Ramiro Prudencio Lizón

Este mes se conmemora el bicentenario de la gran revolución del 25 de mayo de 1809, en Chuquisaca; acción que no sólo fue la cuna del movimiento libertario de toda Hispanoamérica, sino que además aportó el alegato jurídico que justificó dicha emancipación.
Cabe señalar que últimamente se ha producido en el país una absurda controversia sobre cuál hubiese sido el verdadero “primer grito” de la independencia americana: si el acontecimiento producido ese 25 de mayo en la ciudad de La Plata, hoy Sucre, o la revolución efectuada en La Paz, dos meses después, el 16 de julio del mismo año.
Como muy bien dice el ilustre historiador, don José Luis Roca, “lo ocurrido en ambas ciudades, aunque con manifestaciones distintas, no fue sino la manifestación de un mismo fenómeno”. Y así se lo debe interpretar en efecto, ya que el levantamiento paceño no fue sino un complemento del chuquisaqueño. Además, es importante destacar que los dos se produjeron en nombre del rey Fernando VII y dando mueras al mal gobierno local; y que el presbítero Mercado y el doctor Michel fueron comisionados por los revolucionarios de La Plata para propagar la revolución en La Paz
 

La diferencia entre uno y otro movimiento revolucionario es que el primero, el de La Plata, se mantuvo con “careta”, al decir de René Moreno, ya que durante todos los meses que actuó autónomamente, siempre lo hizo en nombre del rey. Mientras que el de La Paz, se llegó a sacar la “careta” y desembozadamente declaró, en la segunda proclama de la Junta Tuitiva, que rompía todo lazo con el monarca y con España.

¿Cuáles fueron los motivos que determinaron los sucesos producidos en La Plata ese 25 de mayo, que dio lugar a la deposición del Presidente de la Audiencia, don Ramón García Pizarro, y a la designación de la primera autoridad elegida autónomamente en el Alto Perú y en todo el continente latinoamericano?

Esa trascendental sublevación charquina no fue fruto de las disidencias entre oidores y el Presidente de la Audiencia, sino que tenía raíces muy profundas, como lo investigó nuestro gran historiador, don Gabriel René Moreno. Precisamente, él sostiene que ese levantamiento estaba asentado en sólidos argumentos filosófico-jurídicos, los mismos que resumió en el llamado “silogismo altoperuano”.
Como todo silogismo, éste estaba constituido de dos premisas y una conclusión. Premisa Mayor: el vasallaje colonial es atributo debido no a España sino a la persona del legítimo rey borbónico de España. Premisa Menor: nuestro legítimo y recién jurado rey Fernando VII abdicó junto con toda su familia borbónica de España.
Conclusión: la monarquía está legal y definitivamente acéfala por vacancia del trono. Debe ser desobedecido el rey Bonaparte o cualquier otro que España quiera darse. Deben cesar en sus funciones los actuales delegados y mandatarios de la extinta autoridad soberana, y deben en este caso proveer por sí mismas las Provincias Altas a su propio gobierno supremo.

La razón primordial de que el fundamento filosófico-jurídico de la insurrección americana surgiese en La Plata, hoy Sucre, se debió al extraordinario desarrollo de la célebre Universidad de San Francisco Xavier, a donde se iba a estudiar desde Buenos Aires e incluso Lima. Por ello, en La Plata se conjuntaron las personalidades más destacadas de todo el Virreinato de Buenos Aires, como los hermanos Zudáñez, Mariano Moreno, Juan José Castelli, Bernardo Monteagudo, Mariano Serrano, Antonio Medina y muchos otros. Esta intelectualidad no sólo planteó la justificación de la independencia hispanoamericana sino que fue, asimismo, la que inició esa rebelión del 25 de mayo de 1809; luego continuó su obra con la revolución del 16 de julio en La Paz y, posteriormente, con la de Buenos Aires, el 25 de mayo del año siguiente.

El silogismo altoperuano fue pues la doctrina que cimentó legalmente la emancipación americana y es un auténtico honor de Charcas. Como comenta don Roberto Prudencio, “si la gloria de Chuquisaca es haber concebido dicho silogismo, la del historiador René Moreno fue haberlo dado a conocer al continente, probando así que no sólo el primer Grito de Independencia surgió en el Alto Perú, sino también la doctrina jurídica que le sirvió de base”.