoque de la historia política, pero también de la historia social y cultural, para entender la pluralidad de este largo proceso reformista y revolucionario dentro de un contexto que desborda las fronteras de 1809. 

Tengo la intención de hacer ver la urgencia de una lectura renovada de los hechos que llevaron a la revolución en Charcas -entiéndase todo el conjunto de la jurisdicción colonial- una conceptualización que no se limite a motivar un desfile cívico con uniforme de gala obligatorio, pero que sea capaz de reconocer y transmitir el ímpetu revolucionario que condujo a todos los habitantes de Charcas a pronunciarse por su derecho a un mejor gobierno y a luchar  por la independencia política de España.  

Es necesario antes que nada ceñirse a un contexto específico y entender que a fines de la Colonia el intercambio de ideas reformistas y revolucionarias entre Chuquisaca y La Paz no sólo era bastante fluido, sino que extendía sus ramas por todo el conjunto de Charcas, así como por varios puntos del resto del Continente.  Ahora bien, ¿Por qué Chuquisaca fue la primera en alzarse?  Pongamos en evidencia datos concretos, algunos más conocidos que otros.   

La historia no puede entenderse a partir de rupturas drásticas.  Debemos aproximarnos a ella haciendo análisis de largos procesos de acomodo de relaciones de poder a todo nivel. 

Si seguimos esta afirmación en una visión diacrónica del escenario charqueño, notamos que para fines del siglo XVIII todos los estamentos coloniales tenían fuertes quejas contra el gobierno hispano, que permitía innumerables abusos de las autoridades delegadas.  La insatisfacción se había dejado escuchar en indígenas, mestizos y criollos americanos desde muy temprano y desembocó no pocas veces en conflictos armados.


[2] REVILLA ORIAS, Paola Andrea. La autonomía revolucionaria de la Real Audiencia de Charcas: cimientos de un Estado independiente, Sucre: FCBCB/Casa de la Libertad/ABNB, pp. 357. ISBN: 978-99905-951-7-8.

Como sabemos, por varias razones de orden estratégico, desde el periodo Colonial la Villa de La Plata se conformó en centro de acción de una vasta zona.  Además de ser sede del Arzobispado y albergar la única Universidad de la zona, se constituyó en asiento del núcleo mismo de poder jurídico y administrativo de todo el conjunto de Charcas.  El grupo de mestizos y criollos revolucionarios de inicios del siglo XIX -conformado por estudiantes naturales de Chuquisaca, La Paz, Cochabamba, Tucumán, entre otras latitudes, en su mayoría formados en San Francisco Xavier- comprendía que atentar directamente contra las autoridades e instituciones constituidas, particularmente contra la Real Audiencia que gozaba de siglos de legitimidad ante la población, en tanto imagen simbólica del propio Monarca español, podía significar el suicidio de toda la causa revolucionaria.   

La que se dio en llamar minoría revolucionaria de Charcas no es un grupo particular salido de la nada con una bandera, se trata de personas de origen americano pero también peninsulares de larga residencia en Charcas, con distintos credos políticos, que se habían ido infiltrando con cautela hacía varios años en puestos importantes dentro de la Audiencia, del Cabildo y de la Universidad chuquisaqueña, desde donde actuaban y ampliaban sus redes de contactos en otras latitudes.  Tenían algo en común entre ellos y con el resto de la población, la profunda insatisfacción ante las arbitrariedades de los delegados de la Corona hispana, particularmente contras las autoridades virreinales.  

