Paola Revilla Orías
La autora es historiadora boliviana
Ginebra, 25 de mayo de 2006


Los hechos que motivaron el levantamiento del 25 de mayo de 1809 en la ciudad de La Plata, Sede de la Real Audiencia de Charcas, han merecido a lo largo de los años la atención de varios estudiosos que abordaron desde diversas ópticas esta insurrección popular por demás significativa para la historia boliviana e hispanoamericana (1).

No obstante, es necesario considerar que la historiografía boliviana durante el siglo XIX, y gran parte del siglo XX, adoleció de cierta tendencia a la idealización de los hechos, presentando una sucesión de incidentes que conducían inexorablemente a la independencia. Así, la historia se llenó de héroes-precursores de un destino, alimentando discursos de tinte nacionalista sobre una época en la que ni siquiera se habían dibujado las fronteras de los actuales países hispanoamericanos, y mucho menos se había elaborado su imaginario nacional. Esta lógica suele mostrar a los Estados-nación como algo ya dado sin considerar la organización política colonial, por ende no abarca la historia en su real dimensión, y mucho menos los factores coyunturales de un fenómeno revolucionario que Gunnar Mendoza llamó "una experiencia colectiva americana"(2).

En efecto, teniendo en cuenta que la jurisdicción de la Real Audiencia de Charcas llegó a extenderse desde el Cuzco por el Norte, hasta Buenos Aires por el Sur (con Tucumán y Paraguay incluidos) y desde las Costas del Pacífico (con el desierto de Atacama, por el Oeste) hasta las del Atlántico (Estuario del Río Plata, y la frontera con el Brasil por el Este), es posible afirmar como Charles Arnade que: "[…]

En Sudamérica no hubo otro organismo que ejerciera tanto poder sobre tanta tierra […]"(3). Consecuentemente, La Plata, núcleo de la dinámica de movimientos políticos, económicos, sociales y culturales de la vida charqueña, influyó en los destinos de varios de los actuales países de América del Sur: Argentina, Chile, Ecuador, Paraguay y Perú. Además, a fines de la Colonia, el conjunto charqueño era una zona geográficamente diferenciada, fluctuante entre dos fuerzas virreinales –Perú y Río de La Plata– con una posición estratégica para el comercio de la época, económicamente privilegiada, constituyendose así en un lugar apto para consolidar una entidad autónoma. Es más, su núcleo, La Plata, se había erigido desde muy temprano prácticamente en una pequeña Corte, ya que albergaba una estructura político-administrativa propia –la Real Audiencia–, eclesiástica –el Arzobispado– e intelectual –la Universidad–, cada una de muy alto rango y bien dispuesta para atender las necesidades del conjunto. Los Ministros de la Audiencia se habían mostrado particularmente conscientes de los intereses de su jurisdicción, pugnando por alcanzar mayores prerrogativas de autogestión(4).

Lo que refleja el desarrollo de cierta consciencia de pertenencia a un destino común.Por otro lado, a fines del siglo XVIII se percibe en Charcas un dinámico proceso de americanización de la composición de los órganos administrativos y de las milicias urbanas. En el plano comercial, a principios del siglo XIX España era ya incapaz de impedir que los charqueños con capital y medios de transporte comerciaran con el resto del mundo. Los frenos que intentaba imponer Cádiz sólo envilecían más las relaciones.

Los escritos del Fiscal de Charcas Victorián de Villava (1747-1802) (5) son prueba fehaciente del estado de descontento y de las ansias legítimas de vindicación de los americanos –tanto criollos y mestizos desahuciados en sus aspiraciones, como indios y negros explotados-, quienes abogaron legalmente durante años por la reforma de un Gobierno contra el que poco después se levantarían. El rechazo de la vieja Escolástica dentro de las aulas de la Universidad de San Francisco Xavier y en la Academia Carolina, en el siglo XVIII, refleja las ansias de rebelión a lo que se vivía como un sometimiento filosófico (6).

La necesidad erudita de abordar diferentes asuntos del saber desde nuevas perspectivas, motivó a muchos letrados en Chuquisaca a transgredir los límites de la censura de la época. La existencia y circulación de libros con doctrinas vedadas de la Ilustración en La Plata a fines de la Colonia nos da una idea de la savia que nutrió a la minoría intelectual de la ciudad donde se elaboró la pedagogía revolucionaria de Charcas (7).

No obstante, hay que aclarar que las armas legales de las que se valieron los doctores charqueños para justificar la resistencia al mal gobierno, las encontraron en la misma tradición filosófico-política –Santo Tomás de Aquino, Francisco Suárez- estudiada en San Francisco Xavier. El contenido de los pasquines anónimos que circulaban en la época es otra muestra del sentir del momento. A diferencia del discurso oficial, los papeles anónimos defendían sin tapujos el derecho al autogobierno, y en muchos casos llamaron directamente a tomar las armas en pos de la emancipación continental (8).

