BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA Y DE HISTORIA "SUCRE"

Año 1 - Sucre, 31 de enero de 1898 - Tomo I - N° 1

Editorial "Al comenzar" por Agustín Iturricha

La ventajosa tarea de suministrar datos a la geografía nacional, incumbe no solo a las asociaciones encargadas de estudios especiales, sino a todo ciudadano que desee dar a conocer su país a las naciones extranjeras, para atraer la atención no solo de los industriales hacia las profundas riquezas guardadas en bosques y extensas selvas, desiertas é inexploradas, mas también de los científicos, que encontraran considerable material para sus investigaciones.

A este propósito responde la creación del "Boletín Geográfico", que publicará además de los trabajos de la Sociedad Geográfica Sucre, los de los particulares, los que ofrezcan contingente grande o pequeño para el conocimiento de nuestro territorio. Y en este orden debe haber mucho bueno, que se ha guardado en los archivos de las bibliotecas privadas, a causa de que los estudios de ese género no han llamado bastante la atención de nuestro público, sobrado entusiasta con la acre polémica de los políticos, a quienes se ha concedido más favores que a las investigaciones provechosas, cuya fuerza de edificación se demostrará en las construcciones destinadas a cimentar el porvenir.

No solo el estudio de la Geográfica constituye el Objetivo de la "Sociedad Geográfica Sucre".La historia nacional es otro de los propósitos de su instituto. Las columnas del Boletín registrará documentos inéditos, monografías especiales, biografías de nuestros hombres notable y estudios críticos acerca de los pocos libros publicados por la prensa nacional en materia de historia patria.

Grande ventaja nos llevan nuestros vecinos en este orden. En todas partes los hombres públicos se afanan por acopiar los elementos que constaten los anales de las ciudades, enriqueciendo los archivos que guardan la tradición histórica y fomentando el estudio serio de las nacionalidades en el conjunto complejo de su vida política, literaria y artística, industrial y científica. Solo entre nosotros acontece que las colecciones mejor organizadas en las bibliotecas públicas, desaparecen por la avidez de algunos bibliófilos, cuyos afanes a la postre, sirven para enriquecer los museos de historia del extranjero, a cuyas manos han ido a parar aquellas, por la incuria de nuestros Gobiernos. Por eso se exhibe y se conoce mejor la historia de Bolivia en el exterior que en Bolivia misma.

Y a este despilfarro de las fuentes de nuestra historia ha contribuido de una manera asombrosa, la vida nómada de nuestros Gobiernos, que no solo han dispersado los archivos, sino que los han destruido por completo. También los frecuentes trastornos causados por lo motines de cuartel, han dado presa fácil a los soldados, que han convertido los documentos oficiales, guardados en los archivos ministeriales, en combustible de las hogueras encendidas para calentar porfiadas orgías, o para hacer taco de los tiros de fusil. Si hoy se quisiese recoger la tradición histórica en los archivos, podríamos encontrar documentos que suministrasen datos apenas desde la época en que reside el Gobierno en la Capital de la República, es decir, desde mediados del año 1894. Por eso, el patriotismo aconseja la fijación del domicilio de los Gobiernos, no solo como medida de alta política, conciliando las exigencias de la administración con el ahorro de las rentas fiscales que se derrochan en cada viaje, sino también como homenaje al decoro nacional, expuesto a la vergüenza ante la consideración de los diplomáticos, que no siguen de buen grado los humorísticos paseos, de estéril resultado para el servicio público.

La afición a los estudios serios, toma cuerpo desde hace algunos años. La conservación de la paz a todo trance, consolidando nuestras conquistas en el campo de las instituciones y de las ciencias, proporcionará también la inestimable ventaja de habituar a nuestros hombres al trabajo, y nos llevará por senda segura hacia más amplios derroteros de prosperidad y engrandecimiento. Y el olvido de los disturbios intestinos, aproximando a los ciudadanos en una labor común de patriotismo, levantará grande a nuestra nación, combatida por cruentos infortunios.

La verdad es que no solo los que carecen de ideales políticos y sociales, los faltos del hábito de trabajo, buscan en las revoluciones el aliento que ha de darles sustento, envolviendo la ruina en todos los afanes de la previsión y de la laboriosidad.

Busquemos en la paz la inspiración del porvenir.