Llegado 1809 y el clima favorable dentro del contexto internacional, Chuquisaca y más tarde La Paz a ejemplo de la primera, no dudaron en levantarse en nombre del Rey, en contra del mal gobierno y en favor de la autodeterminación.  Se trata del famoso y documentado “mal ejemplo” de La Plata, cuyo “efecto dominó” dentro y fuera de Charcas es reiterado en varios legajos oficiales de autoridades preocupadas por los sucesos que había acarreado el levantamiento del 25 de mayo.  Pedro Domingo Murillo refiere este hecho en su declaración de 1810 ante las autoridades realistas[3] La Plata sembró entonces con su pronunciamiento una semilla revolucionaria en el Continente, pero además, el hecho de que la Audiencia Gobernadora, instalada al calor del clamor popular, saque a relucir su capacidad de gobierno autónomo en relación a Lima y a Buenos Aires, mostró que los cimientos del Estado independiente estaban hacía tiempo edificados.  Documentación que respalda estas afirmaciones son, por ejemplo, las interesantísimas como poco estudiadas Vistas del Fiscal Miguel López Andréu emanadas durante los meses que gestionó la Gobernadora.

En efecto, inmediatamente después del levantamiento del 25 de mayo, la Audiencia Gobernadora en Chuquisaca asumió las riendas del gobierno, argumentando que si el Rey estaba cautivo ella estaba en su derecho para manejarse a sí misma como hacían las  provincias españolas.  La Audiencia trabajó en este escenario político –completamente legítimo para la época- por cerca de siete meses, afianzando una sólida estructura sobre la cual se apoyó la minoría revolucionaria para extender sus redes en el resto de Charcas y de varias partes del Continente.  Los emisarios de la Audiencia Gobernadora son en este sentido prueba fehaciente del dinamismo revolucionario que caracterizó a Chuquisaca.


[1] Declaraciones preventivas sobre la insurrección y levantamiento causado por Pedro D. Murillo, etc.”. En: ACLS: ASGHS, Ms. Nr. 0163, fs. 2-3.

Ahora bien, nos parece importante aclarar que cuando se levantó La Paz el 16 de julio, el Tribunal de la Audiencia Gobernadora de Charcas, lejos de censurar el comportamiento, garantizó y promovió el desarrollo de los hechos revolucionarios ordenando a los intendentes potosino y cochabambino –con el peso y legitimidad que solo su autoridad tenía- frenar sus ímpetus y no intervenir con sus tropas.  Lo que es más, después del 16 de julio, los representantes de los revolucionarios de La Paz fueron muy bien recibidos a su llegada a Chuquisaca por los representantes de la Audiencia Gobernadora.  El mismo Virrey del Perú José de Abascal, dejaría constancia documental de la que llamó: “[...] complicidad de los Ministros de La Plata para conmover como ella a la de La Paz [. . .]” añadiendo que: “[. . .] se protegían en el Tribunal los atentados que se ejecutaban en todas partes [. . .] fomentando la insubordinación de los súbditos”[4].  Esta es clara prueba de que estamos frente a un mismo fenómeno revolucionario largamente meditado por la minoría revolucionaria charqueña que quiso incendiar con la idea subversiva chuquisaqueña otros puntos de Charcas y del Continente.  

Sin ánimos de extenderme más de la cuenta, habiendo compartido esta breve reflexión y algunos datos que buscan despertar la curiosidad de los investigadores, particularmente de los más jóvenes, los invito al desafío de recordar este complejo fenómeno reformista y revolucionario engendrado en Chuquisaca como lo que fue, un largo proceso que replanteó la relación política entre Charcas y España, y que cuajó en la declaración de independencia del Estado boliviano.  Los invito a rechazar estudios e interpretaciones académicas de autores cuya visión histórica salga del miope enfoque localista, regionalista.  Pregúntense en qué medida aquellos ideales fueron realmente llevados a la práctica, qué tipo de nación se construyó, con qué objetivos, y por qué hoy nos replanteamos las bases de su constitución.  Las posibles respuestas serán reveladoras mientras se estudien desde una mirada amplia y crítica.  Sería una lástima que el interés que hoy por hoy suscita la conmemoración del Bicentenario en Bolivia tienda a seguir dividiendo arbitrariamente lo que en aquel entonces fue un sueño común de autonomía y libertad en Charcas.


[4] Relación del Excmo Señor Virrey del Perú D. José Abascal y Sousa, […] a su sucesor el Excmo Señor D. Joaquín de la Pezuela, año de 1816”. En: ABNB: M 1139, p. 152-153.