Las mismas tertulias entre amigos en La Plata se habían convertido en verdaderas reuniones de compañeros de filosofía, en las que se criticaban los vicios del mal gobierno, y donde con el tiempo se empezaron a tramar verdaderas conspiraciones contra algunas autoridades(9).
Los últimos sucesos en España significaron la coyuntura propicia para consolidar a nombre de Fernando VII el cautivo, anhelos largamente meditados de un gobierno propio. Los mismos revolucionarios vieron en esta salida fidelista una buena forma de evitar el desmoronamiento violento de sus planes mientras ampliaban sus redes en el resto del Continente. Hay que puntualizar que las providencias tomadas por la Audiencia Gobernadora durante los siete meses de su gestión en La Plata tuvieron un marcado carácter autonomista, ya que sus autoridades se alzaron incluso ante el Virrey, pretendiendo gobernar sólo ante Dios y el Monarca. Debemos pues tener presente que el pronunciamiento por la autogestión no implicaba necesariamente en un primer momento la separación de la Metrópoli, sino para una reducida minoría revolucionaria. Es decir que no se puede hablar de una ruptura drástica en el paso de la Colonia a la Independencia en Charcas, sino más bien de un proceso de transición progresiva con varios puntos de continuidad. De cualquier forma, no cabe duda de que el movimiento autonomista pre-emancipatorio iniciado en la Audiencia de Charcas era un síntoma claro de que el orden colonial había llegado a su fin, y de que dicho territorio quería "pertenecerse exclusivamente a sí mismo". Poco a poco se habían ido consolidando las posibilidades materiales y espirituales que cuajaron en la revolución de 1809, cuyo primer grito ha dado mucho de que hablar, aunque lo más interesante es sin duda identificar –más allá de los nocivos regionalismos– la voz o voces de las que emanó, y el alcance de su eco. En efecto, la visión de una América libre y sin fronteras llevó a varios revolucionarios de Charcas (chuquisaqueños, paceños, cochabambinos, etc.) gestores de la lucha por la emancipación, a trasladarse de un lugar a otro del Continente, donde tenían establecidos sus contactos (10), para propagar aquella visión premonitoria. El pronunciamiento por el derecho al autogobierno en La Plata fue en ese sentido una hábil salida política reformista y revolucionaria, cuyo ejemplo y principales actores sentaron en mayo de 1809 las bases legales de la emancipación americana.

Notas de referencia
(1) Pensemos por ejemplo en los trabajos de Gabriel René Moreno y de Valentín Abecia Baldivieso. Entre los aportes actuales más sobresalientes encontramos los de Estanislao Just Lléo y José Luis Roca.
(2)Cfr. GUNNAR MENDOZA, en: Revista de la Universidad de San Francisco Xavier, t. XX, nrs. 47-48, años 1956-1957, Ed. Imprenta Universitaria, Sucre, pp. 14-15.
(3) Cfr. ARNADE W. Charles, La Dramática insurgencia de Bolivia, Ed. Juventud, 5ta ed., La Paz, 1999, p.13.
(4)Cfr. "Informe de la Audiencia de Charcas a S. M, de 19 de octubre de 1809", trans. AHN: leg. 21 271, f. 13, en: ABNB: AGML, f. 76c. Aquí el Fiscal Miguel López Andreu -durante el Gobierno de la Audiencia sublevada el 25 de mayo-, expone una serie de razones para el desmembramiento de Charcas de la cabeza del Virreinato, subrayando los rasgos particulares de su territorio y las facultades de autogobierno.
(5)Cfr. "Proyecto político de reforma del Gobierno de España" (1797), "Discurso sobre la Mita en Potosí" (1793).
(6)Cfr. "Diálogo entre Don José de Alcalá, y el Procurador Patricio Malavia, etc.", en: ABNB: Mss GRM 19.
(7)El ABNB guarda algunos inventarios de aquellas bibliotecas, en los que figura la obra de Locke, Bossuet, Grocio, Pufendorf, Montesquieu, Calvino, Mariana y Suárez entre otros. Hace poco encontré en Sucre un ejemplar del s. XVI del Nuevo Testamento traducido por Erasmo de Rotterdam con tachaduras de la Inquisición.
(8)Uno de los más conocidos es el "Diálogo entre Atahuallpa y Fernando VII".
(9)Ver por ejemplo la "Representación de Dn Manuel Antonio Tardío ante el Virrey en agosto de 1809", en: ABNB: Mss GRM 164.
(10)Buena parte de los revolucionarios de la época se movía entre Charcas y las Provincias del Río de La Plata. Existió también comunicación fluida por aquellos años entre el charqueño Juan Larrea Rodríguez Quiroga, líder del movimiento juntista de Quito y los hermanos Zudáñez y Lanza. Las conexiones entre movimientos esperan nuevas y útiles investigaciones.